El repliegue de EE.UU. en Siria deja las manos libres a Rusia, Irán y Turquía

Todos los milicianos kurdos acabarán enterrados en las zanjas, amenaza Ankara

EFE

Redacción / La Voz

El sorprendente cambio de estrategia de Estados Unidos en Siria con la retirada de 2.000 soldados tiene importantes consecuencias geopolíticas en el avispero de Oriente Medio. La pregunta es: ¿quién gana y quién pierde con su repliegue? Las reacciones de este jueves desvelan gran parte de la respuesta. La decisión de Donald Trump ha sido recibida con miedo por Israel, como una traición por las milicias kurdas y con críticas e incredulidad por sus aliados en la lucha contra el Estado Islámico (EI). Al contrario que Rusia, Turquía e Irán, que ahora tienen las manos libres para imponer sus intereses.  

¿Cuál es el argumento de Donald Trump?

El presidente aseguró que se va tras la victoria sobre el EI. Ayer recapituló y escribió en Twitter que su país no quiere ser el «policía de Oriente Medio» a cambio de nada. Y sugiere que esa lucha le corresponde a «Rusia, Irán, Siria y otros», que ahora tendrán «que enfrentarse al Estados Islámico y a otros, a quienes odian, sin nosotros». Un argumento ingenuo y autocomplaciente. La presencia de EE. UU. en Siria era clave para frenar la influencia de Rusia e Irán, sin cuyo apoyo Bachar al Asad nunca hubiera ganado la guerra. Y como no podía ser de otra forma uno de los respaldos al repliegue vino del jefe del Kremlin: «Donald tiene razón. Estoy de acuerdo con él». «Hemos dado golpes serios al EI en Siria», declaró Putin. Mientras, el turco Recep Tayyip Erdogan y el iraní Hasán Rohaní trazaban en una reunión en Ankara el futuro sirio. Charles Lister, investigador del Middle East Institute de Washington, cree que la decisión de retirarse de Siria es «otra evidencia más de la peligrosa imprevisibilidad del presidente estadounidense».  

¿Israel va a tomar alguna medida de seguridad?

Avigdor Lieberman, el ultranacionalista israelí que dimitió hace un mes como ministro de Defensa, advirtió que la retirada estadounidenses aumenta significativamente la posibilidad de una guerra abierta entre Israel y las fuerzas proiraníes tanto en el Líbano como en Siria. Para aplacar la alarma, el primer ministro, Benjamin Netanyahu, aseguró que tiene el apoyo y respaldo de Trump ante cualquier agresión iraní.  

¿Es una oportunidad para el Estado Islámico?

Berlín, París y Londres así lo creen, ya que consideran, al contrario que Trump, que los yihadistas del califato son un peligro todavía. «Incluso sin territorio, Daesh [acrónimo en árabe del Estado Islámico] sigue siendo una amenaza», afirmó el Gobierno de May. «Si hemos aprendido algo en estos años es que garantizar la derrota de un grupo como el Estado Islámico significa que no puedes solo vencerle en su espacio territorial y después irte», dijo Brett H. McGurk, encargado de la coalición en el mandato de Obama. Francia y el Reino Unido, que no fueron informados previamente de las intenciones de Trump, ya han confirmado que continuarán las operaciones contra el EI, después de que la Casa Blanca anunciara ayer que el repliegue también implicará el cese de los ataques aéreos.  

La duración de la guerra en Siria supera ya los siete años y medio. La mitad de los niños solo conoce un país en conflicto
La duración de la guerra en Siria supera ya los siete años y medio. La mitad de los niños solo conoce un país en conflicto OMAR SANADIKI

¿En qué posición quedan ahora los kurdos?

Son los más perjudicados por la retirada estadounidense, al quedar expuestos a la anunciada ofensiva de Turquía y obligados a cooperar con el régimen de Al Asad para subsistir en la Siria de posguerra. Pero sobre todo las YPG, columna vertebral de la coalición kurdoárabe que derrota al califato en Raqa, se sienten traicionados. Washington los deja tirados después de ser sus aliados más fieles en el combate a los yihadistas. Ankara considera al YPG un grupo terrorista y están dispuesto a acabar con su región autónoma de Rojava, creada en estos cuatro años de guerra. «Pueden cavar túneles o zanjas si lo desean; cuando llegue el momento oportuno serán enterrados en esas zanjas que han cavado», amenazó el ministro de Defensa turco, Hulusi Akar.

El jefe del Pentágono, en la cuerda floja tras la retirada

Media docena de senadores republicanos entregaron el miércoles una carta a Donald Trump suplicándole que dé marcha atrás en la «prematura» decisión de retirar las tropas estadounidenses de Siria, que «renovará y envalentonará los esfuerzos del Estado Islámico». El intempestivo mandatario lo decidió en contra de la opinión de sus asesores durante una pequeña reunión en la que ni siquiera participó el jefe del Estado Mayor, general Joseph Dunford.

De todos los que se quedaron con cara de tontos después de que un tuit se lo revelase al mundo destaca el general James Mattis, al que no se ha visto desde entonces en público. La irrelevancia a la que ha quedado reducido el jefe del Pentágono en una presidencia cada vez más autocrática se ha agudizado en el último mes con esta y otras decisiones. Su candidato para sustituir a Dunford como jefe del Estado Mayor se quedó en la cuneta cuando Trump le impuso hace dos semanas al jefe de gabinete del Ejército, el general Mark Milley, otro atorrante que ha amenazado públicamente a Corea del Norte.

Ni John Bolton, el halcón preferido del mandatario, aprobaba la retirada de tropas de Siria porque dejará espacio a Irán, la bestia negra del Consejero de Seguridad Nacional. Mattis advirtió que sin presencia estadounidenses «aumentará el caos en la región», recogió The Washington Post. EE. UU. verá dañada su reputación para futuras alianzas al «traicionar» a los kurdos «que han dado su sangre por los estadounidenses», tuiteó el excandidato presidencial y padre de la portavoz de la Casa Blanca, Mike Huckabee. La llamada de Recep Tayyip Erdogan el viernes pasado advirtiendo de una inminente ofensiva contra ellos parece haber sido decisiva. El presidente turco ha convencido a Trump de que tiene que encargarse de estos «terroristas» sin miedo a causar bajas entre las tropas estadounidenses, con las que trabajan. «Esto es una mancha en el honor de EE. UU.», lamentó el senador Lindsey Graham, miembro del Comité de Servicios Armados del Senado. 

Mattis también tuvo que tragarse la decisión de enviar tropas a la frontera, o el traslado de la embajada de EE. UU. a Jerusalén. El general en el que Trump dijo que iba a confiar la seguridad del país está cada vez más aislado en la toma de decisiones. El Perro Loco que tanto le impresionaba como guerrero resultó mucho más comedido al frente de la política defensiva de lo que anticipaba su mote e historial en Irak, al frente de la Primera División de Marines.

A Trump le impresionan los hombres duros, los galones y los generales, mientras muestren la beligerancia que les atribuye. Mattis debe ser «como un demócrata» que «se puede marchar», dijo decepcionado en octubre. Fuentes del Washington Post aseguran que el general cree que debe tragarse estos desplantes para seguir sirviendo al país, pero empieza a dudar. Trump le pone a prueba, parece provocarle con nuevas humillaciones, como hiciera con su secretario de estado Rex Tillerson, hasta que le despidió por Twitter.

Comentarios

El repliegue de EE.UU. en Siria deja las manos libres a Rusia, Irán y Turquía