Las sombras que se ciernen sobre la economía

Indicadores como el PIB, las afiliaciones a la Seguridad Social o el consumo muestran una ralentización de la actividad y peores expectativas que pueden lastrar el crecimiento este año


Redacción / La Voz

«Son muchas las incertidumbres y estoy segura de que este será un año de retos, pero también tenemos que ser positivos, eso no nos tiene que llevar al fatalismo». Pese a la llamada a la tranquilidad de la ministra de Economía, la gallega Nadia Calviño, que como obliga su cargo quiere espantar el pesimismo, veneno para el crecimiento, son muchas las señales de desaceleración que en los últimos meses ha empezado a emitir la economía española. Estas son las principales.

El PIB

El crecimiento se ralentiza, aunque sigue siendo robusto. El último dato de la contabilidad nacional publicado la semana pasada por el INE constata que el crecimiento de la economía española va perdiendo fuelle: entre octubre del 2017 y septiembre del 2018 fue del 2,4 %, el registro más bajo desde el 2014. Aunque España se mantiene en una mejor posición que la mayoría de los países de nuestro entorno (la economía alemana se contrajo en el tercer trimestre del año y en Francia el crecimiento interanual acabará el año sensiblemente por debajo del 2 %), la estadística revela que esta menor pujanza se debe, principalmente, al retraimiento del consumo interno, tanto de los hogares como de la inversión de las empresas, que se acentuó en verano, cuando se intensificaron los mensajes de alarma sobre la inestabilidad del ciclo económico (y que el Banco de España prevé que vaya a más en los próximos meses). Al final, la cosa puede acabar en aquello de la profecía autocumplida: que el insuflar tanto pesimismo con las primeras señales de desaceleración provoque una retracción del gasto y la inversión que agrave aún más la situación.

Las expectativas

La confianza del consumidor se desploma. Por el momento, parece que ese desánimo ha calado entre la población. Al menos así lo indica el desplome de la confianza del consumidor durante el año pasado, en el que el indicador perdió más de 11,5 puntos para volver de nuevo a una percepción negativa de la situación económica y su futuro (para ser positiva debería superar los cien puntos, y cerró el año en 90,9). El estudio que realiza el CIS muestra una distorsión significativa entre la percepción que los ciudadanos tienen de la situación económica general (que baja casi 20 puntos en un año y está en su punto más bajo desde el 2014) respecto a la de sus hogares, que no solo no cae, sino que siguió mejorando en diciembre. Y eso, a pesar de que la mayoría de los que dicen que la situación ha empeorado lo atribuyen al incremento de precios, una coyuntura que creen que irá a más en este año.

El empleo

Más de medio millón de nuevos puestos, un 8 % menos que en el 2017. Los datos publicados esta semana por la Seguridad Social revelan que la economía española creó 563.965 empleos netos el año pasado. Una cifra sólida, pero casi un 8 % por debajo de los 611.000 nuevos cotizantes que se ganaron en el 2017. Aunque los datos de diciembre fueron positivos, con más creación de empleo que en el mismo mes del año anterior, la tendencia muestra una cierta ralentización del mercado laboral en los últimos meses del ejercicio, de la que esta semana advertía el propio secretario general de Comisiones Obreras, Unai Sordo.

Aunque la afiliación crece con menos intensidad, la calidad del empleo parece haber mejorado en el último año: de los nuevos cotizantes por cuenta ajena, el grueso (484.072) tienen contrato indefinido y a jornada completa (423.072), mientras que los temporales apenas crecen en 9.966, un cambio de tendencia respecto al ejercicio anterior, cuando casi la mitad del incremento de la afiliación se debía a los eventuales.

El comercio

La facturación del sector afloja en noviembre, pese al Black Friday. Pese al tirón de la campaña de descuentos, que da el pistoletazo de salida a las compras navideñas, las ventas del comercio minorista desaceleraron en noviembre, con un crecimiento de solo cuatro décimas respecto al mismo mes del año anterior (un dato corregido de efectos estacionales y de calendario). Son siete décimas menos del incremento registrado en noviembre del 2018. Galicia es la comunidad que más ha sufrido ese frenazo, según el INE.

La automoción

Cuatro meses consecutivos de caídas de ventas. Aunque las matriculaciones crecieron un 7 % en el 2018, el sector encadena ya cuatro meses en números rojos, algo que no había sucedido en los últimos seis años y que se concretó con una reducción de las ventas del 3,5 % en diciembre. Aunque parte del retroceso se debe a la entrada en vigor de la nueva normativa anticontaminación, que adelantó muchas compras antes de su entrada en vigor en septiembre, los diferentes eslabones del sector, desde los fabricantes a los concesionarios, achacan el cambio de tendencia al enfriamiento de las perspectivas económicas y, sobre todo, a la guerra declarada por el Gobierno al diésel, que ha hundido las ventas de vehículos de gasoil.

El bache (temporal) de la locomotora germana

p. baelo

En marzo pasado, Peter Altmaier vaticinó que el PIB alemán sería capaz de mantener un crecimiento de entre el 2 % y el 2,5 % por ejercicio dos décadas más. El ministro germano de Economía tenía motivos de euforia: sin más deuda ni subir los impuestos, la gran potencia europea se encaminaba hacia su octavo año consecutivo de expansión. Un fenómeno extraordinario, teniendo en cuenta que normalmente un lustro de bonanza suele conducir a un período de estancamiento. Hoy nadie duda que ese momento ha llegado también a Berlín.

El golpe se materializó en noviembre, con el anuncio de que la economía alemana se contrajo un 0,2 %, el primer retroceso del PIB germano desde hacía tres años y medio. Se confirmaba el frenazo que ya habían anticipado los principales institutos económicos del país, que uno a uno habían ido rebajando progresivamente sus pronósticos de crecimiento en los últimos meses.

Hay varios factores detrás de la ralentización. Primero, la caída de las exportaciones por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, así como por el brexit. «Las medianas empresas se mostraron positivas ante los riesgos geopolíticos internacionales durante bastante tiempo. Ahora esas turbulencias han empezado a hacer mella», afirma Uwe Berghaus, gerente del DZ Bank. Actualmente, solo 7 de los 48 sectores de actividad del país son optimistas sobre el futuro; hace un año eran 26.

La industria automovilística

Quizás la más perjudicada sea la industria automovilística, obligada a reducir su producción para intentar cumplir la nueva normativa medioambiental y lidiar con los vetos de circulación en varias ciudades germanas. Otra de las causas del frenazo es la incertidumbre en torno a la política monetaria del BCE.

En última instancia se encuentran las amenazas nacionales, entre las que destacan la inestabilidad por un Gobierno de gran coalición sumido en luchas de poder y que ha estado a punto de romperse dos veces desde que echó a andar, hace menos de un año. Y, de nuevo, la falta de mano de obra. Alemania ha cerrado el 2018 con 1,2 millones de puestos sin cubrir debido al envejecimiento de la población, que se agravará en la próxima década.

El presidente de la Asociación de Patronales, Ingo Kramer, advierte que la economía germana corre el riesgo de contraerse como ocurrió en los noventa. No obstante, los expertos insisten en que se trata solo de un bache temporal, y auguran un repunte para el cuarto trimestre gracias a la demanda interna y al aumento de las ayudas a las familias con hijos con el fin de seguir incentivando el consumo. «No hay motivos para que cunda el pánico pese al clima global enrarecido», asegura Clemens Fuest, director del instituto de análisis Ifo, que prevé un crecimiento del 1,1 % para el 2019.

Tampoco el Bundesbank ve razones para el pesimismo: «La fluctuación de cifras hacia arriba y hacia abajo no debe llevar a engaño. El impulso permanece intacto», dice su presidente, Jens Weidmann. Un dato: con 2,26 millones de parados, está en su mínimo histórico desde la reunificación del país en 1990.

La economía europea tiembla de incertidumbre

cristina porteiro

El 2019 puede convertirse en un campo de minas para el futuro de la zona euro

El 2019 arranca con la duda de si acabará convertido en la antesala de la próxima crisis. Quedan menos de 365 días para sortear las minas que aparecerán por el camino y hacer los deberes para blindar la zona euro de los riesgos que acechan a sus economías. Estos son los que se atisban en el horizonte.

Eurozona en obras

Unión monetaria. Países como España o Francia han invertido mucho tiempo y esfuerzo en poner orden en sus finanzas con la esperanza de profundizar en la inacabada arquitectura de la moneda única. Una labor ineludible en el 2019 para resistir la nueva crisis. Si los pronósticos de algunos analistas se cumplen y los problemas empiezan a finales de este año, las defensas y costuras del euro se verán a prueba. Los ocho socios de la ortodoxa Nueva Liga Hanseática, con Holanda a la cabeza, insisten en pisar el freno, pese a las llamadas de Bruselas a acabar los deberes. No quieren ni un nuevo presupuesto para la zona euro, ni un fondo europeo de garantía de depósitos (EDIS) ni el seguro de desempleo promovido por el Gobierno español. Eso significa que, en caso de shock, no habrá red de estabilización, tan solo cortafuegos bancarios. «Avanzamos, pero no con suficiente rapidez», advirtió recientemente el presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker. «Necesitamos estar preparados para lo que el futuro nos depare, se lo debemos a los ciudadanos», insistió el presidente del Eurogrupo, Mario Centeno. La Unión Económica y Monetaria (UEM) seguirá en obras hasta nuevo aviso.

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