Rechazados los Presupuestos, arranca la cuenta atrás para las elecciones

El Congreso aprueba las enmiendas a la totalidad del proyecto de cuentas del Estado y confirma la ruptura del Gobierno con los secesionistas que deja a Sánchez en minoría. El presidente anunciará el viernes la fecha de la cita con las urnas

El presidente del Gobierno, Pedro Sanchez, hoy en el Congreso de los Diputados
El presidente del Gobierno, Pedro Sanchez, hoy en el Congreso de los Diputados

Madrid / La Voz

No hubo sorpresa de última hora y el Congreso decidió la devolución de los Presupuestos al Gobierno al tropezar en el primer obstáculo importante: la votación de las enmiendas a la totalidad. Las fuerzas de la oposición y los secesionistas catalanes se alinearon para tumbar las cuentas de Pedro Sánchez y, con ello, pulsar el botón para arrancar la cuenta atrás hacia un adelanto electoral que se prevé inminente. Tanto que este miércoles, nada más concluir la votación en la Cámara Baja, todas las fuerzas compitieron en lanzar sus primeros mensajes de precampaña. El líder del PP, Pablo Casado, presentó su candidatura a la presidencia del Gobierno; tres cuartas partes de lo mismo hizo su homólogo en Ciudadanos, Albert Rivera, que se apresuró a garantizar que jamás volvería a pactar con Pedro Sánchez. Mientras, en el otro bloque, el PSOE lleva dedicando los últimos días a intentar marcar distancias con los secesionistas, y Podemos, sumido en una importante crisis interna, ya anunció que a partir de ahora tratará de dejar atrás sus problemas para concentrar sus esfuerzos en unas elecciones para las que todavía no hay fecha.

Sánchez deshoja la margarita

En principio todas las quinielas apuntan al domingo 28 de abril como la opción favorita del presidente, fecha que no ha dejado de ganar enteros con el paso de las horas. Todo lo contrario que la del Domingo de Ramos (el 14 del mismo mes), día filtrado en un primer momento desde el gabinete de Presidencia, pero que, según parece, no ha logrado cuajar una vez que en el núcleo duro del Gobierno repararon en que coincide en pleno inicio de la Semana Santa, ya con media España de vacaciones, lo que penalizaría por completo la movilización del electorado, algo que en el PSOE creen que los perjudica especialmente.

Otra posibilidad que no acaba de desaparecer es la del famoso superdomingo del 26 de mayo, haciendo coincidir las generales con las municipales, autonómicas (salvo en Galicia, Cataluña, País Vasco y Andalucía) y europeas. La idea es rechazada por todos los barones socialistas, cuya intención es plantear una campaña desvinculada de las políticas de la Moncloa, por considerarlas demasiado cercanas a los secesionistas. En los mentideros también continúa con vida la posibilidad de que Sánchez se empecine en llevar la legislatura hasta el otoño del 2019 aun a pesar de su extremada debilidad parlamentaria. La incógnita se despejará el viernes al mediodía, cuando a la conclusión del Consejo de Ministros el presidente del Gobierno desvelará finalmente cuál ha sido su elección.

Un doble fracaso

El fracaso de Sánchez con los Presupuestos es doble, ya que al suspenso en el Congreso hay que añadir el importante coste que le ha generado su aproximación a los secesionistas en el intento de captar su voto para salvar las cuentas. Unidos Podemos y el PNV remaron hasta el último momento para reconstruir el bloque de la moción de censura, pero todas sus paladas resultaron en vano. Compromís solicitó a primera hora de la mañana que las enmiendas a la totalidad presentadas por cada grupo se votasen por separado, un intento in extremis de mantener el barco a flote, pero hasta el propio Grupo Socialista se alineó con el PP y Ciudadanos posicionándose en contra de esta petición, dando a entender así que, llegados a este punto, ya no queda otra salida que elecciones en el plazo más corto posible.

El resultado de la votación fue de 191 votos a favor de las enmiendas, 158 en contra y 1 abstención.

No hubo milagro de última hora. En realidad, la suerte estaba echada desde el pasado viernes, cuando Sánchez decidió levantarse de la mesa de negociación con los independentistas y no ceder en su exigencia de celebrar un referendo de autodeterminación. Las diferencias entre los secesionistas y el Gobierno eran tan insalvables que el propio Ejecutivo dedicó todos sus esfuerzos en el tedioso debate presupuestario a intentar marcar distancias con el PDECat y ERC y a azotar a la oposición. Sonó a estrategia de precampaña para buscar el centro político.

La coincidencia del inicio del juicio a los líderes secesionistas por el 1-O en el Tribunal Supremo con el debate de los Presupuestos acabó resultando la guinda de una tormenta perfecta en la que se juntaron la debilidad parlamentaria del Gobierno, la crisis interna de su principal socio (Podemos), el acoso de la oposición en las instituciones y en la calle, las presiones internas de los barones socialistas hacia Sánchez, al que acusan de haber coqueteado demasiado con el secesionismo, y la particular pugna que mantienen ERC y el PDECat por capitalizar el voto independentista.

El secesionismo se come la legislatura

Gonzalo Bareño

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Desde el 1 de junio del 2018, día en el que se convirtió en el primer presidente del Gobierno de la democracia que accedía al cargo por medio de una moción de censura y sin que su partido hubiera ganado las elecciones, la estrategia política de Pedro Sánchez ha estado volcada en consolidar una mayoría parlamentaria estable que le permitiera agotar la legislatura, a pesar de su compromiso previo de llamar a las urnas «cuanto antes». Esa estrategia, que incluyó la apertura de una polémica negociación con los independentistas sin que estos renunciaran a uno solo de sus objetivos, ha saltado por los aires en la primera gran prueba parlamentaria a la que ha sido sometida. El hecho de que sus Presupuestos hayan sido rechazados sin debatirse en el Congreso pone de manifiesto que Sánchez confundió el apoyo mayoritario de la Cámara a una moción de censura contra Rajoy con un voto de confianza a él como presidente.

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