Bipartidismo de bloques imposibles


Redacción / La Voz

A 35 días del 28A los partidos sedimentan sus posiciones en un tablero perverso en el que las sumas siguen sin despejar el camino a las dos opciones reales de Gobierno que existen: el encabezado por Pedro Sánchez con respaldos variopintos y muchas incógnitas más allá de la toma de posesión; y la alternativa liderada por Pablo Casado, con Albert Rivera como socio natural con mando y con Santiago Abascal como bastón puntual, ya se vería si para sacar a su amada España del atolladero o para liarse a golpes con el sistema.

Con el actual arco de colores gana fuerza el tópico de que las elecciones se ganan en el centro, una idea que se fraguó tras múltiples convocatorias en las que los dos principales partidos alcanzaban sistemáticamente los ocho millones de votos y la balanza la inclinaban un millón y medio de españoles a los que se les atribuía una ideología centrista y moderada por su capacidad de de metamorfosear la gaviota en rosa y viceversa, según vinieran dadas. Muchos de ellos son los decisivos indecisos que ocultan sus opciones pero que, esta vez, será difícil que salten de un bloque a otro. Esos pocos votantes que son capaces de alterar el signo político de un país con 45 millones de personas asisten perplejos estas semanas a debates que se dirimen en jardines lejanos que nunca han pisado: los del populismo, el independentismo o la extrema derecha. Nadie les está hablando seriamente de las pensiones, de impuestos, de empleo o de crecimiento económico, que son cuestiones demasiado sensatas que se están perdiendo en atajos en los que nos sobresaltan otros asuntos tan polémicos como estériles para que España avance. Como sea.

Por eso, si alguien gana las elecciones, será por el centro, que es el único espacio por donde se puede romper el equilibrio imposible. Cada voto que se consolida o cambia vale doble porque se resta al contrario, de ahí que seguir porfiando a derecha e izquierda empiece a resultar ocioso: sumar cinco más dos es igual de inútil que cuatro más tres cuando se trata de llegar a ocho.

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