Sánchez fracasa en su intento de investidura

El candidato socialista tan solo ha logrado sumar el apoyo del diputado del PRC de Revilla en la votación de este jueves


Redacción

Se repite la historia del 2016: Pedro Sánchez vuelve a fracasar en su intento de investidura. El candidato socialista tan solo logró sumar el apoyo del diputado del PRC de Revilla en la votación de este jueves, quedando en evidencia su soledad. El presidente en funciones se las prometía muy felices en la noche electoral, celebrando su incontestable triunfo, pero a lo largo de los casi tres meses que han transcurrido desde entonces se ha mostrado incapaz de tejer las alianzas que requería para prolongar su estancia en Moncloa.

Para obtener la confianza de la Cámara en esta segunda intentona, a diferencia de la votación del martes, en la que necesitaba la mayoría absoluta, hoy le hubiese bastado con la mayoría simple; es decir, más síes que noes, pero volvió a quedarse muy lejos. Solo 124 votos a favor (los 123 del PSOE más el del PRC), frente a los 155 en contra: los 66 diputados del PP, los 57 de Cs, los 24 de Vox, los 4 activos de JxCat, los dos de Coalición Canaria y los dos de Navarra Suma. 

A medio camino, en la abstención, se quedaron los 14 representantes de ERC (tiene a uno suspendido), los seis del PNV, los cuatro de Bildu, el de Compromís y 42 de Podemos.

Finalmente Pablo Iglesias dijo no a la última oferta de Sánchez para conformar un Gobierno de coalición, en la que le concedía una vicepresidencia para Irene Montero y tres ministerios. El secretario general de Podemos consideró que firmando ese «humillante» acuerdo, su formación quedaría relegada al papel de una mera comparsa de los socialistas, simples figurantes. Podemos quería más áreas de poder dentro del Ejecutivo y, sobre todo, la capacidad de disponer de un mayor porcentaje del 2% del gasto público que le concedía Sánchez, un dinero que les impediría acometer las reformas sociales con las que pretenden remontar el vuelo de un partido herido de muerte. Otro de los grandes desencuentros estuvo en la cartera de Trabajo, reclamada con insistencia en las negociaciones, un ministerio que Sánchez no estaba dispuesto a ceder, alegando las reticencias que genera Iglesias en la CEOE. En su intervención de este jueves previa a la votación, Sánchez le echó en cara a Iglesias sus desmedidas pretensiones, y le recordó que «para derogar la reforma laboral o incrementar el salario mínimo interprofesional», se requiere del visto bueno del Consejo de Ministros y de su presidente, y de la mayoría de la Cámara Baja. Sánchez también afeó a Casado y a Rivera su rechazo a abstenerse para favorecer la gobernabilidad y no tener que depender de los secesionistas, pero se mostró especialmente duro con Iglesias, que asistía con cara de circunstancias al discurso del presidente. El candidato acusó al secretario general de Podemos pretender crear un gobierno paralelo dentro de su ejecutivo.

La incertidumbre reinó hasta el final de la votación. Pablo Iglesias, en su breve intervención, en la que también trató de reflejar que la culpa del fracaso era de Sánchez, realizó una sorprendente oferta desde la tribuna de oradores. «Todavía estamos a tiempo. Renunciamos al Ministerio de Trabajo si ustedes nos ceden las políticas activas de Empleo». Sin duda, su última jugada dentro de esta interminable partida de póker. El objetivo, retratar ante las Cámaras y en pleno directo al jefe del Ejecutivo. Su mensaje no era otro que el de evidenciar que su parte había cedido y seguía cediendo a lo largo de toda la negociación. Incluso en el último suspiro. Pero que Sánchez no se mueve.

El fracaso de Sánchez dispara las posibilidades de una repetición electoral para el próximo 10 de noviembre. Según ha defendido el propio jefe del Ejecutivo en funciones a lo largo de las últimas semanas, no volverá a intentarlo en los dos meses que quedan por delante en los que Felipe VI pueda volver a proponer a un candidato a la presidencia. Pero lo cierto es que hasta el 22 de septiembre, fecha en la que se disolverán Las Cortes si ningún candidato logra recabar la confianza de la Cámara, no puede descartarse una nueva intentona. Sobre todo a tenor de los constantes bandazos y cambios de postura que ha protagonizado en las últimas semanas, en las que pasó de negar la entrada de dirigentes de Podemos al Consejo de Ministros a acabar concediéndoles una vicepresidencia y tres carteras dentro de un Gobierno de coalición.

Las negociaciones entre el PSOE y Podemos estuvieron marcadas por la inexistencia casi total de contactos en los primeros 80 días que transcurrieron desde las generales. Sánchez fió todo a la última semana. El pasado viernes Iglesias manifestó su voluntad de apartarse a un lado y renunciar a su entrada en el Gabinete. Desde ese momento pareció allanarse la investidura y los equipos negociadores iniciaron una contra reloj de cara a sellar un acuerdo. Pero las cosas volvieron a torcerse el lunes, con el discurso del candidato socialista en su intervención inicial en el debate de investidura, en el que casi ni mencionó a sus hipotéticos aliados. Sánchez e Iglesias se enzarzaron en una batalla dialéctica acusándose mutuamente de no querer formalizar dicho acuerdo. Finalmente todo acabó de saltar por los aires ayer por la noche, cuando desde Ferraz y desde Podemos filtraron documentación y detalles de forma interesada con la intención de perjudicar al otro.

A primera hora de esta mañana quedó constatado el divorcio cuando los capitanes de los equipos negociadores dedicaron las preciosas horas que restaban por delante hasta la reanudación del pleno para desfilar por todas las radios y televisiones del país acusando al otro de querer lo imposible. Pablo Echenique incluso llegó a denunciar la manipulación del título del documento que el PSOE aireó ayer con las exigencias de Podemos para entrar en el Gobierno. Carmen Calvo respondió con las desmesuradas pretensiones de la formación morada, afeándoles en los micrófonos que no querían entrar en el Gobierno, sino el Gobierno al completo.

Los más posibilistas de uno y otro partido presionaron hasta última hora para buscar el milagro a lo largo de esta mañana, pero lo cierto es que, a raíz de las duras acusaciones que se intercambiaron desde las dos trincheras en las últimas semanas, el gobierno de coalición resultante habría nacido predestinado a encadenar un escándalo tras otro con el peligro de introducir al país en una grave crisis política de tal calado que acabaría afectando a todas las áreas. La desconfianza entre los líderes de los dos partidos es de tal calibre, que todo parece indicar que los mimbres para intentar montar el cesto en septiembre serán los mismos.

Así las cosas, comienza una nueva campaña electoral de casi cuatro meses. Sánchez no desaprovechó su oportunidad de este jueves para alimentarla, acusando a Iglesias de torpedear la conformación de un Gobierno progresista y de votar en el mismo sentido «que la derecha y la ultraderecha».

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