Una novata en el primer supermercado sin plástico

Original Unverpackt vio la luz en el 2014 en Berlín y, desde entonces, cada vez más alemanes preocupados por la sostenibilidad se acercan con sus botes de cristal a hacer la compra a este establecimiento que marcó un hito en el país


Berlín

12.00 horas de un miércoles en Berlín. Cruzo el parque de Görlitzer Park, en el barrio de Kreuzberg, y llego al número 16 de la calle Wienerstraße. No estoy segura de estar en el lugar correcto. Me habían hablado de un supermercado sin envases de plástico. Concretamente el primero del mundo, que vio la luz en la capital alemana en el 2014. Lo que tengo ante mí más bien parece una tienda de ultramarinos de toda la vida. Original Unverpackt, reza el letrero de la entrada. Vamos a ello.

El primer paso resulta más complicado de lo que esperaba. Me superan la cantidad de colores y estímulos a mi alrededor. 350 productos, de los cuales el 80 % son orgánicos, entre cereales, legumbres, especias, tés, frutos secos, verduras, mermeladas, y salsas. Quizás debería haber traído una lista de la compra, como ha hecho la chica de al lado. Busco ayuda y solo encuentro a una vendedora que está ocupada en la caja, donde le espera una fila de clientes. Finalmente, me acerco hasta uno de los dispensadores que contiene macarrones integrales. En la etiqueta se pueden leer cada uno de los ingredientes, algo ideal para aquellos que padecen alergias o intolerancias alimentarias, y el precio. 0,39 € por cien gramos de pasta. Cojo la bolsa de papel reciclado que hay en la pared contigua y me pongo en faena, no sin sentir cierta envidia al ver cómo una mujer de unos 40 años está mucho más preparada que yo. Observo que saca un bote de cristal de su mochila y lo pesa en una báscula situada en medio de la tienda. La máquina le proporciona una etiqueta que pega en su recipiente. Ahora ya puede llenarlo de arroz basmati a su antojo, porque al final de la compra le descontarán su peso en caja y solo le cobrarán el cereal a granel. El procedimiento es el mismo para los frutos secos y las legumbres.

Envases por 2 euros

A falta de envase propio, también es posible adquirirlo de todas las formas y tamaños en Original Unverpackt por un precio que varía entre los 2 y los 5 euros. Opto por uno de los frascos pequeños y, sin pesarlo previamente, pues en este caso no es necesario, lo relleno de sal. Al igual que ocurre con las harinas y los azúcares, el proceso resulta súper sencillo. No hay más que usar un cazo, como en las tiendas de chucherías de la infancia.

Enfrente, un hombre le pide a su hijo que sirva té negro en la caja que han traído con ayuda de una cucharilla que está disposición de los clientes. Al lado se encuentran los cajones de madera con verdura fresca, así como los estantes con tarros y botellas de vidrio rellenos de mermeladas, miel, leche y yogur. Funcionan mediante el sistema alemán del pfand: uno paga extra por el recipiente, que luego puede devolver limpio en el supermercado para obtener a cambio la suma que desembolsó.

Llego tras un tiempo adaptándome al medio a la parte que más me llama la atención, la de droguería y productos de higiene. Desde pasta de dientes sólida hasta la copa menstrual, pasando por papel de wc hecho de bambú y, por supuesto, todo tipo de artículos de limpieza líquidos. Como puedo comprobar, solo los más experimentados se atreven a sacar de su bolsa la botella y agacharse para rellenarla de gel de ducha o suavizante de lavadora. Requiere maña, así que decido dejarlo para la próxima vez. Porque la habrá. A pesar de que los precios son superiores a los de un supermercado común y de que invierto más tiempo, dado que todo se pesa en caja antes de pagar, me aseguro de comprar conscientemente y sin generar ningún residuo plástico. Si no en Original Unverpackt, entonces será en alguna de las 80 tiendas más que han seguido su ejemplo por toda la geografía alemana.

¿Se puede vivir realmente sin plástico? Esta pareja demuestra que sí

Olalla Sánchez

Fue en el 2015 cuando Patricia Reina y Fernando Gómez comenzaron a transformar su estilo de vida hasta conseguir librarse (al 99 %) de este tipo de desechos. Insisten en que «eliminar la mitad de los plásticos desechables en un año es posible sin hacer esfuerzo». Añaden que «reciclar no basta; hay que ir un poco más allá. Debemos rechazar lo que no necesitamos»

«El primer paso para vivir sin plástico es proponértelo». Patricia Reina (Córdoba, 1982) y Fernando Gómez (Madrid, 1966), concienciados cada vez más ante la contaminación por plásticos en el océano y por el peligro que su consumo desmesurado supone para el medioambiente, decidieron asumir el reto en el verano del 2015. Ella fue la que dio el primer paso pero al desafío se sumó rápidamente Fernando. «Un día que no había llevado comida al trabajo, bajé al supermercado más cercano a comprar la típica ensalada preparada que viene en un envase grande de plástico duro. Al abrirla encontré cada ingrediente empaquetado individualmente en plástico; el aliño venía en una bolsita de plástico y, para colmo, con un tenedor de plástico. Cuando acabé de comérmela y vi la cantidad de residuos que había generado, me quedé asustado», relata el madrileño en el libro Vivir sin plástico (Zenith), de reciente publicación, en el que ambos aportan tanto datos sobre el titánico problema («solo en España usamos más de 13 millones de pajitas diariamente») como, desde su propia experiencia y no sin humor, comparten sin aleccionar consejos e ideas para todos aquellos que quieran seguir su ejemplo. La publicación comparte título con el exitoso blog que la pareja abrió en agosto del 2015 para hacer público su compromiso y tratar de evitar abandonarlo ante la primera dificultad, una página en la que al principio solo publicaban cada domingo una foto de los residuos plásticos (cada vez más menguantes) generados a lo largo de la semana pero que sin descanso evolucionó hasta convertirse en un espacio de concienciación y divulgación sobre la problemática del plástico, con alternativas para evitarlo.

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