Sánchez, investido por una diferencia de dos votos, se da unos días para formar Gobierno

Será el primer Ejecutivo de coalición de la democracia y el más débil parlamentariamente


La Voz / Madrid

Pedro Sánchez renueva al frente de la presidencia del Gobierno tras imponerse en una ajustadísima votación de investidura por 167 votos a favor, 165 en contra y 18 abstenciones. Es decir, por una diferencia de dos votos, el margen más pequeño en 40 años de democracia. Tras su pacto con Unidas Podemos, el socialista formará un Gobierno de coalición para el que necesitó bordar acuerdos con formaciones progresistas, regionalistas y nacionalistas.

Junto al PSOE y UP, ayer lo apoyaron Más País, PNV, Compromís, Teruel Existe y el BNG. Pero la firma más difícil no fue ninguna de estas, sino la decisiva abstención de ERC. Y aunque Sánchez pretendía celebrar este viernes el primer Consejo de Ministros del nuevo Gobierno, la reunión no podrá mantenerse, pues el presidente se tomará unos días para formar su nuevo equipo, según informaron ayer fuentes del PSOE.

Al secretario general socialista le costó un buen número de críticas desde dentro de su partido por parte de destacados barones territoriales, pero sobre todo las de las fuerzas de la oposición, que lo han causado de «vender España» ante los independentistas debido a los puntos que se recogen en el acuerdo firmado entre los socialistas y ERC. En el mismo, Moncloa se compromete a poner en marcha en dos semanas una mesa de negociación «bilateral» en la que en un lado estará el Ejecutivo central y en el otro el Ejecutivo catalán.

No habrá vetos, por lo que los secesionistas ya le advirtieron que lo primero que reclamarán será una consulta para la autodeterminación. Sánchez se compromete también a trasladar los acuerdos que se vayan alcanzado en esta mesa a la ciudadanía catalana a través de una consulta. A pesar de que el presidente en funciones ha garantizado que «no se romperá España» y que tampoco «quebrará» el orden constitucional, sus explicaciones no consiguieron calmar a los críticos.

Al secretario general socialista le llovieron críticas tanto desde dentro de su partido como desde las fuerzas de la oposición, acusándolo de «vender España» a los independentistas. En su acuerdo con ERC, Sánchez se compromete a poner en marcha en dos semanas una mesa de negociación «bilateral» entre el Ejecutivo central y el autonómico. No habrá vetos, por lo que los secesionistas ya le advirtieron que lo primero que reclamarán será una consulta para la autodeterminación. A pesar de que ha garantizado que «no se romperá España» y que tampoco «quebrará» el orden constitucional, sus explicaciones no consiguieron calmar a los críticos.

La votación que permitirá a Sánchez prometer su cargo este miércoles fue tan ajustada que desde la derecha buscaron hasta el último instante que el diputado de Teruel Existe, Tomás Guitarte, o algún integrante de la bancada socialista, modificase el sentido de su voto. Con que uno de ellos se moviese del sí al no, el resultado sería de empate a 166, lo que haría decaer la investidura.

 

Pero no hubo sorpresas de última hora. Ni tamayazo, ni transfuguismo, tal y como advirtió Sánchez en su intervención inicial del debate. «Acepten la realidad, han perdido las elecciones y van a perder la votación», auguró tras cargar contra el PP, Vox y CS por haber generado un clima «tóxico» dentro de la Cámara. Pablo Casado (PP) acusó a Sánchez de «engaño masivo» a los españoles por decir en campaña que no pactaría con los independentistas. «No acabará bien», le espetó. Las críticas las intuyó bien Pablo Iglesias: «Pedro, nos van a atacar, pero no por lo que hagamos sino por lo que somos». 

Y así fue. Vox calificó al Gobierno de «ilegítimo y traidor» y aseguró que tiene el beneplácito de ETA, en alusión a los diputados de Bildu, mientras Inés Arrimadas (Cs) lo calificó de «populista y nacionalista».

El portavoz de ERC Gabriel Rufián evitó intervenir y delegó en Montserrat Bassa, la hermana de la exconsejera presa, para dejarla que se explayara en defensa de la independencia y de la libertad para los políticos presos. «Me importa un comino la gobernabilidad de España», llegó a decir. 

Tan ajustada fue la votación que Aina Vidal, de los comunes, y víctima de una grave enfermedad que le impidió estar en la votación del domingo, viajó desde Barcelona en contra de las recomendaciones médicas.

Debilidad parlamentaria

La presidenta del Congreso, Meritxell Batet, acudió ayer a la Zarzuela para comunicar al rey el resultado de la votación. Felipe VI cumplió con el requisito de firmar el real decreto con el nombramiento de Pedro Sánchez como jefe del Ejecutivo, quien acudirá a las once de la mañana de hoy a la Zarzuela para prometer su cargo antes de formalizar la composición de su Ejecutivo la próxima semana. El otro partido de la coalición, Unidas Podemos, ya adelantó los nombres de sus cuatro ministros: Irene Montero, Manuel Castells, Alberto Garzón y Yolanda Díaz, además del propio Pablo Iglesias que será vicepresidente segundo. 

En cualquiera de los casos, el Gobierno nace bajo una extrema debilidad. Tiene 155 diputados de 350 (Felipe González gobernó con 159 diputados en el 1993, Aznar con 156 en 1996, y Zapatero, con 164 en el 2004), lo que obligará al PSOE y a Podemos a negociar cada ley que lleven a la Cámara para poder sacarla adelante. Nadie se atreve a pronosticar su longevidad, pero todos apuntan a la aprobación de los Presupuestos como uno de sus principales escollos. Rufián dejó claro durante el debate de investidura que en caso de no cumplir con lo pactado, aprovecharían esa votación para tumbar las cuentas.

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