La letra pequeña del pacto de investidura: las cesiones de Sánchez a los partidos y comunidades

Fran Balado / Ana Balseiro MADRID / LA VOZ

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De izquierda a derecha, Joan Balldoví (Compromís), Gabriel Rufián (ERC), Néstor Rego (BNG), Aitor Esteban (PNV), Tomás Guitarte (Teruel Existe) y Pedro Quevedo (Nueva Canarias)
De izquierda a derecha, Joan Balldoví (Compromís), Gabriel Rufián (ERC), Néstor Rego (BNG), Aitor Esteban (PNV), Tomás Guitarte (Teruel Existe) y Pedro Quevedo (Nueva Canarias)

Una consulta en Cataluña, entre otros puntos, permitieron a Sánchez renovar en la Moncloa. El PNV arrancó al PSOE la mayor cota de autogobierno de la historia y la mejora del cupo vasco 

15 ene 2020 . Actualizado a las 19:33 h.

Sánchez sorprendió a los dos días de las elecciones al pactar con Iglesias las bases de un Gobierno de coalición que había negado en rotundo durante la campaña. Los líderes del PSOE y de Unidas Podemos, obligados por el retroceso que sufrieron sus formaciones en la repetición electoral (perdieron 700.000 y 650.000 votos respectivamente), envainaron sus espadas con la firma de un acuerdo en el que se establecía el reparto de sillones en el Consejo de Ministros y varias de las medidas que impulsarían juntos durante la legislatura. Importante, ya que Sánchez se garantizaba al menos 155 apoyos en la votación de investidura, pero insuficiente, por lo que se vio obligado a completar un maratón de pactos con diversas fuerzas progresistas y nacionalistas que le garantizaran recabar la confianza de la Cámara.

Desde un primer momento ya se intuyó que la llave de la Moncloa estaba en manos de ERC, partido con el que acabó firmando el pacto que ha levantado más ampollas, no solo entre la oposición, sino también entre barones socialistas como Page y Lambán. El documento con el que los secesionistas se comprometieron a abstenerse en la investidura recoge el compromiso del Gobierno de poner en marcha una negociación con el Ejecutivo catalán en 15 días. Sobre la misma no habrá líneas rojas, por lo que Esquerra, tal y como advirtió, exigirá la celebración de un referendo de autodeterminación. En el documento se especifica que los acuerdos a los que se llegue en la mesa se convalidarán con una consulta a los ciudadanos catalanes. Por otra parte, Sánchez se compromete a desjudicializar la cuestión catalana, un desafío secesionista al que desde el inicio de las negociaciones el Gobierno se refiere como «conflicto político», asumiendo así otra exigencia de ERC.

Un 60 % más de inversiones

Los secesionistas también fijaron entre sus reivindicaciones una llamada de Sánchez a Quim Torra, con el que se reunirá en los próximos días poniendo en evidencia que el presidente de la Generalitat vuelve a ser un interlocutor válido en Madrid. Hay un tema económico que no aparece recogido en el acuerdo, pero al que Sánchez se comprometió con claridad. Las inversiones que destinará a Cataluña en los Presupuestos Generales del Estado se dispararán un 60 % respecto a los todavía vigentes