La pandemia provoca una caída en picado en los infartos de miocardio

Los cardiólogos estudian la causa de un fenómeno que ya se ha visto en Italia

Andrés Íñiguez, jefe de cardiología del Hospital Álvaro Cunqueiro
Andrés Íñiguez, jefe de cardiología del Hospital Álvaro Cunqueiro

La Voz

«Es un hecho, las plantas de cardiología en los hospitales gallegos están a medio gas». Lo admite Rafael Vidal, cardiólogo en el CHUAC y miembro del comité directivo de la Sociedad Española de Cardiología. Y se queda corto. Algunos profesionales constatan una caída de la actividad por encima del 70 % sobre los días previos al confinamiento. En ese porcentaje hay que tener en cuenta el aplazamiento de intervenciones programadas menos graves, pero el dato no explica por sí mismo el desplome de los casos más críticos que llegan a Urgencias.

El jefe del servicio de cardiología del Álvaro Cunqueiro, Andrés Íñiguez constata la tendencia: «Globalmente, la caída de la actividad se puede cifrar en un 70 %. Pero en lo que tiene que ver con los síndromes coronarios agudos, en los 15 días previos a la declaración del estado de alarma tuvimos 38 ingresos. Y en los 15 días de confinamiento, 28».

¿Qué está pasando? No hay una postura unánime para explicar el fenómeno porque los propios cardiólogos están empezando a constatarlo, aunque sí es cierto que algunos apuntan a que el miedo al contagio está cohibiendo a los pacientes con síntomas más leves a acudir a los servicios de urgencias: «Seguramente los infartos se están produciendo igualmente, lo que pasa es que no los estamos viendo», reflexiona Rafael Vidal. Algunos enfermos con un dolor torácico pasajero, aguantarían en su casa en vez de acudir a un servicio de Urgencias que imaginan colapsado y donde podrían resultar infectados por el COVID-19. De hecho, según explica este cardiólogo, hay ya alguna referencia llegada de Italia que refrendaría esta hipótesis: «Allí ya han visto como los pacientes que les están llegando ahora lo hacen con infartos más evolucionados y, por tanto, más difíciles de recuperar. Y en Madrid, donde la epidemia va más deprisa, empieza también a notarse este deterioro en los pacientes que llegan».

Íñiguez se muestra un poco más cauto: «Es posible que esa sea una razón -explica-, pero también pueden ser otras. Quien realmente tiene un síndrome coronario agudo, acude a urgencias. Pero es cierto que esos cuadros han caído en estos últimos quince días». No solo eso, sino que entre los casos registrados a lo largo de este período de alarma, han crecido, al menos en el Álvaro Cunqueiro, los casos de falsos síndromes coronarios, es decir, pacientes con dolor torácico que acuden pensando que están sufriendo un ataque al corazón cuando en realidad tienen, por ejemplo, una indigestión. «De los síndromes coronarios que ingresaron en urgencias en los 15 días previos al confinamiento, el 90 % eran verdaderos. De los que ingresaron durante el estado de alarma, ese porcentaje cayó al 67 %».

Íñiguez aporta alguna otra hipótesis: «También es posible que algunos pacientes hayan visto como descendían sus niveles de estrés al no tener que ir a trabajar, lo cual haría que se desestabilizasen menos. Hay muchos factores que podrían influir pero, hasta que no se estudien bien, no se puede concluir nada». Hay otros datos que podrían jugar en el extremo contrario: peor alimentación, menos ejercicio físico, mayor consumo de tabaco. «Sí, es cierto -admite Íñiguez-, pero seguramente, las consecuencias de eso las veremos en unos meses».

«Aguantan en casa»

Rafael Vidal, desde A Coruña, señala que el fenómeno, a menor escala, se aprecia durante las fiestas navideñas: «Pacientes que sufren síntomas leves y que, por no molestar o estropear las fiestas a su familia, aguantan en casa y acuden a urgencias cuando se acaban las Navidades. Puede que ahora esté pasando algo similar».

Las variables que rodean los datos son tan diversas que los expertos no se atreven todavía a señalar una causa concreta que justifique el espectacular bajón en el número de infartos. En cualquier caso, Galicia estaría aún en la primera fase del fenómeno: desplome en el ingreso y la asistencia a pacientes infartados sin que, por el momento, se haya detectado que los que acuden lo hagan con infartos más evolucionados: «Es posible que eso ocurra, pero aquí todavía no ha llegado», concluye el doctor Andrés Íñiguez.

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