Riesgos de competir por un remedio para el coronavirus

La urgencia por una vacuna que frene la pandemia, caldo de cultivo para polémicos ensayos, pasos incompletos o estudios que cojean

REUTERS

Pedro Duque, ministro de Ciencia y Tecnología, aún mantiene la fe en que la vacuna frente al covid-19 esté disponible antes de que concluya el año. La Unión Europea alentó una conferencia de donantes que contribuyeron al propósito con 7.400 millones de euros, pese a la decisión de Rusia y Estados Unidos, que se mantuvieron al margen. Distintos países han optado por competir en lugar de sumar apoyos en la búsqueda de un remedio. Un riesgo que duplica esfuerzos y alienta una peligrosa carrera, en la que cualquier trampa puede costar vidas. En la actual crisis sanitaria han surgido ya polémicas sobre ensayos cuestionables o estudios con flaquezas. Es de las pocas facetas en las que el coronavirus no sienta un precedente.

áfrica para las pruebas

Los niños de Kano

África ha sido un vivero constante para el resto del mundo. Mano de obra barata (o esclava), mineral de saldo y hasta gigantesco laboratorio para pandemias. ¿Acaso no deberíamos realizar este estudio en África, donde no hay mascarillas ni tratamiento, ni reanimación, como se hizo en algunos estudios con el sida o entre las prostitutas? Jean-Paul Mira, jefe de los servicios de medicina intensiva y rehabilitación del hospital Cochin de París, se hizo esta pregunta en voz alta durante una intervención televisiva. A Camille Locht, director de investigación del Instituto Francés de Investigación Médica, no le pareció mal la idea. Encontrar cobayas parece más sencillo en las antiguas colonias. El método tiene años de solera.

El Washington Post destapó en el 2000 lo sucedido cuatro años antes en Kano, Nigeria. Hasta allí envió la compañía Pfizer a un equipo encargado de efectuar un ensayo clínico de una quinolona oral (trovafloxacino) frente a ceftriaxona parenteral en niños. La epidemia de meningitis que asolaba la región prestaba el ambiente adecuado. Se reclutaron doscientos niños. Falleció el 6 %

Lo que el diario estadounidense demostró fue que el trovafloxacino oral nunca se había probado antes en niños; el tratamiento comparador se hizo en dosis inferiores a las recomendadas en muchos casos y se privó a los niños de recibir tratamiento con cloramfenicol, que era el habitual. Un remedio muy efectivo, pero que no se usa en Europa ni América porque tiene efectos adversos graves (aplasia de médula ósea) aunque muy infrecuentes. El estudio no buscaba resultados para aplicar en África, así que se renunció a las fórmulas válidas en ese continente.

El gobierno de Nigeria y varios familiares de fallecidos y afectados demandaron sin éxito a Pfizer en Estados Unidos. Un tribunal de apelación aceptó en enero del 2009 el recurso de los perjudicados, con el argumento de que la experimentación sin el consentimiento de los afectados viola un derecho humano fundamental.

Precio frente a eficacia

Un debate ético vigente

África ha puesto el hombro para muchas más pruebas. Por ejemplo, en el intento de reducir transmisión vertical en niños de madres con VIH positivo. El AZT, base de la primera terapia antirretroviral para frenar el avance del sida, era muy caro, así que en el continente más pobre se optó por la Nevirapina, mucho más barata, y se inició una campaña para testar su eficacia frente a la alternativa de un placebo. La ciencia asistió al ensayo dividida. Muchas voces condenaron que hubiese una medicina de varias velocidades, exigiendo que se empleara el AZT como método de control en lugar del placebo. Otras defendían la necesidad de adaptar los remedios a la capacidad adquisitiva de cada territorio. La Declaración de Helsinki falló en favor de los primeros y recoge que en todas las condiciones hay que utilizar el mejor tratamiento posible.

El presidente del Comité de Ética de la Investigación del Instituto de la Salud Carlos III defiende que los países con bajos recursos puedan acoger ensayos clínicos siempre que se den varias condiciones indispensables. Fernando García se refiere a cuatro puntos: «Primero, que el ensayo aborde un problema de salud importante para la población. Después, que esa población participe de los beneficios de la investigación; es decir, si se estudia una vacuna, que la población participante la reciba a un coste bajo si se demuestra eficaz. Que los sujetos participantes y las comunidades otorguen su consentimiento informado, libre y voluntario. Y por último, que la investigación esté aprobada previamente por un comité de ética de la investigación del lugar de ejecución, garantizando una atención sanitaria adecuada a los participantes que la precisen».

sujetos de estudio

El límite de la recompensa

Si el laboratorio suscita polémica, también quienes lo habitan. ¿Cuál es el coste asumible y el beneficio razonable de hacerse pasar por cobaya? Muchos países pagan cantidades interesantes a aquellos que prestan su cuerpo a la ciencia. Como España, donde es habitual retribuir a los voluntarios indispensables en la primera fase del ensayo clínico.

Ninguna ley lo prohíbe, solo indica que la compensación económica no puede ser el mecanismo que aliente al sujeto. «Se trata de compensar trastornos sin forzar a tomar la decisión, hay que moverse en un margen muy complicado para evitar los incentivos indebidos», resume Fernando García. «El riesgo no puede tampoco superar nunca al beneficio», prosigue, apuntando a las 16.000 personas que se han prestado voluntarias para inocularse el virus y facilitar los ensayos en Estados Unidos. «En teoría será gente por debajo de los 25 años, una franja en la que la mortalidad se reduce al 0,3 %, pero aún así, existe», subraya apuntando a precedentes funestos en el campo de la investigación de la malaria o la tuberculosis.

opacidad peligrosa

Castigo preventivo en China

El beneficio económico no es el único motivo espurio de la carrera por un remedio contra la pandemia. Llegar primero garantiza además prestigio y el ego alienta en ocasiones prácticas de dudoso criterio ético, traducidas en plagios, estudios inconsistentes y afrentas de alto rango. Durante la crisis sanitaria, la vista se ha dirigido muchas veces a China, participante también en la competición por la vacuna. La opacidad del país asiático aviva dudas y no faltan casos que las sostengan.

El más reciente entre los sonados se resolvió con tres años de prisión para He Jiankui. En noviembre pasado, el científico anunció el nacimiento por primera vez de dos niños después de que sus embriones fueran sometidos a edición genómica para hacerlos menos susceptibles de contraer la infección por VIH. Se saltó el pacto de no aplicar todavía la técnica de CRISPR-Cas9, que hace muy fácil el proceso de edición genómica, a la línea germinal, la que se transmite de padres a hijos. Ante la reacción airada de la comunidad científica, el gobierno chino, que había apoyado sus investigaciones, acusó a He de haber falseado sus estudios.

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