El Banco de España cuestiona la subida fiscal y pide facilitar los despidos

El PIB caerá un 11,1 % en el 2020 para dar paso a una recuperación «intensa»


Redacción / La Voz

El Gobierno ha errado el tiro. Al menos en lo que se refiere a la fiscalidad. Eso cree el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, quien este viernes cuestionó abiertamente ante el Senado la subida de impuestos prevista para el 2021. Ni es oportuna ni es efectiva. Podría dificultar la recuperación, por eso recomendó aplazar el alza para más adelante. Al mismo tiempo que ponía en tela de juicio esas subidas, también ponía en cuestión las cuentas del Ejecutivo. Y más concretamente las que tienen que ver con la recaudación. «Es probable que los ingresos fiscales de España para el 2021 no alcancen el 9 % de crecimiento que el Gobierno tiene previsto en sus planes presupuestarios», apuntó el gobernador, quien sostiene que las previsiones de ingreso con la tasa Tobin sobre las transacciones financieras, la tasa Google a la facturación de los gigantes digitales o el impuesto al plástico están infladas.

Fallan los cálculos de ingresos y fallan los de gastos, al menos si se quiere garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas. Por eso Hernández de Cos volvió a arremeter este viernes contra la subida de las pensiones y los salarios públicos (0,9 %), que en un entorno de muy baja inflación, les haría ganar más poder adquisitivo mientras otros colectivos más vulnerables ven recortadas sus rentas.

Además de críticas también hubo sugerencias en su intervención. La más polémica: el eventual ajuste de plantillas en empresas que hayan recurrir a los ERTE para mantener el empleo. Todavía sigue vigente la prohibición de despedir de forma procedente a los trabajadores acogidos a una suspensión temporal en los seis meses posteriores a su reactivación, pero el gobernador cree que será necesario ofrecer esta posibilidad para aliviar el peso sobre las empresas y evitar que la carga las empuje al cierre: «En algunos casos es contraproducente recurrir a los ERTE y algunas empresas van a necesitar ajustar parcial o totalmente. Hay que permitirles que se produzca este ajuste con los mecanismos de la legislación laboral», deslizó. Según las estimaciones del Banco de España, en torno al 20 % de las empresas ya estarían en situación de insolvencia, algo que se agravará en el 2021.

Daños persistentes

«La crisis dejará efectos persistentes sobre la actividad económica, incluso tras la eliminación definitiva de las limitaciones», advirtió el organismo en su informe de previsiones económicas, en las que augura una caída del PIB en el 2020 del 11,1 %. Aunque está alineado con el cálculo del Gobierno, sus expertos no ven posible el crecimiento del 2,4 % que anticipó esta semana el ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá, para el último trimestre del año. Las restricciones sanitarias y la contracción de la demanda empujarán hacia abajo el PIB un 2,2 %. Esas medidas de contención podrían alargarse hasta el 2022. Eso sí, el Banco de España es optimista de cara al 2021, cuando la economía rebotará un 6,8 %: «En cualquier escenario, la fuerte contracción del PIB en el 2020 irá seguida de una recuperación relativamente intensa en los tres años posteriores», admite. Los vientos de cola serán los precios bajos de la energía, el dinero barato que está inyectando el Banco Central Europeo (BCE), la demanda interna y el potencial impacto de los fondos de recuperación europeos (Next Generation EU). Las principales amenazas son el brexit y la perspectiva de una tercera ola.

Aunque el empleo notará los efectos de la pandemia con algo de retraso, el Banco de España ya detecta problemas en el mercado laboral: «La mejoría del verano se ha frenado desde octubre». Si el país se desvía del escenario central, los daños podrían tener «carácter más persistente». El desempleo seguirá por encima del 14 % a finales del 2023. Hasta entonces tampoco se recuperará el nivel de actividad previo a la pandemia.

Ayudas europeas

El supervisor español desinfla también las esperanzas de una recepción temprana de las ayudas de la UE y una ejecución récord del dinero. Además rebaja a la mitad la contribución de estos fondos al PIB, que limita al 1,3 % en el 2021. La incertidumbre sobre los plazos, la capacidad de ejecución de las Administraciones españolas y el efecto multiplicador en la economía, le hacen ser cauto. En tres años España no habrá recibido ni la mitad de los fondos que tiene a su disposición (140.000 millones euros, de los que 72.000 son a fondo perdido).

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