Mathias Cormann coge el relevo en el club de los ricos

El que fue ministro australiano de Finanzas sucede al mexicano Ángel Gurría al frente de la OCDE


Se acabó la racha. La de los nombramientos femeninos al frente de la principales instituciones financieras internacionales. Esa que ha colocado a un buen número de ellas en puestos clave para la toma de decisiones económicas a nivel mundial: Christine Lagarde (presidenta del BCE), Kristalina Gueorguieva (directora general del FMI), Janet Yellen (secretaria del Tesoro estadounidense), Ngozi Okonjo-Iweala (directora general de la OMC)...

Se ha terminado esta semana en París. Y con un nombramiento un tanto polémico. El del exministro australiano de Finanzas Mathias Cormann como secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, el club de los 37 países más ricos del mundo), en sustitución del mexicano Ángel Gurría. 

Se ha impuesto en la pugna a una mujer. La excomisaria europea Cecilia Malmström. Y eso que la sueca partía como favorita en las quinielas. Pero no ha podido ser. Y que en contra de Cormann jugaba su escepticismo frente al cambio climático. Tanto, que hace apenas un par de semanas, casi una treintena de oenegés, entre las que se contaban Oxfam y Greenpeace, advirtieron públicamente que no era el «candidato adecuado» para llevar las riendas de una OCDE que debe «liderar la lucha contra el cambio climático». Ni por esas.

Claro que el belga no ha tenido reparo alguno en sumarse a esa tendencia tan en boga últimamente del donde dije digo... Y, desde que se supo que estaba con un pie en el puesto de mando de la OCDE, se ha cuidado muy mucho de soltar cualquier inconveniencia. En todas sus declaraciones ha insistido desde entonces con vehemencia en lo de su compromiso en materia medioambiental. Y eso que durante su extensa etapa al frente del Ministerio de Finanzas australiano -en el que ha estado casi ocho años­- sus políticas se acercaron, y mucho, a las de un negacionista del calentamiento global. «Necesitamos una acción genuina, ambiciosa y eficaz contra el cambio climático que sea también económicamente responsable», declaró a medios de su país poco antes de su elección. Y en el comunicado emitido tras saberse ganador abundó en ello para despejar dudas: «A medida que el mundo avanza en la lucha contra los efectos de la pandemia más grave sufrida en más de un siglo, nuestra misión esencial del pasado -promover un crecimiento económico más fuerte, limpio y justo y aumentar los niveles de empleo y vida- sigue siendo el objetivo más importante de cara al futuro». Y hasta se comprometió a «dirigir y promover un liderazgo global en materia de acción ambiciosa y eficaz contra el cambio climático para lograr el objetivo de cero emisiones en el 2050».

Ya se sabe que rectificar es de sabios... o de espabilados, según se mire. Nacido en la localidad belga de Eupen en 1970, Cormann habla inglés, alemán, francés, neerlandés y flamenco. Antes de emigrar a Australia, donde hizo carrera en el Partido Liberal hasta llegar a hacerse con la cartera de Finanzas estudió Derecho en su Bélgica natal. Jugó un papel clave en la victoria del actual primer ministro, Scott Morrison. A decir de los entendidos, no lo va a tener fácil en su nueva etapa al frente de la OCDE. Una, por ese pasado cuasi negacionista que les comentaba hace unas líneas. Y dos, por el calado de algunos de los desafíos que tiene sobre la mesa: un acuerdo sobre la llamada tasa Google, y avanzar en la aplicación de un impuesto global a las emisiones de dióxido de carbono. Casi nada.

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