El Papa prohíbe a los funcionarios vaticanos aceptar regalos de más de 40 euros

Con la nueva ley anticorrupción, los directivos de la Curia romana tendrán que certificar que no tienen condenas por fraude, evasión fiscal o lavado de dinero negro Roma

El papa Francisco
El papa Francisco

Colpisa

El papa Francisco va a ser el único funcionario de la Santa Sede que podrá recibir regalos por valor de más de 40 euros, como los que habitualmente le entregan los jefes de Estado y de Gobierno cuando son recibidos en el Palacio Apostólico. El resto de trabajadores de la Curia romana tienen prohibido recibir y solicitar presentes por valor superior a la citada cifra: lo prevé la nueva ley anticorrupción hecha pública este jueves por el Vaticano y firmada el pasado lunes por Jorge Mario Bergoglio.

Con esta normativa, los cardenales y directivos de los organismos de la Santa Sede tendrán además que firmar una declaración en la que aseguran que no tienen condenas ni están siendo juzgados o investigados por fraude, terrorismo, lavado de dinero negro, explotación de menores, evasión fiscal o corrupción. Tampoco se les permite tener inversiones en paraísos fiscales o participaciones en empresas que actúen en sectores considerados contrarios a la doctrina social de la Iglesia católica.

Deberán firmar este documento en el que certifican su trayectoria penal intachable tanto en el momento de iniciar su relación laboral con la Santa Sede como cada dos años.

La nueva ley anticorrupción, aprobada con un 'motu proprio' del Papa, llega casi un año después de la aprobación de otra norma que marcó un antes y un después en la forma de gestionar a los proveedores y contratistas por parte del pequeño Estado, en demasiadas ocasiones influenciadas por las amistades o los intereses personales. Se trata del código sobre la transparencia, control y competencia en los procedimientos de adjudicación de contratos públicos de la Santa Sede y del Estado del Vaticano.

En el preámbulo de la nueva ley, Bergoglio justifica las ulteriores restricciones porque la corrupción «puede manifestarse en diferentes modalidades y formas, incluso en sectores distintos de la contratación pública». Por ello considera necesario intervenir en las distintas áreas para evitar «los conflictos de intereses, las modalidades clientelares y la corrupción en general». Con esta normativa la Santa Sede se ajusta a las prácticas aconsejadas por la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción.

En sus ocho años de pontificado, Francisco ha realizado numerosos llamamientos contra este problema, que considera una «forma de blasfemia», «un cáncer que se lleva nuestras vidas». Así lo calificó en el prólogo del libro 'Corrosione' (Corrosión), del cardenal Peter Turkson. Pese a sus continuos proclamas, las sospechas de corrupción también han salpicado a uno de sus hombres de máxima confianza.

Es lo que ocurrió con el purpurado Angelo Becciu, que en su período como número dos de la Secretaría de Estado (2011-2018) realizó una polémica inversión en un edificio situado en un lujoso barrio de Londres que está siendo investigada por la Fiscalía vaticana. Hasta el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, consideró que se había tratado de una operación «opaca».

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