Pablo Iglesias dilapida el legado de la España «indignada» y deja a Podemos a la deriva

Renuncia a su escaño en la Asamblea de Madrid y completa su fuga de la política tras pasar en solo siete años por el Parlamento Europeo, el Congreso de los Diputados y la Vicepresidencia del Gobierno

En la foto de la asamblea fundacional de Vistalegre, en octubre del 2014, Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Tania González
En la foto de la asamblea fundacional de Vistalegre, en octubre del 2014, Carolina Bescansa, Luis Alegre, Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón y Tania González

Pablo Iglesias Turrión (Madrid, 1978) ya se ve a sí mismo en los libros de Historia. Sostiene que le entran mareos cuando echa la vista atrás y contempla todo lo que ha conseguido desde la fundación de Podemos en el 2014. Pocos dudan de que la entrada en escena de la formación rupturista y de Ciudadanos hizo saltar por los aires un bipartidismo que hasta entonces se repartía cómodamente el 80 % de los escaños del Congreso. Pero resulta difícil apuntar logros concretos de su paso por el Gobierno. Queda, eso sí, la velocidad. Entre su irrupción y el anuncio de que abandona la política han pasado solo siete años. Suficientes para dilapidar el legado que había depositado en sus manos la España «indignada» por la atroz gestión de la crisis financiera del 2008 y por los casos de corrupción que arrastraban PSOE y PP.

La mayor contribución de aquel incipiente tertuliano televisivo y profesor de Políticas de la Complutense a la escena nacional fue su certera lectura de la movilización ciudadana contra el austericidio aplicado por Bruselas, Berlín y Madrid a la clase media española. Supo ver que el 15M no era un movimiento pasajero y que el malestar era profundo y tenía causas complejas.

Purgas internas

Así nació Podemos, para canalizar esa indignación y traducirla en votos en las urnas. De la foto fundacional del partido en el pabellón de Vistalegre en el 2014 ya no queda nadie. Hasta el martes, solo sobrevivía el propio Iglesias —y, ya en muy segundo plano, Juan Carlos Monedero —. Carolina Bescansa, Íñigo Errejón y Luis Alegre fueron depurados en las sucesivas purgas ordenadas por el hasta ahora secretario general de Unidas Podemos, que también resolvió con la escisión la revuelta del sector anticapitalista de Teresa Rodríguez.

Imagen tomada en julio del 2015 en A Coruña que reunía al portavoz nacional de Anova, Xosé Manuel Beiras, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en un momento de relax tras el encuentro político que habían mantenido
Imagen tomada en julio del 2015 en A Coruña que reunía al portavoz nacional de Anova, Xosé Manuel Beiras, y el líder de Podemos, Pablo Iglesias, en un momento de relax tras el encuentro político que habían mantenido

La breve historia de Podemos se condensa en las depuraciones internas y en los saltos de su líder de cargo en cargo. En el 2014, Iglesias se hizo con un escaño en el Parlamento Europeo. Apenas duró unos meses en el puesto. En el 2015, ya ocupó plaza en el Congreso, donde repitió en la espiral de comicios del 2016 y el 2019 (abril y noviembre). Prometió «asaltar los cielos» del poder, pero en esa cuarta tentativa, y desde una posición ya muy debilitada, selló el «pacto del abrazo» con Sánchez y entró en el Gobierno de coalición con una vicepresidencia de Derechos Sociales para él y cuatro ministerios para los suyos.

Parecía que había tocado al fin su ansiado cielo. El líder de Unidas Podemos había llegado a la Moncloa y —tras lograr la aprobación en referendo de «los inscritos y las inscritas»— se había instalado junto a su pareja, la ministra Irene Montero, en un confortable chalé de Galapagar. Pero las refriegas de la Moncloa tienen poco que ver con la batalla de Stalingrado. A Iglesias le aburría escribir en el BOE y dedicarse a la gestión del día a día. Echaba de menos la pancarta y se comportaba como si aún estuviese en la oposición. Por las noches, hallaba consuelo en Twitter, donde revisaba series de Netflix y comentaba la actualidad como si fuese un analista más.

Cuando el pasado marzo, Ayuso convocó elecciones en la Comunidad de Madrid, decidió dimitir como vicepresidente para presentarse. Se estrelló en las urnas, y el martes anunció que abandonaba la política para dedicarse al «periodismo crítico» en los platós, el terreno de juego donde se encuentra más cómodo, a pesar de sus continuos ataques a los medios.

Deja el partido y su mitad del Gobierno en herencia a la vicepresidenta Yolanda Díaz. Y vuelve a ser tertuliano. El único empleo al que nunca ha renunciado.

El auge y el declive del caudal político de Podemos en 7 años

De casi 600.000 votos en Madrid pasa a menos de la mitad

mercedes lodeiro

Desde el 2014 y en menos de siete años, Pablo Iglesias creó Podemos con rescoldos del 15M, intentó asaltar el cielo, dar el sorpasso al PSOE, fue vicepresidente de un Gobierno cuyo presidente dijo que no dormiría tranquilo con él en el Consejo de Ministros, y dejó la vida política.

El recorrido de Podemos es paralelo. En el 2014 se estrena en las elecciones al Europarlamento logrando la tercera posición con más de 1.200.000 votos. En las generales del año siguiente y en las del 2016, aprovechando la crisis de liderazgo de Pedro Sánchez en el PSOE, pasa de 40 diputados y más de tres millones de sufragios (más de cinco con sus confluencias). El seísmo en el tablero político a partir de entonces es tremendo. En las municipales se hace con alcaldías del nivel de Madrid, Barcelona, Cádiz, Zaragoza y las gallegas A Coruña, Ferrol y Santiago en coalición con las Mareas. Lanza una oferta a Sánchez para gobernar, pero Podemos, aunque logra arrimar a IU a su lista, no adelanta a los socialistas en el Congreso.

Desde las elecciones del 2019 comienza el ocaso de la formación morada. En las generales de abril obtiene cerca de tres millones de votos, pero en la repetición de noviembre ya se deja quinientos mil. El declive continúa. En las madrileñas de ese año no llega a doscientos mil apoyos cuando cuatro años antes había tenido cerca de seiscientos mil.

Le pasa factura la crisis de Vistalegre II, cuando Íñigo Errejón tomó distancia de Iglesias; en Andalucía Anticapitalistas de Teresa Rodríguez se revuelve contra el liderazgo único; personalidades relevantes en la formación como Carolina Bescansa y Juan Carlos Monedero dan un paso atrás; las direcciones de Aragón, País Vasco, Cataluña, Cantabria y La Rioja no comulgan con la nacional; y en Madrid dimite el secretario general Ramón Espinar.

El fatídico 2019 sigue con la desaparición de Podemos en Parlamentos de Cantabria y Castilla-La Mancha; en el 2020, en el de Galicia, y con una importante merma en otros como en el vasco, donde queda reducido a la mitad. En las municipales no concurre en Madrid y pierde A Coruña, Santiago, Ferrol y Zaragoza.

Además de la oferta de Iglesias a Sánchez y que este rechazó en principio, tras la repetición electoral ambos tragaron saliva y formaron un Gobierno de coalición. El mismo año horrible para Iglesias, el 2019, comienza el auge de su otrora compañero Errejón, quien funda Más País y, tras obtener 20 escaños en la Asamblea de Madrid ese año frente a los 7 de Podemos, este martes se tomó la revancha, subió a 24 y 600.000 votos. Iglesias no llegó a 300.000.

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manuel varela

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Vox se fue en la campaña hasta Villanueva del Pardillo, un pueblo confinado, para llenar una plaza y exigir que se acabasen las limitaciones de movilidad. Además de cargar contra Pedro Sánchez y Podemos, Rocío Monasterio y Santiago Abascal dedicaron una mínima parte de su discurso a recordar a los vecinos de la localidad que Ciudadanos se había olvidado de ellos en los dos últimos años. La formación naranja fue primera fuerza allí en el 2019 con el 27 % de los votos, uno de sus mejores resultados. Y así volvió a ser este martes, aunque con solo el 4 % de los sufragios.

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