Las claves del juicio en el que Johnny Depp venció a Amber Heard

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Amber Heard espera la lectura del veredicto
Amber Heard espera la lectura del veredicto EVELYN HOCKSTEINPOOL | EFE

El jurado popular considera que hubo difamaciones mutuas, pero penaliza a la actriz y deduce que sus acusaciones de violencia de género y malos tratos fueron falsedades

03 jun 2022 . Actualizado a las 09:45 h.

Amber Heard y Johnny Depp fueron una de las parejas de oro del cine. Pero el duro juicio público y televisado al que se han sometido en las últimas seis semanas, desvelando algunos de los aspectos más sórdidos de su vida privada, ha sido el gran taquillazo de Hollywood con millones de espectadores a través de los medios y de internet. El proceso desveló al mundo la imagen de una relación tóxica y turbulenta, pero no se trataba de juzgar si hubo entre ellos malos tratos ni agresiones físicas o sexuales, sino de dilucidar si se difamaron el uno al otro y se perjudicaron mutuamente con ello. La victoria de Johnny Depp en el juicio parece contundente. El veredicto del jurado popular, formado por cinco hombres y dos mujeres, considera que hubo difamaciones mutuas, pero que la actriz perjudicó al protagonista de Piratas del Caribe en una proporción mucho mayor. De sus conclusiones se deduce que las acusaciones de violencia de género y malos tratos han sido consideradas falsedades.

Cuando a las nueve de la noche del miércoles (hora española) se leía en la sala el veredicto del jurado de Fairfax (Virginia), solo Amber Heard estaba presente, vestida de negro y con gesto cabizbajo. El jurado consideró que Amber Heard «cometió difamación contra su exmarido Johnny Depp» por acusarlo de maltrato en la columna que escribió en 2018 en el diario Washington Post, un artículo que fue el detonante de este enfrentamiento.

Según el veredicto, tres frases contenidas en el texto publicado son prueba suficiente de la intención difamatoria de Heard: «Hablé contra la violencia sexual y me enfrenté a la ira de nuestra cultura. Eso tiene que cambiar»; «hace dos años me convertí en la figura pública que representaba el abuso doméstico y sentí toda la fuerza de la ira de nuestra cultura hacia las mujeres que hablan» y, por último, «tuve la ventaja de ver, en tiempo real cómo las instituciones protegen a los hombres acusados de abusos».