Jaume Funes, psicólogo: «El abandono emocional de un niño es mucho más terrorífico que el maltrato»

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«Con los adolescentes hay que dejarse engañar», aconseja este terapeuta que lleva 40 años como el guardián entre el centeno de la pubertad. «Hay tiempos claves de la infancia que explotan después», avisa

26 oct 2022 . Actualizado a las 09:50 h.

¿Cómo se cuida la salud mental y qué es lo que la echa a perder?, ¿sufrimos más depresiones que antes, cada vez más pronto o es que el foco está ahí? A cuestiones como estas responde, y sobre ellas invita a reflexionar, el psicólogo experto en adolescencia Jaume Funes, autor de obras como Quiéreme cuando menos me lo merezca... porque es cuando más lo necesito o Cuando la vida nos duele. No le oirás decir lo que se ha convertido en un tópico: «Después de la pandemia del covid, vendrá la pandemia de la salud mental». Porque Funes matiza que quiere apuntar malestares previos, que estaban ya ahí antes, pero quizá hasta el 2020 andaban más dormidos, o eras más fáciles de disimular u ocultar. Recuperar los besos perdidos es importante, según él. Como entender que no abrazar a un niño, no acercarse emocionalmente a él, puede ser otra forma de maltrato con heridas que a veces cuesta ver. 

1. La vida duele inevitablemente, nos adviertes en «Cuando la vida nos duele». ¿Cómo hacemos que nos duela menos?

Está bien pensar, como mínimo, qué podemos hacer para no causar dolor a otros. Igual, si nos miráramos algo menos el ombligo, algunos padecerían menos...

2. Nuestra fragilidad ha quedado al desnudo. ¿Por qué vivimos tan a la defensiva, a flor de piel, es debido a nuestro ego?

Nos hemos construido en el individualismo egoísta y parece que para ser tú tienes que pisar a otros. Llegas a pensar que el otro es un estorbo en vez de una ayuda. Y no es así, no hay vida sin el otro. Nos hemos olvidado de la solidaridad básica. Y hemos tenido que montar programas de solidaridades específicas: con las mujeres, con los negros...

3. Los adolescentes nos llevan ventaja en esto. No saben estar sin sus amigos...

Sí. Los adolescentes tienen una profunda solidaridad emocional. Al adolescente, si le preguntas «¿qué vas a hacer con tus amigos», te dice «¿qué voy a hacer?, estar».

4. Estar es importante. Pero también hay que aprender a estar solo, ¿no? Muchos (niños y adultos) no resisten una hora de inactividad en soledad.

No debemos confundir el derecho a estar solo con la solitud, con el estar más solo que la una, sintiendo algo como: «Si me muero, a nadie le va a importar».

5. ¿Cómo encontrar el equilibrio entre apego y desapego, entre el cuidado de uno y el de los demás?

Ese equilibrio no lo podemos marcar del todo nosotros. No hay que estar en un bucle de mal rollo por no tener tiempo para uno mismo, pero algún rato hay que dedicarse. Las vidas siempre dedicadas a la acción o a lo que otros proponen, al final, acaban pasando factura.

6. ¿La vida nos duele más ahora? Aumentan el suicidio, la ansiedad, las depresiones...

Ya pasaba antes de la pandemia; la principal causa de muerte por accidente entre los adolescentes ya era el suicidio. El caso es: ¿cuáles son las vías de expresión del malestar? No es que hayan aumentado los trastornos de la alimentación entre las adolescentes, sino que la única vía que tienen muchas chicas para expresar su desacuerdo con la vida es su cuerpo.

7. ¿Por qué aumentan las autolesiones en niños y adolescentes?

Hay chicas que me cuentan que se hacen daño para calmarse, para sentir menos dolor. Es fuerte la presión que sienten. Otros la descargan liándose en peleas con los demás...

8. ¿Qué podemos hacer los padres ante casos así?

Primero, no cabrearnos. Los hemos dejado tan solos con sus emociones y sentimientos...

9.¿Cómo hacemos para acompañar la adolescencia sin geolocalizarlos, sin invadir su mundo? Porque les llenamos de cosas materiales, de planes, de preguntas, de vivencias múltiples que construimos los adultos, pero nos cuesta resistir su sus dudas, su cansancio, su vulnerabilidad...

En mi decálogo sobre cómo preguntar a los y las adolescentes y obtener respuestas útiles, digo que con los adolescentes hay que dejarse engañar. No que te engañen porque eres tonto y no te enteras de la película, sino dejarte engañar consciente de lo que ocurre para que vaya saliendo la información, la verdad. Lo que más necesita tu hijo es saber que te preocupa su felicidad. Ellos hablan de manera perifrástica, de lo que «hace un amigo», de lo que les pasó a otros... Como madre, tú debes ir dejando cosas indirectamente, piedrecitas en el camino. ¡El silencio ellos tampoco lo quieren! Ellos quieren saber qué piensas, pero no que se lo digas directamente.

10. ¿Es perjudicial la sobreprotección, el hipercontrol les hace en realidad más frágiles antes los problemas y los chascos habituales de la vida? 

Y tanto. Una chica escribió un texto que decía: «Nos queréis proteger y, en el fondo, nos estáis dejando solos ante nuestras preocupaciones». Muchos padres no saben ni cómo gestionar su propia inseguridad. Y el «todo vale» y el «da igual» no sirven con los adolescentes. No debe haber dogmas, pero sí tiene que haber criterios que sirvan de guía. Uno de los dramas adolescentes es que a veces los dejamos en la absoluta fragilidad del «todo da igual».

11. ¿Los problemas que surgen en la adolescencia vienen en general arrastrados de la infancia?

No siempre, muchos son conflictos típicos de la adolescencia, pero sí hay tiempos de la infancia claves que explotan después. En la adolescencia se paga la factura de eso de lo que les privamos de niños. Es mucho más terrorífico el abandono emocional que el maltrato, levantarse cada día sin ser abrazado, por ejemplo... Nos preocupamos de prevenciones y no de que tengan infancia. La infancia está en peligro de extinción. No hagamos pagar a los niños lo que es nuestra realización personal o la supervivencia económica. ¿Qué necesita un niño, qué necesita la infancia? Piensa que ese cuento, ese abrazo, ese juego, esa relación... De eso no los podemos privar.

12. Me marcó una frase que me dijo mi hija mayor una vez que me vio llorar: «Las madres no lloran». ¿No deberíamos llorar en presencia de los hijos, hace que ellos se sientan inseguros, les hiere nuestra fragilidad?

Cuando lloras delante de tu hijo le estás dando dos mensajes: «Me siento impotente» y «Me gustaría encontrar contigo una solución». Está bien que los niños descubran que tienen padres con sentimientos. La fortaleza tuya como madre no es no llorar, sino ser capaz de analizar lo que te pasa y mirar de buscar una respuesta. Tenemos que acostumbrarnos a la certidumbre de la duda.

13. Las palabras curan, sostienes. Esto es algo difícil de probar...

Las palabras curan, pero la palabra necesita ser escuchada. ¿Pero dónde la escuchan? La palabra te da el poder de construir tu propio relato. Somos vidas con memoria. Hay médicos capaces de decirle a una paciente que deje el luto. ¿Cómo es posible? No hay apresurarse a pasar página ni hay que olvidar, hay que aprender a colocar el dolor.

14. Y no hay manual...

A veces los profesionales de la salud mental tiramos de manual, y no puede ser. No todas las caras de tristeza son iguales, no hay dos historias de depresión iguales. Sí hay rasgos comunes en el dolor.