Ascensión Cambrón, profesora honoraria de Filosofía del Derecho: «Para que Ana Obregón sea abuela adoptiva tiene que ser Lequio quien lo autorice legalmente»

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Ascensión Cambrón en una imagen de archivo
Ascensión Cambrón en una imagen de archivo MARCOS MÍGUEZ

La experta en bioética asegura que el juez de la sala de lo civil que tenga que dar por buena la inscripción de esta niña en el registro tiene un papelón. «Sus abogados pueden interpretar las disposiciones que hay, pero no se pueden sacar normas de la manga», indica

07 abr 2023 . Actualizado a las 11:36 h.

Ascensión Cambrón es profesora honoraria de Filosofía del Derecho de la Universidade da Coruña y un pozo de sabiduría en temas de bioética. Ella explica de manera pormenorizada todo el debate que se ha generado alrededor de Ana Obregón, tras conocerse que ha sido abuela a través de la gestación subrogada de una niña que es hija de Álex Lequio, fallecido hace tres años a causa de un cáncer.

—¿Te parece lo que ha hecho Ana Obregón un caso de egoísmo?

—Yo creo que sí. Ella cree que esta criatura le va a suplir la compañía del hijo, pero cuando la niña le pueda aportar esas satisfacciones, Ana Obregón no sé si la va a poder percibir. Me parece un acto de egoísmo y de la gente de la farándula, que no reflexionan.

 —Lo que no entiendo es que Ana Obregón haga algo ilegal en España y llegue aquí y sea todo legal.

—Aquí no lo tienen todo legal. Una pareja que tiene un hijo por vientre de alquiler tiene que traer una sentencia de que le han reconocido al hijo en el lugar en el que se ha llevado a cabo la gestación subrogada. Se identifica y certifica que uno de los dos miembros de la pareja ha aportado material genético (óvulos o esperma) y el consorte que no ha aportado material genético aparece como madre o padre adoptivo. No es sencillo.

 —Hemos sabido ahora que Ana Obregón ha usado el material genético de su hijo fallecido.

—Sí, y eso genera otra serie de conflictos a nivel legal. Moralmente no hay por dónde cogerla. Pero yo no tengo derecho a juzgarla.

 —Al parecer, su hijo expresó la voluntad de que se generase una vida con su material genético después de su muerte.

—¿Pero por qué hay que respetar la voluntad de un sujeto cuando eso afecta a la responsabilidad de otros? Ese chico no tiene ningún derecho sobre nada. Como si pide que su madre se embarque a la Luna. No todo lo que una persona enferma que va a morir deja dicho genera obligaciones en los otros.

 —¿Legalmente se puede hacer?

—Hasta ahora no hay constancia de que se haya podido hacer. Es decir, si se ha hecho, ellos habrán visto cómo lo legalizan. Porque habrán explicitado que es el semen del hijo, pero el hijo ahora deja una responsabilidad a otros. Si quieren asumirla, ellos verán cómo lo llevan a término. Ahora se verá si podrán inscribir a esa niña como hija de españoles, es un problema legal, porque no hay precedentes.

 —¿No?

—No. Entonces, a tenor de una sentencia del Tribunal Supremo más una directiva aprobada en el 2010 del Registro del Notariado, al que le corresponderá ser tutor de esa criatura sería a Lequio.

 —¿Por qué no a Ana Obregón?

—Pues porque por la vía de filiación es por el padre.

 —Pero ella es la madre de Aless.

—Sí, pero en todo caso el que tendría que ser el tutor de ese niño sería el padre, porque por vía patrilineal al que le correspondería sería al padre. Pero al parecer es ahora la madre (la abuela de la niña) la que se ha hecho responsable del bebé.

—La situación parece tensa entre ellos.

—Es que no me dirás que el tinglado que han montado... El juez de la sala de lo civil que tenga que dar por buena la inscripción de esta niña en el registro tiene serios problemas, un papelón. A ver cómo teje eso.

 —Tendrán buenos abogados...

—Pero los abogados pueden interpretar las disposiciones que hay, pero no se pueden sacar normas de la manga. Se tiene que ajustar a la ley y a la jurisprudencia de otros casos anteriores.

 —Se priorizará el beneficio de la menor.

—Sí, pero en casos en los que un miembro de la pareja aporta material genético, inmediatamente el otro pasa a ser padre o madre adoptiva. Pero en este supuesto, ¿puede ser ella la abuela adoptiva? En ausencia del padre, seguro que podrían, pero como Lequio está vivo, tendrá que consentir ese deber. Y además, le ha puesto Lequio de apellido, es muy retorcido todo.

 —¿Y si es la abuela, puede ser ella la tutora legal y registrarla aquí?

—En puridad con la norma puede ser la abuela adoptiva, si Lequio lo autoriza.

 —Para que Ana Obregón sea madre adoptiva, ¿tiene que autorizarlo Lequio?

—Sí, tiene que aparecer Lequio como el tutor de esa niña legalmente.

 —Ana Obregón ha dicho que en España estamos muy atrasados en la gestación subrogada.

—¡Sí, hombre! Costó tiempo abolir la esclavitud, que aún en Cuba se hizo en 1898, y ahora vamos a introducir los vientres de alquiler como legítimo. No, no es legítimo.

 —¿Pero dónde están los límites?

—En la ley de reproducción asistida está prohibido que si el marido tiene el semen congelado, a su fallecimiento, la viuda use ese material genético. Claro, porque imagínate que un hombre dice en su testamento que a su muerte fecunden a su mujer con su semen, le deja una obligación que ella no tiene por qué cumplir. Y si quisiera, tampoco podría hacerlo legalmente. Post mortem no se puede. No puede porque eso afecta a las herencias también.

 —¿Cada vez veremos a mujeres más mayores dando a luz a sus propios hijos?

—Sí, sí. A las mujeres con 47 o 50 años las están fecundando. La edad límite en la fecundación son los 45, pero ¿quién vigila eso? Es una decisión de una mujer que libremente se somete a una reproducción asistida y los médicos prueban y prueban. Como media la libre petición de una persona adulta, y no hay quien vigile esto, pues allá vamos.

 —Parece paradójico que las mujeres jóvenes congelen óvulos para ser madres tardías, ¿no?

—Pero esto ocurre poco. Hay quienes relacionan la reproducción asistida, donde tenemos una buena ley, con la maternidad subrogada. Hay quienes dicen que hay que legalizar este tipo de maternidad y que los niños o niñas nacidos por este método tienen derecho a conocer de dónde han nacido. Y esto es contradictorio con la ley de reproducción asistida en España, que hace de nuestro país un paraíso para la reproducción asistida. No te puedes imaginar en las zonas fronterizas de España cómo acuden mujeres de Francia, el Reino Unido... a fecundarse aquí, porque en esos países tienen una ley en la que el nacido por reproducción asistida tiene derecho en su mayoría de edad a conocer al progenitor. Aquí se niega ese derecho, aunque hay un registro de la Administración de quién ha sido el donante, por si hay alguna patología que pueda tener efectos sociales comunitarios.

 —¿Y aquí por qué no?

—Porque entonces la compra de óvulos y de semen disminuiría, nadie quiere que a su puerta llame alguien y le diga: ‘Oye, que soy tu hija’.

 —¿Tú estás de acuerdo con la ley de reproducción de aquí?

—Sí, en general sí, es bastante garantista, pero en núcleos jurídicos y éticos se habla de que ese derecho del nacido se debería corregir. Que puedan saber quiénes son sus progenitores, pero ahí entra la corporación médica, que tiene sus intereses. Yo creo que deberían tener ese derecho los niños nacidos por reproducción asistida.

—Como aquí no se conoce a los donantes, ¿podría darse el caso de que se enamorasen sin saberlo dos hermanos?

—La ley ya limita el número de donaciones y obliga a la Administración a tener un registro. En el papel está controlado, pero en la práctica, ya sabes.

 —¿Qué te parece que cada vez haya mujeres que deseen ser madres pasados los 60?

—Me parece una barbaridad, ya sea por gestación subrogada o por la opción natural, que es imposible.

 —¿Piensas que la gestación subrogada es violencia contra la mujer, como dice parte del Gobierno?

—No porque lo diga el Gobierno, pero yo creo que la maternidad subrogada es un eufemismo para no llamarlos vientres de alquiler. Y esos términos se usan para cauterizar la conciencia. Pero la realidad es esa. Desde Tita Cervera a Miguel Bosé han recurrido a ella, ¿y eso qué denota? Que solo es un recurso al alcance de quienes tienen poder económico. ¿A costa de qué? De que hay mujeres sin recursos para subsistir, incluso para atender a otros hijos que tienen previamente. Y esto les aporta una entrada importante de dinero. Se dice que se pagan 150.000 euros por un vientre de alquiler, pero las mujeres no han cobrado eso, cobran mucho menos. Hay estudios, llevo años con esto, que apuntan que las mujeres cobraban 10.000 euros en el mejor de los casos.

 —¿Y si una mujer desea hacerlo de forma altruista?

—Ese es un supuesto que cabe cuando a una mujer joven, por ejemplo, le han extirpado el útero, ovula pero no puede gestar ese hijo. Y si hay una relación de afecto, de confianza... Una amiga, una hermana, una madre... Esos supuestos, que es el caso de la regulación en Portugal, podrían considerarse, aunque no están exentos de problemas.

 —¿Por qué?

—Imagínate que una hermana gesta un bebé de otra, en las relaciones de filiación familiar, ¿ese niño qué relación tiene con los hijos de su tía que lo ha gestado? Esos son conflictos simbólicos, pero no son baladíes. ¿Y si gesta el embrión de la hermana y el niño tiene síndrome de Down?

 —Bueno, pero esa gestación sería similar a una donación. El material genético lo aporta una y la otra es la que gesta.

—Sí, ahí lo que media es la generosidad, pero estoy segura de que, una vez que se regulase para eso, sería muy difícil parar la dinámica del dinero.

 —Da la sensación de que lo de la gestación subrogada es imparable.

—No la hay en tantos países, no creas. Pero piensa que en Ucrania han descubierto a mujeres en centros, recluidas tipo granja, para gestar a niños de encargo. Eso es el horror. Como todo lo que se pone nuevo en el mercado, esto es accesible a quien mucho tiene y siempre en detrimento de los de abajo.

 —Volviendo a Ana Obregón, ¿ves lógico que no haya pasado ningún tipo de filtro psicológico?

—Esta mujer es poco reflexiva, ¿eh? Porque pone los pelos de punta eso de «ya no volveré a estar sola». Es de una simpleza que asombra.

 —Como sociedad parece que no somos capaces de aceptar la vida que nos toca.

—Eso es. Y hay gente a la que no le queda soñar con nada más y se tiene que resignar. Pero hay otros con recursos que se permiten todas las aventuras, los que tienen una insatisfacción en su vida cotidiana que la tienen que llenar con lo que el dinero les posibilita.