Los autores de la masacre en Australia llevaban armas legales y banderas islámicas

Bea Abelairas
Bea abelairas REDACCIÓN / LA VOZ

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El hijo se había radicalizado tras perder el trabajo y la policía lo investigó en el 2019 por su relación con una célula terrorista

16 dic 2025 . Actualizado a las 18:33 h.

El pasado domingo, Bondi, una de las playas más famosas de Australia, se transformó en la escena del atentado más mortífero que Australia ha sufrido en los últimos 29 años. Sajid Akram y su hijo, Naveed Akram, segaban la vida de 15 personas y dejaban a 42 heridas. La masacre se ejecutó con armas de fuego adquiridas legalmente, ya que el padre poseía un permiso y la policía encontró hasta seis unidades en su casa del suroeste de Sídney.

Sin embargo, en el coche solo llevaban cuatro rifles, a pesar de que querían asegurarse la masacre, porque también portaban explosivos y hasta banderas islámicas, que se podían ver desde el exterior del vehículo, según informan medios locales. Los investigadores analizan los movimientos de padre e hijo de los últimos meses para descubrir si formaban parte de alguna célula terrorista, según informan desde ABC News Australia.

El primer ministro australiano, Anthony Albanese, lo descarta por ahora, pero reconoció que ambos estaban fuertemente influenciados por la ideología del Estado Islámico, una motivación que los investigadores rastrean analizando sus movimientos para determinar si tienen cómplices. De hecho, el hijo, Naveed, ya había estado en el punto de mira de la inteligencia australiana en el 2019 por sus vínculos con grupos islámicos, aunque en su momento fue descartado, según aseguró el propio Albanese.

Un albañil en paro de 24 años

Sajid era frutero y llegó a Australia hace 27 años, tres antes del nacimiento de su hijo Naveed. Fue encadenando permisos de residencia, el primero por estudios; su hijo nunca los necesitó, ya que era un australiano más: un albañil de 24 años que había perdido recientemente su trabajo. Aunque inicialmente se difundió que la familia era originaria de Pakistán, compañeros de Naveed revelaron a una televisión local que su padre era indio y su madre italiana.

El joven se fue radicalizando y «alejando de la gente» hasta tomar la determinación de ametrallar a una multitud. Lo hicieron con una saña indescriptible: los vídeos del Janucá junto al mar convertida en pesadilla muestran que, incluso después de que Sajid, de 50 años, fuera abatido por los disparos de la policía, Naveed siguió disparando con un frenesí macabro a unos metros de su padre desangrándose en el suelo. Su madre contó ayer al diario The Sydney Morning Herald que era un hijo ejemplar. Naveed está en estado crítico en el hospital, donde también se recuperan 27 de las 42 víctimas. Una de ellas es una niña de diez años, la misma edad que la pequeña Matilda, que murió en la playa. Otro de los fallecidos es Alex Kleytman, de 87 años, un sobreviviente del Holocausto que cayó mientras protegía a su esposa Larisa.

La indignación ante el fallo de prevención provocó muchos abucheos en las concentraciones por los fallecidos, algo a lo que el Gobierno australiano reaccionó anunciando cambios en la legislación de tenencia de armas. Ahora se plantean eliminar los permisos de por vida, limitar su número y restringir las licencias solo a ciudadanos australianos.

Mientras tanto, el atentado ha abierto una brecha de odio en el país. La ONU emitió un comunicado solicitando que este atroz ataque no se use «para sembrar más odio». El rabino Mendel Kastel de la Casa Judía, que vivió el tiroteo en el que sus familiares resultaron malheridos, aseguró: «Estamos en shock, pero tenemos que parar este odio», según dijo a una televisión local.

En medio de la tragedia, el país ha encontrado un héroe: Ahmed al Ahmed, un estanquero musulmán de origen sirio, que desarmó al tirador fallecido tirándose sobre él. Terminó con dos balazos en el hospital, pero este lunes aseguró al primer ministro de Nueva Gales del Sur que lo volvería a hacer, sin dudarlo.