El más joven de los atacantes de Sídney llevaba seis años en las redes del Estado Islámico

Bea Abelairas
Bea abelairas REDACCIÓN / LA VOZ

ACTUALIDAD

El padre de Matilda, una niña de diez años asesinada en la playa de Bondi
El padre de Matilda, una niña de diez años asesinada en la playa de Bondi Hollie Adams | REUTERS

La policía reconoce que formaba parte de grupos de propaganda callejeros y en noviembre viajó a Filipinas donde las células terroristas tienen base estable, lo acompañaba a su padre que mató a una pareja que trató de detenerlo

17 dic 2025 . Actualizado a las 18:56 h.

Australia se sentía uno de los países más seguros del planeta, ajeno al terror islámico. Hasta este domingo, cuando Bondi, la playa estrella de Sídney, se convirtió en un campo de tiro sobre el que Naveed Akram y su padre, Sajid, dispararon a una multitud que celebraba la festividad judía de la Janucá. Asesinaron a 15 personas y dejaron a 42 heridas, muchas de ellas muy graves. No había sucedido nada parecido desde el 28 de abril de 1996, cuando otro joven de 29 años, Martin Bryant (apodado Stupid Martin por su dolencia mental y su fortuna) mató a 35 personas en el sur de Tasmania. Confesó que lo hizo para que le recordaran. Por su parte, los Akram habían preparado un manifiesto para reivindicar su masacre e incluso confeccionaron banderas del Estado Islámico de forma artesanal.

Nadie supo ver que eran peligrosos. Ni siquiera la madre y esposa de los autores de la matanza. Ella asegura que le dijeron que se iban a pasar un día de pesca y no sospechó. Tampoco las autoridades, a pesar de que hace seis años un joven Naveed de 18 años protagonizaba una campaña proislamista del Movimiento Street Dawah, donde lo presentaban como el «nuevo hermano». Entonces ya estaba radicalizado y la policía lo investigó por ello, pero lo descartó como un peligro para la sociedad.

Tampoco saltaron las alarmas cuando su padre, que falleció en el tiroteo del domingo, usó su licencia de armas para tener seis rifles de diferentes tamaños. «¿Cómo puede ser que se permita tener seis armas así en una casa de un barrio normal de Sídney?», se preguntaba en una de las televisiones locales un vecino de esta familia que, sobre los papeles, estaba plenamente integrada. The Sidney Morning publicó un rastreo por las redes sociales que deja claro que el pistolero de Bondi Naveed Akram era uno de los voluntarios de un grupo de predicación callejera en el oeste de Sídney que tiene vínculos con múltiples devotos del Estado Islámico, incluidos mártires autoproclamados y aspirantes a soldados suicidas. Naveed salió del coma este martes y pronto podrá responder a las preguntas de unos investigadores que, también este martes, dieron una rueda de prensa sobre los caminos que están siguiendo con sus pesquisas.

La policía investiga un viaje que padre e hijo realizaron en noviembre a Filipinas, una de las pocas naciones con una presencia estable y fuerte del Estado Islámico. ¿Actuaron amparados por alguna red o eran dos lobos solitarios obcecados con el islamismo más radical? La comisaria de la Policía Federal Australiana, Krissy Barrett, aseguró a los periodistas que «estas son las acciones de quienes se han alineado con una organización terrorista, no con una religión».

Los otros héroes: una matrimonio llegó a quitar el arma al asesino mayor, pero él los mató

El pistolero de 50 años, Sajid Akram, tuvo que pelear al menos con tres personas para seguir ametrallando a la multitud. Un vídeo grabado por la cámara de un salpicadero de un coche reveló este martes que antes de toparse con un ciudadano que lo desarmó, otra pareja intentó pararlo, pero lo pagaron con la vida.

Boris y Sofia Gurman llevaban casados 35 años y habían acudido a la celebración de la Janucá en la playa de Bondi. Él se lanzó sobre Sajid e incluso lo derribó para arrebatarle el rifle. Las imágenes muestran como ambos caen al suelo mientras la mujer acude a rescatar a su marido. No se ve nada más, pero los Gurman están entre las 15 víctimas mortales.

The New York Times publicó esta secuencia: primero la gente se refugia en una parada de autobús ante la presencia de un hombre armado con pantalón blanco (es Sajid) junto a un coche con el parabrisas cubierto con una tela negra con marcas blancas cual bandera yihadista. Después se produce el forcejeo y queda claro que Sajid Akram logra seguir con su ruta homicida. Aunque a unos pocos metros otro héroe le hizo frente: Ahmed al Ahmed, un comerciante musulmán de origen sirio y que también le quitó el arma unos instantes. Tuvo más suerte y recibió varios balazos de los que se recupera en el hospital entre homenajes. Su familia recuerda que es un superviviente de la guerra de Siria.

Otra de las víctimas mortales es un hombre que incluso lanzó un ladrillo a los asesinos, a los que solo pudo desarmar la policía con una lluvia de disparos. Sajid, de 50 años, murió con el arma en la mano y, cuando la policía reducía a su hijo, uno de los testigos de la masacre se abalanzó con rabia sobre ellos. En esos momentos los cadáveres de Matilda, una pequeña de diez años; o de un rabino que había organizado la celebración, además de un querido policía retirado y un superviviente del Holocausto yacían en los alrededores junto a 42 heridos más.

Desde la India

Sajid era ciudadano indio de Hyderabad, en el sur de la India, y se mudó a Australia en 1998 en busca de trabajo, según una nota emitida ayer por la policía del estado de Telangana, en el sur de la India. El comunicado indica que Akram se había casado en Australia, donde tenía dos hijos, ciudadanos australianos: Naveed —el otro pistolero— y una hija. Solo visitó la India en seis ocasiones desde que emigró a Australia.