Quién es Cilia Flores, la abogada que se convirtió en pilar del poder chavista

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Nicolás Maduro junto a su mujer, Cilia Flores, en una imagen de archivo.
Nicolás Maduro junto a su mujer, Cilia Flores, en una imagen de archivo. Carlos Jasso | REUTERS

Figura clave del chavismo desde sus orígenes, la letrada y expresidenta de la Asamblea Nacional ha sido detenida junto a Maduro durante el ataque de Estados Unidos a Venezuela

03 ene 2026 . Actualizado a las 20:43 h.

Cilia Flores, detenida este lunes junto a su marido, Nicolás Maduro, durante un ataque estadounidense a gran escala contra Venezuela, ha sido durante más de una década una de las figuras más influyentes y controvertidas del chavismo. Abogada de formación y dirigente política de largo recorrido, Flores encarnó desde el 2013 el papel de primera dama del país, aunque prefirió el título de «primera combatiente de la República Bolivariana de Venezuela», una denominación cargada de simbolismo militante que ella misma impulsó.

Nacida en el estado de Cojedes en 1956, Flores se vinculó al proyecto bolivariano mucho antes de la llegada de Hugo Chávez al poder. Su compromiso político se remonta a principios de los años noventa, cuando se integró en el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), germen del chavismo, junto al propio Maduro. Su proximidad al núcleo duro del movimiento se consolidó tras el fallido golpe de Estado de 1992, cuando formó parte del equipo de abogados que defendió a Chávez y logró su indulto en 1994, concedido por el entonces presidente Rafael Caldera.

Fue precisamente en las visitas a la cárcel donde conoció a Maduro, diez años menor que ella y su pareja desde entonces. Aunque nunca se casaron ni tuvieron hijos en común, Flores compartió su vida con él y con los hijos de ambos de relaciones anteriores, mientras su carrera política avanzaba en paralelo al ascenso del chavismo.

Licenciada en Derecho por la Universidad Santa María de Caracas, en 1993 fundó el Círculo Bolivariano de los Derechos Humanos y participó activamente en la creación de las estructuras políticas que sucedieron al MBR-200. En 1997 estuvo entre los fundadores del Movimiento V República (MVR), que llevó a Chávez a la presidencia, y en el 2007 ingresó en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), donde se consolidó como una dirigente de peso.

Su trayectoria institucional comenzó con fuerza en el año 2000, cuando fue elegida diputada a la Asamblea Nacional, cargo que revalidó en 2005. Un año después, en agosto del 2006, asumió la presidencia de la Cámara, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese puesto en Venezuela. Su etapa al frente del Parlamento estuvo marcada por decisiones polémicas, como la restricción del acceso de la prensa al hemiciclo, y por acusaciones de nepotismo, tras denuncias sindicales que la señalaban por favorecer la contratación de decenas de familiares.

En febrero del 2012, Hugo Chávez la nombró procuradora general de la República, reforzando su perfil institucional. Tras la muerte del líder bolivariano, la victoria electoral de Maduro en abril del 2013 la situó en el centro del poder como primera dama, un rol que transformó en plataforma política propia. Desde entonces, Flores combinó su presencia pública con cargos electos: volvió a ser diputada en el 2015, cuando el chavismo perdió por primera vez en quince años la mayoría parlamentaria, y en el 2017 fue elegida miembro de la Asamblea Nacional Constituyente.

A finales del 2025, en un contexto de creciente tensión con Estados Unidos por el despliegue militar en el Caribe, Maduro la incluyó en un nuevo buró político del PSUV, diseñado para reforzar el control interno del partido y del régimen ante la presión externa.

Más allá de su papel político, Flores ha estado rodeada de controversias judiciales y diplomáticas. Estados Unidos la acusa de mantener vínculos con el narcotráfico y en el 2018 le impuso sanciones económicas, junto a otros altos cargos del entorno de Maduro, como Diosdado Cabello. El caso más mediático que salpicó a su familia se produjo en 2015, cuando dos sobrinos suyos fueron detenidos en Haití por agentes encubiertos de la DEA y trasladados a Nueva York. Dos años después, fueron condenados a dieciocho años de prisión por intentar introducir 800 kilos de cocaína en Estados Unidos.