Trump intenta frenar el desgaste interno con la promesa de una victoria en Irán
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Destituye a su fiscala general, Pam Bondi, por la gestión de la crisis de caso Epstein, a pesar de que fue una de sus aliadas más fieles en la campaña
03 abr 2026 . Actualizado a las 09:49 h.El Gobierno de Trump se encuentra en un punto de no retorno: o proclama una victoria definitiva sobre Irán, o recibe un golpe en la mandíbula que dejará su índice de aprobación y su percepción en ruinas. Su presidencia ha sido la de las grandes apuestas, la de los decretos a golpe de firma. En este 2026, el presidente —consciente del escenario adverso que se atisba en la segunda mitad de su mandato— libra batallas en múltiples frentes, apremiado por los tiempos y movido por el anhelo de desenlaces favorables y expeditos. Según el compilado de encuestas de la cadena CNN, Trump cerró marzo en números rojos: un 61 % de desaprobación frente a apenas un 37 % de percepción positiva.
Muestra de sus numerosos flancos fueron el miércoles y el jueves, jornadas de agenda cargada. Arrancó con un hecho inédito: el mandatario asistió al Tribunal Supremo para presenciar en primera fila el debate sobre uno de sus proyectos predilectos, la eliminación del derecho a la ciudadanía por nacimiento. Abandonó la sesión antes de su conclusión para acudir a un almuerzo privado en la Casa Blanca, donde —espoleado por el rencor ante la tibia respuesta de la OTAN frente a la guerra— arremetió contra Emmanuel Macron sin mediar provocación. «Llamé a Francia, a Macron, cuya esposa lo trata extremadamente mal. Todavía se está recuperando de un golpe en la mandíbula». El mandatario francés se limitó a señalar que las palabras de Trump no merecían respuesta.
El diario The New York Times reportó que, esa misma tarde, Trump avisó a Pam Bondi —su hasta entonces fiscala general— de su inminente destitución.
Paciencia con la guerra
Más tarde, en horario estelar, convocó a la nación desde el vestíbulo de la Casa Blanca para ofrecer un balance del conflicto en Oriente Medio. El mensaje se extendió cerca de veinte minutos y consistió, en buena medida, en justificaciones incongruentes: reafirmó objetivos que han resultado bastante volátiles y pidió paciencia al pueblo estadounidense. El mandatario estadounidense mostró su agradecimiento a Israel, Arabia Saudí, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Baréin y declaró que «no permitirá que sufran daños ni fracasen de ninguna manera». Este mensaje, según dejaron ver miembros del Gobierno de Irán, confirma el papel que están jugando los vecinos del Golfo en el conflicto y le sirve para justificar sus ataques diarios.
El presidente se retiró a descansar mientras los mercados y los precios del crudo quedaban sumidos en la incertidumbre. Pese a ello, encontró tiempo para que su primera acción del jueves fuera una extensa andanada contra el cantante Bruce Springsteen. Ya en horario laboral, cumplió su promesa y ató cabos de nueva cuenta: prescindió de su fiscala general por el manejo de la investigación Epstein.
Cuando anunció la guerra con Irán, señaló que una de las metas era un cambio de régimen y que lograría todos los objetivos en tres días, envalentonado por lo conseguido en Venezuela. Este jueves aseguró que el cambio de régimen no era su prioridad; no obstante, aunque eliminó a las principales cabezas, expertos sostienen que el aparato estatal permanece intacto. Sin embargo, la salida del conflicto está más en el aire que nunca: en los últimos días anunció el envío de soldados del Ejército y de la Marina a la región.
Una retirada precipitada le significaría la pérdida de trece vidas estadounidenses y millones de dólares gastados, a cambio de un Oriente Medio más convulso, un Estado iraní aún con capacidad bélica y 400 kilos de uranio enriquecido aún por localizar. Un repliegue temprano sería un paso en falso —percibido como una derrota— que desencadenó una crisis mundial de precios ante el cierre del estrecho de Ormuz. Así las cosas, Trump se ve forzado a cumplir las vastas expectativas de una guerra nada popular antes de proclamarse victorioso inequívoco.