Isabel y África están vivas de milagro: «Me operaron a vida o muerte embarazada y el bebé estuvo 25 minutos sin oxígeno»

ACTUALIDAD

XOAN CARLOS GIL

En unos días se cumplirá un año desde que Isabel se enfrentó al mayor reto de su vida: «El equipo de Francisco Estévez, del Cunqueiro, nos salvó a las dos. Son los padrinos sanitarios de la niña»

13 abr 2026 . Actualizado a las 14:38 h.

Isabel Carrera tiene grabado a fuego el 1 de mayo del 2025, porque si no llega a ser por el equipo que la operó en el Chuvi, ni ella ni su hija África podrían haberlo contado. Y esta afirmación, lejos de ser una exageración, es completamente fiel a la realidad, hasta el punto de que el equipo de cardiología de Francisco Estévez, del Cunqueiro de Vigo, ha logrado un auténtico hito en España. Porque no solo consiguieron salvar a la madre con éxito, sino también que el bebé naciera con vida y sin secuelas.

«África nació el 5 de agosto. Pero yo tuve una disección aórtica el 1 de mayo. Me reventó la pared de la arteria cerca del corazón y tuvieron que operarme de urgencia. Era un día festivo y yo estaba relajada tomando algo en una terraza con mi familia. Sentí algo en el pecho, y al principio pensé que era una tontería. Pero a los cinco minutos ya me empecé a marear y se me adormeció el brazo izquierdo. Ya no me gustaba nada lo que me estaba pasando», relata Isabel. Ante la duda y como estaba embarazada, su pareja decidió llevarla al centro de salud de Ponteareas, porque ellos son de Salvaterra: «Cuando llegué allí, casi no estaba ni consciente. No me di cuenta de nada, aunque hablaba. Entonces, pidieron una ambulancia y me llevaron al Cunqueiro. Me tuvieron que hacer un TAC para ver lo que me pasaba. El personal de rayos no quería porque estaba embarazada, pero lo hicieron bajo la responsabilidad del equipo que me atendió, porque tenían que ver qué me pasaba y ahí ya vieron la disección y me metieron en quirófano. Estuve ocho horas y me tuvieron que parar el corazón».

«Ese era el problema para la niña. Porque al pararme el corazón, la niña se quedaba sin oxígeno, es decir, sin riego sanguíneo. Yo estaba conectada a una máquina, pero la niña no. Y claro, tampoco podían hacerme una cesárea porque estaba solo de 24 semanas. Fue una operación a vida o muerte para las dos. Yo estaba perdiendo mucha sangre. Entonces, ya le dijeron a mi pareja que lo importante era salvarme a mí, porque si no la niña tampoco iba a vivir».

A Isabel le practicaron una especie de hipotermia inducida para poder operarla, aletargar de alguna manera sus constantes vitales y evitar daños. Y la operación no solo fue un éxito, sino que después de estar 25 minutos sin oxígeno, el corazón del bebé volvió a sonar con fuerza. «¡Había latido y la niña estaba viva! Lo que no sabían era si iba a tener secuelas por estar tanto tiempo sin oxígeno. Me dijeron que podía tener daños neuronales. Pero a los ocho meses me hicieron una resonancia y, en principio, estaba todo bien. No te imaginas la alegría inmensa que sentí. Después de la operación tenía que ir todas las semanas a hacerme una ecografía. Todo fue así. Semana a semana. Y nació casi a término en la semana 38».

El parto

El parto de Isabel también fue excepcional. Le practicaron una cesárea programada, pero con anestesia total: «Me durmieron para que no se me disparara la tensión y cuando volví de reanimación y la vi me eché a llorar. Al fin la podía tener en brazos. No sé explicar la emoción que sentí después de todo lo que habíamos pasado juntas. Y lo luchadora que fue ella por salvar su vida. Es increíble. Cuando la cogí en brazos fue como una sensación de alivio y paz, al ver también que ella estaba bien». Tal conexión tienen madre e hija que son inseparables: «No sé cómo decirte, pero la niña está con su padre en algún sitio y yo sé si está mal o le pasa algo. Y, al revés, también. Porque tuve una gripe muy fuerte cuando era más bebé y no podía estar con ella, y ella solo lloraba. Sabía que no estaba a su lado».

Isabel solo tiene palabras de agradecimiento para todo el equipo que la operó. «Son sus padrinos sanitarios. Todos la conocen. No solo los médicos que me intervinieron, sino todo el servicio de cardiología. Me dijeron que no había un caso como el mío en toda España. Entonces, le comenté al cirujano Francisco Estévez que algún día sería pregunta de examen. “¡No lo dudes!”, me respondió. Es que fue todo muy fuerte porque, claro, para ellos queda lo que tuvieron que pasar al tener dos vidas en sus manos al mismo tiempo», comenta.

Según cuenta el propio cirujano que la operó, tuvieron que resolver la situación sobre la marcha: «Realizamos una hipotermia a 28 grados con toda la incertidumbre de no saber qué le sucedería al feto. En España no hay reportados casos similares. De hecho, lo vamos a presentar ahora en el congreso que se va a celebrar en junio en Vigo. Teníamos una incertidumbre tremenda porque no había referencias claras de qué hacer en ese supuesto con el feto». Pero afortunadamente todo salió mucho mejor de lo esperado. «La verdad es que ha sido un éxito de todo el equipo. Son casos excepcionales que requieren de la implicación de mucha gente. Y lo primero era tener la confianza de todos. Las decisiones las consensuamos en grupo y cada uno aportó su grado de experiencia. Fue una circunstancia excepcional, porque en cirugía cardíaca nunca tratamos a dos personas a la vez. Y había una variable que no controlábamos, y que no sabíamos qué podía suceder. Esa es la realidad», cuenta Francisco. Y explica que la alegría de todo el equipo se vivió de una manera paulatina, porque tras el éxito de la operación todavía quedaban bastantes incógnitas por resolver: «Todos éramos conscientes de que teníamos dos vidas en juego, pero ni siquiera monitorizamos al feto. Y no lo hicimos de una manera consciente, porque no íbamos a poder cambiar nada. Los días siguientes a la operación, nunca acabábamos de estar totalmente satisfechos. Tuvimos que vivirlo por etapas». «Primero, la recuperación de la madre, porque su operación tiene un nivel de mortalidad muy elevado. Y después de las primeras 24 horas, vimos que se estaba recuperando bien. Y luego, la niña. Temíamos que le quedaran secuelas neurológicas no detectables en ese momento. Entonces, era como ir día a día. Era una alegría contenida», cuenta este cirujano, que también reconoce que se cumplió el mejor escenario posible. «No teníamos documentación de que la hipotermia fuera suficiente para proteger al feto. Pero ahora al comprobar que se desarrolla de una manera normal, la verdad es que la alegría es enorme. Y ya no lo ves solo como profesional. Todos tenemos hijos y todos nos hemos implicado, así que lo ves de los dos lados», apunta el doctor.

África es una niña preciosa y llena de vida. Muy lista y avispada, como dice su madre. Pero, por encima de todo, cuenta con un instinto de supervivencia altísimo. Fuera de lo normal. La verdad es que nos ha robado el corazón a todos.