Cronología del caso Wanninkhof: de la condena injusta a Dolores Vázquez al perdón
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Un jurado popular decidió que la betanceira era culpable del asesinato de Rocío, la hija de su expareja. Pasó 17 meses entre rejas hasta el ADN hallado en la escena de otro crimen reabrió la investigación
27 abr 2026 . Actualizado a las 20:49 h.Dolores Vázquez asegura estar recuperando poco a poco su forma de ser. La perdió hace veinticinco años, cuando, de repente, se vio juzgada injustamente por el asesinato de la joven malagueña Rocío Wanninkhof. Pasó 17 meses encarcelada. Su condena iba a ser mayor, pero el hallazgo del cuerpo en Coín de Sonia Carabantes, otra menor de 17 años, señaló al verdadero culpable, Tonny Alexander King, y liberó a la betanceira, inocente desde el principio. A Vázquez se la condenó por algo que no había hecho y, aunque durante mucho tiempo culpó al mundo de ello, ha conseguido perdonar. El caso que conmovió a la sociedad española sale de nuevo a la palestra después de que este lunes, en el marco del Día de la Visibilidad Lésbica, la betanceira recogiera la Medalla a la Promoción de los valores de Igualdad.
Para comprender el caso hay que remontarse al nueve de octubre de 1999. La malagueña Rocío Wanninkhof —cuya madre, Alicia Hornos, había mantenido en el pasado una relación sentimental con Dolores Vázquez— tenía 19 años. Era de noche y la joven había salido de la casa de su novio, Antonio, para volver a la suya, que no quedaba a más de 500 metros de distancia. Su idea era cambiarse de ropa e ir con sus amigas a la feria de Fuengirola. Pasan las horas y, al no tener noticias de ella, su progenitora denuncia su desaparición.
Los días siguientes, un amplio operativo de agentes y de voluntarios —entre los que se encontraba Dolores Vázquez— emprendieron su búsqueda por la zona. El día dos de noviembre, casi un mes más tarde de su desaparición, la policía encuentra el cuerpo sin vida de Rocío en Altos del Rodeo, a unos 30 kilómetros de distancia de donde se la vio por última vez. Había recibido más de ocho puñaladas por la espalda y presentaba numerosos hematomas. Dio comienzo así una investigación por parte de la Guardia Civil para descubrir al autor o autores del crimen, mientras que la presión social iba creciendo.
A partir de ahí, empezaron a florecer las suposiciones. La primera, esparcida por la propia familia de la víctima, fue que, «por la forma, el sitio y la hora en que se produjeron los hechos», el presunto asesino tenía que ser alguien que conocía bien a Rocío. Un año más tarde, la policía anuncia tener a una persona sospechosa. Los investigadores llegaron hasta Dolores Vázquez, una mujer natural de Betanzos, con la que la madre de Rocío, Alicia Hornos, había mantenido una relación sentimental. Fue detenida el 7 de octubre del 2000.
Fuentes cercanas al caso relataron por aquel entonces que se llegó a ella no por su relación con Hornos, sino porque en la zona donde desapareció la joven se vio un coche de la marca Toyota Celica, rojo y con capota negra, propiedad de Dolores Vázquez, y en el que viajaban dos hombres. Aunque la propietaria del vehículo nunca llegó a identificar a los ocupantes, la casualidad se unió a la aparición del cadáver al lado del jardín de un tío de Rocío, hermano de su madre y con el que Dolores Vázquez tenía mala relación. ¿Podría haber arrojado allí el cuerpo para que sospechara de ese hombre?
Ella aseguró que había pasado toda la noche del asesinato metida en casa y la propietaria de un bar reveló que había entrado a comprar tabaco. Además, se halló una colilla en la escena del crimen —clave para desenmascarar posteriormente al verdadero culpable— que no coincidía con su ADN. Aunque algunos investigadores consideraron que no había indicios suficientes ni pruebas sólidas, el veredicto social ya estaba emitido. Además, la acusación contra Dolores contaba con una voz que pesaba más que las del resto. Alicia Hornos, que ni cuando se desveló la verdad dejó de culpar a Vázquez, se refería al rencor y la venganza como los móviles que habrían podido motivar el asesinato.
El relato que se construyó en torno a la figura de esta mujer inocente cuadraba con que hubiera podido cometer el crimen. Se dijo que su relación con Rocío no habría sido idílica y que su deterioro condicionó el fin del amor con su madre. Las hipótesis, todas impregnadas de tintes lesbófobos, eran infinitas. Tal fue el señalamiento de Vázquez que, antes incluso de que fuera condenada por el asesinato, los medios de comunicación publicaron unas imágenes suyas saliendo del supermercado.
En el interrogatorio policial se declaró inocente. La imagen a la salida del juzgado, antes de entrar en la prisión de Alhaurín de la Torre de forma preventiva, quedará para siempre en la memoria colectiva. Los vecinos intentaron agredirla, una situación que, veinticinco años después, Dolores ha perdonado. Lo que se cometió contra ella, según afirmó este lunes Ana Redondo, ministra de Igualdad, fue «una gran injusticia».
Tras un juicio de 16 días en el que también declaró en su contra Alicia Hornos, un jurado popular la consideró culpable. Fue el 14 de septiembre del 2001. Tuvo en cuenta algunas conclusiones de la Fiscalía, para quien la acusada cometió el crimen «tras una discusión acalorada» que mantuvo con la víctima, con la que a su vez se encontraba «enemistada» y a la que «hacía responsable de sus problemas sentimentales» con su madre. La Audiencia Provincial le impuso una condena de quince años de cárcel.
Después de pasar 17 meses en prisión, en febrero del 2002 el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ordenó la repetición del juicio y Vázquez fue puesta en libertad con fianza. En el verano del 2003, mientras se seguía a vueltas con el caso, la investigación dio un vuelco. El motivo fue la desaparición en Málaga la joven Sonia Carabantes, de 17 años —la edad que tenía Rocío cuando fue asesinada—. En su cadáver, que apareció días más tarde, encontraron muestras de ADN compatibles a las de una colilla de cigarro hallada en el lugar de la desaparición de Rocío.
Pertenecían a Tony Alexander King, un británico residente en Alhaurín el Grande. Su esposa denunció que el día de la desaparición de Rocío el sospechoso llegó a casa con manchas de sangre en la camisa. Fue detenido ese mismo mes junto a su amigo Robert Graham, supuesto encubridor del crimen. Él había matado a las dos jóvenes y también había cometido otras tantas agresiones sexuales en la Costa del Sol. Lo confesó en la primera vista del juicio.
El punto de mira, sin embargo, seguía puesto en Dolores Vázquez. Muchos dudaban de que pudiera tener vínculos con el asesino. Por eso negó, en una masiva rueda de prensa, conocer a King, algo que los investigadores corroboraron más tarde. No se lo creyó Alicia Hornos, que, a día de hoy, sigue culpando a su expareja del asesinato de su hija.
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El juzgado levantó todas las medidas cautelares sobre Dolores Vázquez, aunque su vida quedó destrozada para siempre. Reclamó una indemnización económica por responsabilidad patrimonial del Estado, una petición que fue desestimada en primera instancia por el Ministerio de Justicia. A día de hoy, más de 25 años después, continúa sin haber sido indemnizada. Después de esto, huyó. Se refugió en el Reino Unido para volver posteriormente a su Betanzos natal. Veinticinco años después, agradece a todo el mundo que estuvo a su lado durante su encarcelamiento y después de este: a sus amigas, que la visitaban cuando nadie las podía ver, a su familia y a la alcaldesa de su localidad, María Barral, que siempre estuvo a su lado.
Piensa que el homenaje recibido este lunes hace «justicia» tras un «calvario» y asegura estar orgullosa de sí misma por haber podido salir adelante. «Todo me ha dolido en el alma, porque se han dicho tantas mentiras... Yo quería a Rocío como a mi hija, pero todo eso ya pasó. Ahora es momento de Dolores Vázquez. Estoy orgullosa de mí misma, porque me hicieron pasar por un pozo muy profundo del que no lograba salir. Cuando lo hice era insoportable, ni me aguantaba a mí misma. No podía dormir en la cama, me tenían que mecer. Fue muy duro, pero, poco a poco, lo he logrado sola. Hoy puedo decir que soy yo, la persona que era entonces y antes de lo de Rocío», reflexionó emocionada y ante los aplausos de los asistentes.