Netanyahu se adelanta a la oposición y convoca elecciones para controlar el calendario

Pablo Medina MADRID / LA VOZ

ACTUALIDAD

Jóvenes judíos celebran el Día de Jerusalén.
Jóvenes judíos celebran el Día de Jerusalén. Ammar Awad | REUTERS

La coalición de Bennet y Lapid buscaba desmovilizar el voto ultraortodoxo y perjudicar la agenda del primer ministro

15 may 2026 . Actualizado a las 08:36 h.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, es experto en sobrevivir a las grandes crisis políticas. Ayer, la coalición que le sostiene en el Gobierno le retiró el apoyo al presentar una iniciativa para adelantar unas elecciones previstas, como muy tarde, para finales de octubre. Netanyahu se prepara para un asalto complicado: la oposición pretende unirse contra él, los sectores ultraortodoxos se han cansado de que ignore sus exigencias legislativas y su juicio por presunta corrupción sigue en el aire, sin que llegue un indulto a su mesa.

El fin de la exención militar de los jóvenes estudiantes de las sagradas escrituras judías, hasta hace poco exentos del servicio obligatorio en Israel, colmó la paciencia de Estandarte de la Torá, facción integrada en el partido Judaísmo Unido de la Torá que forma parte de la coalición de Gobierno. Este partido presentó una iniciativa para disolver el Parlamento, secundada por Shas, Poder Judío —al que pertenece el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir— y Nueva Esperanza.

Sin embargo, medios israelíes también apuntan a que esta maniobra sería la forma en la que Netanyahu tiende la mano a sus socios. La oposición de los ex primeros ministros Naftali Bennett y Yair Lapid, unidos ahora bajo el partido Beyajad, quería controlar el calendario electoral. La disputa por las fechas gira en torno a las movilizaciones de las festividades judías de la segunda mitad del año. Los movimientos más religiosos quieren que la fecha de las elecciones ronde octubre, cuando hayan pasado el Sucot y las Altas Fiestas, momentos en los que el ánimo espiritual y político está en ebullición.

Carrera por sobrevivir

La oposición trató de recortar este tiempo y situar los comicios en fechas más tempranas para desmovilizar a los partidos fundamentalistas, pero también para perjudicar el calendario personal de Netanyahu. El primer ministro ya ha empezado su campaña personal con una demanda a The New York Times por una columna que criticaba los abusos sexuales cometidos por soldados contra prisioneros palestinos durante la guerra en Gaza. «Una de las mentiras más atroces y distorsionadas jamás publicadas contra el Estado de Israel en la prensa moderna», concretó una nota de su oficina.

Netanyahu debe asegurarse, no obstante, un tanto militar para apuntalar su supervivencia política. La guerra contra Irán ha preservado a los ayatolás en el poder, Gaza está lejos de desmilitarizarse pese a la creación de la Junta de Paz y el diálogo con el Líbano para desarmar a Hezbolá no avanza. El jefe de Gobierno más longevo de la historia de Israel siempre se vendió como «Mr. Security» para ganar; sin embargo, esa seguridad está hoy lejos de los ojos de los israelíes.

Por otro lado, tendrá que hacer frente al juicio por sus presuntos casos de corrupción. El indulto del presidente Isaac Herzog aún debe ser negociado con la Fiscalía. Pero Netanyahu «se ve bien», incluso en momentos de delicada salud como los actuales. Y aún quiere ganar.

Los Emiratos Unidos niegan una visita secreta del Ejecutivo israelí durante la guerra con Irán

Netanyahu también tendrá que ocuparse de las brechas abiertas entre su país y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), país que normalizó relaciones con Israel tras firmar los Acuerdos de Abraham en el 2020.

El Ministerio de Exteriores de la petromonarquía tuvo que salir ayer a desmentir la «recepción de cualquier delegación militar israelí en su territorio» después de que la oficina del primer ministro israelí anunciara que realizó una visita secreta al país árabe en el marco de la guerra con Irán que «propició un avance histórico en las relaciones entre Israel y los EAU» tras reunirse con el emir Mohamed bin Zayed.

El ministro de Exteriores iraní, Abás Araqchi, se mostró convencido de que el país del Golfo «estuvo implicado directamente en la agresión contra mi país» después de que permitiera ataques de Israel y EE.UU. en su territorio. «No hay ninguna duda al respecto», concretó antes de pedir a Abu Dabi «revisar su política» con Israel, país muy impopular en el mundo árabe.