Zapatero, la caída del gran activo político de Sánchez

Xosé Vázquez Gago
Xosé Gago SANTIAGO

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el mitin del cierre de campaña de la elecciones al parlamento de Castilla y León.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en el mitin del cierre de campaña de la elecciones al parlamento de Castilla y León. NACHO GALLEGO | EFE

El político blindó con influencia y tirón electoral al presidente frente a la vieja guardia socialista

21 may 2026 . Actualizado a las 11:52 h.

Pedro Sánchez le debe mucho a José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo apoyo fue clave para consolidar su liderazgo en el PSOE frente a la vieja guardia. Aunque no siempre fue así. El expresidente apostó por Susana Díaz en la pugna interna, pero tras la derrota definitiva de su protegida andaluza en mayo del 2017, viró hacia Sánchez. La reconciliación se selló en septiembre en un discreto almuerzo, en el que el nuevo líder socialista le pidió ayuda. En diciembre, se oficializó en un mitin en Cornellá. Sánchez le dijo: «Presidente, hemos tenido diferencias [...] Quiero que me veas como un socialista orgulloso de las conquistas que lograste [...] Quiero agradecerte el apoyo, el consejo y reivindicar tu trabajo por la paz en Venezuela».

Zapatero afirma que pasó a apoyar a Sánchez por su gestión del covid en el 2020 —cuando se aprobó el rescate de Plus Ultra por el que está imputado— y por su labor de «integración» de las divididas filas socialistas.

El nuevo líder recurrió a numerosos veteranos de los gobiernos de Zapatero. Las ministras Teresa Ribera o Carmen Calvo, entre otras, vienen de ahí. También cargos estratégicos del segundo nivel, como Francisco Pardo Piqueras, director general de la Policía, o Esperanza Casteleiro Llamazares, directora del CNI. Sin olvidar a directivos de empresas públicas, como Beatriz Corredor, presidenta de Redeia. En el partido se siguió una línea similar, con la exministra Cristina Narbona en la presidencia de la organización o el exlendakari Patxi López de portavoz en el Congreso.

El expresidente también puso al servicio de Sánchez sus contactos internacionales y con otros partidos políticos, como indica la cita de su sucesor sobre sus esfuerzos en Venezuela o que sustituyese como interlocutor con Junts y Carles Puigdemont al ex secretario de Organización Santos Cerdán, que dimitió al ser investigado.

Pero por encima de todo, Zapatero dio al nuevo líder socialista la legitimidad de un expresidente que había recuperado el Gobierno de las manos del PP. Su apoyo contrarrestó las críticas de la vieja guardia felipista y de los barones críticos, que han llegado a calificarlo de «autócrata» (Alfonso Guerra), de tener «obsesión enfermiza» contra los líderes territoriales (Javier Lambán), o de hacer una «barrabasada» con la amnistía (Felipe González).

A cambio de su apoyo, Zapatero ejerció su influencia —de manera supuestamente irregular en el caso Plus Ultra— y disfrutó de la rehabilitación de su figura pública, muy dañada por la grave crisis económica del 2008, al final de su segunda presidencia.

La rehabilitación tuvo tal éxito que el expresidente pasó a convertirse en un talismán electoral para el PSOE, sobre todo en el 2023, cuando volvió a mitinear con frecuencia y el PP obtuvo una victoria insuficiente que permitió a Sánchez renovar la presidencia por la mínima, con apoyo de nacionalistas, independentistas y la izquierda alternativa.

También ellos reconocieron la influencia del expresidente en la campaña y las conversaciones para la investidura.

El talismán no fue infalible. Tras perder en Galicia, los socialistas ganaron en Cataluña y volvieron a ser llave en el País Vasco. Pero tras el ciclo electoral abierto el pasado otoño, perdieron en Extremadura, Castilla y León, Aragón y Andalucía. Participó en todas las campañas, también en la última, donde el PSOE hundió su suelo histórico. En Cádiz, la candidata, María Jesús Montero, le reconoció como referente: «Yo quiero ser, en unos años, cuando termine de ser presidenta, como el presidente Zapatero». Unos días más tarde, se conoció su imputación por tres delitos. El gran apoyo político de Pedro Sánchez es hoy también el primer presidente de la democracia ante un calvario judicial.