Flavia adelgazó 80 kilos: «Llegué a pesar 155, comía a todas horas»

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El antes y el después. Flavia, a la izquierda, en la actualidad y con 80 kilos menos. A la derecha, cuando todavía pesaba 155 kilos.
El antes y el después. Flavia, a la izquierda, en la actualidad y con 80 kilos menos. A la derecha, cuando todavía pesaba 155 kilos.

En dos años consiguió su meta, pero al año siguiente bajó otros cinco kilos más. Desde entonces, se mantiene en su peso: «Hay un montón de gente que no cree que lo haya conseguido solo con dieta. Piensan que me he operado y que me han puesto un balón gástrico. Pero no es verdad»

30 jun 2026 . Actualizado a las 08:47 h.

La hazaña de Flavia salta a la vista. Pero es aún más increíble cuando cuenta el número exacto de kilos que perdió. «Pesaba 155 y ahora estoy en 77. Aunque lo mínimo que he llegado a pesar fueron 75. He adelgazado 80 kilos», explica con normalidad, mientras resulta muy difícil no mostrar asombro ante el logro de esta asturiana. «Antes de ponerme a dieta yo tenía muchos problemas de movilidad. Soy profesora de infantil y calcula... me agachaba para atarle el cordón a un niño o porque se había caído, y luego ya no me podía levantar... Tampoco podía correr detrás de un niño... hacer ejercicios de psicomotricidad con mis alumnos era impensable para mí....», dice. «Pero luego, en mi vida normal, también tenía muchos problemas. Me encanta viajar y patear ciudades, pero no podía. Llegaba por las noches al hotel con los pies y las rodillas destrozadas. Las piernas hinchadas, con las venas rotas, un dolor terrible...», relata. Pero, como en todo, hubo un momento de inflexión que la llevó a tomar una drástica decisión: «La gota que colmó el vaso fue que con 47 años me dieron la pastilla para la tensión. Me subió a 21. Y el disgusto en casa fue terrible. Esto fue en el 2020. Yo sabía que mi padre y mi hijo, que entonces tenía 14 años, llevaban fatal mi sobrepeso. Tenían pánico a que me pasara algo... Imagínate».

«Siempre he sido sincera en eso. Yo estaba gorda porque comía lo que no debía y cuando no debía. A todas horas. No tenía fin. Acababa de cenar y a la media hora ya estaba comiendo», indica. «Además, si estaba contenta, comía. Si estaba triste, también comía. Si tú estabas contenta, yo comía para celebrarlo. Y si estabas triste, comía por solidaridad. Y si estabas enfadada, también comía. Todo lo solucionaba comiendo y siempre cosas que no debía», cuenta. «Llegó un momento en que tampoco lo disfrutaba ni lo saboreaba. Ni tampoco me calmaba. Lo engullía todo como un pavo. Lo tragaba sin más. A veces, incluso a escondidas. Una mujer hecha y derecha comiendo a escondidas», relata, mientras reconoce que toda esta situación también le generaba sentimiento de culpa: «Después me preguntaba que para qué me había comido un paquete de patatas entero sin haberme casi ni enterado, sin haberlo saboreado ni disfrutado. Y luego, no comía fruta ni verdura. Eran todo chorradas, comida basura».

«El día que la médica me recetó la pastilla de la tensión, llamó a la enfermera y entre las dos intentaron convencerme que me pusiera a dieta. Pero yo no quería. Ellas me decían que me iban a ayudar, que incluso me podían derivar a salud mental, pero yo había hecho durante toda mi vida dietas por cosas concretas y no quería hacerlo de nuevo porque siempre volvía a coger peso», explica. «Cuando me casé, quería ser una novia bonita y adelgacé una burrada. Y, efectivamente, fui una novia con un peso normativo. Pero ya vine de la luna de miel con unos cuantos kilos de más. Después quise ser madre, y el ginecólogo me dijo que si no adelgazaba, no iba a poder conseguirlo, y además ponía en riesgo al bebé. Fue decirme eso y adelgacé. Pero después ya volvía a coger peso. Y me planté en los 155 kilos que comenté antes», indica. «Fue un cúmulo de cosas. También pensé en la menopausia, en que me iba a venir y que todavía iba a coger más peso. Así que cuatro meses después de empezar a tomar la pastilla de la tensión, en julio del 2020 me puse a dieta con Lucía. Mi prima me había contado que no era una dieta de contar calorías, ni de tener que pesar la comida. Porque estaba harta de ese tipo de dietas y de prohibiciones. Entonces, lo que me contó me gustó».

Con nutricionista

Flavia se refiere a la nutricionista Lucía Rodríguez Casañez, de la clínica Come, vive, habla. Y la experiencia no pudo ser mejor. «Lo que hace es enseñarte a comer y no prohibirte nada. Ni tampoco me ha reñido por nada. Al contrario, te anima si una semana coges peso. Te dice que no te preocupes, que seguro que la próxima semana lo consigues. Nunca me sentí juzgada. Salía todas las semanas con un chute de energía para seguir. También me gustaba porque si iba a una cena o así, podía comer lo que comían todos los demás. Y si algún día me comía un paquete de patatas fritas, pues no pasaba absolutamente nada», indica. Y lo mejor de todo es que no ha vuelto a recuperar el peso perdido: «Dos años después de comenzar la dieta, alcancé mi paseo ideal. Llegué a 80 kilos. Pero luego, el año siguiente, que fue de mantenimiento, bajé otros cinco kilos más. Y me quedé en 75. No he vuelto a recuperarlo».

Lucía explica que su metodología trata precisamente de sortear ese choque psicológico que experimentan las personas a dieta cuando se les prohíbe comer algún determinado alimento: «Se trata de hacer tu vida normal y adelgazar. Cuidarse comiendo de todo. Si restringes alimentos, lo único que consigues es estar unos meses castigada. Y no lo puedes mantener en el tiempo. Vuelves al peso de antes. Es como la pescadilla que se muerde la cola constantemente». «Entonces, el plan consiste en tener un montón de alimentos que son libres y otros que puedes consumir como si fueran monedas y tuvieras un presupuesto diario para gastar. Haciéndolo así, se consigue eliminar la ansiedad por no poder comer un determinado alimento y evitar atracones. Se trata de enseñar a comer», indica esta nutricionista, que ha ayudado a Flavia a conseguir su objetivo y mantenerlo en el tiempo.

«Hay un montón de gente que no cree que lo haya conseguido solo con dieta y que piensa que me he operado. Incluso me preguntan si lo he hecho con una cirugía de estómago, con balón gástrico, o algo así. Pero no es verdad. Y si les digo que no, entonces dicen que si fue con pastillas. Cuando les digo que ha sido solo con dieta, estoy convencida de que no me creen», comenta esta vecina de Gijón, que indica que hace tiempo que ya no toma la pastilla para la tensión. «Ahora soy otra persona en todos los sentidos. No sabes lo que camino, lo que me muevo, la energía que tengo... Y me siento maravillosamente bien, porque también puedo vestir lo que me dé la gana. Antes solo iba de marrón, negro o gris y pagaba unas burradas tremendas por la ropa. Intentaba pasar lo más desapercibida posible. También dejaba que la gente me comiera las papas. En cambio, ahora me defiendo, aunque siempre con respeto», dice.

«Mi padre no llegó a verme tan delgada, falleció de covid poco después de empezar esta dieta. Pero pudo ver la primera parte del proceso. Me animaba muchísimo y estaba muy feliz. Y mi hijo está orgullosísimo de mí. Ahora me abraza y me dice de broma: “¡Ay, mi saquín de huesos!”. Él sufría mucho porque pensaba que me iba a pasar algo por mi sobrepeso», indica. Hace tres años ya que Flavia se mantiene en su peso y así seguirá mientras pueda. «No he engordado ni siquiera con la menopausia. Hubo una temporada que llegué a los 80 kilos, pero según subieron, volví a bajarlos. Y desde entonces, estoy en los 77», comenta orgullosa. Y no es para menos.