¿Cuándo se vuelve adulto el cerebro? La ciencia sitúa el fin de la juventud cerebral a los 24 años
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Un atlas de más de un millón de células desvela cómo cambia el cerebro a lo largo de toda la vida
23 sep 2026 . Actualizado a las 17:58 h.La corteza prefrontal es la región del cerebro que nos hace profundamente humanos. En ella residen habilidades como planificar el futuro, resolver problemas complejos, tomar decisiones o regular nuestros impulsos y emociones. Sin embargo, saber exactamente en qué momento culmina la construcción de esta compleja estructura o cómo se degrada con el paso del tiempo era, hasta ahora, un terreno lleno de incógnitas. Un ambicioso trabajo elaborado por el consorcio internacional PsychAD y publicado en la revista Nature —junto a una batería de siete investigaciones complementarias— ha trazado el mapa molecular más completo hasta la fecha de la corteza prefrontal dorsolateral humana a lo largo de toda la vida. Tras analizar el núcleo de más de 1,3 millones de células procedentes de 284 donantes ya fallecidos de entre 0 y 97 años, los científicos han dado con una cifra clave: la maduración celular del cerebro no se completa hasta aproximadamente los 24 años de edad. El trabajo proporciona una visión de alta resolución de cómo cambia la corteza prefrontal durante las distintas etapas de la vida.
El hallazgo desmonta la idea tradicional de que el desarrollo cerebral concluye con la adolescencia y abre una ventana sin precedentes para entender el neurodesarrollo, la resiliencia mental y las enfermedades asociadas al envejecimiento. El mapa revela que la expresión génica en las células cerebrales no sigue una trayectoria lineal, sino que atraviesa profundos puntos de inflexión. Durante los primeros años de vida se produce un frenesí de cambios enfocados en moldear los circuitos neuronales, la creación de soporte celular (gliogénesis) y la poda de conexiones sobrantes (remodelación sináptica y apoptosis). No es hasta pasadas las dos décadas de vida cuando el sistema alcanza un equilibrio duradero.
Sobre esta frontera, Juan Lerma, profesor de investigación del CSIC ad-honorem en el Instituto de Neurociencias CSIC-UMH y miembro de la Real Academia de Ciencias de España, destaca a SMC España que «este atlas revela que la expresión génica en las células de esta corteza sigue una trayectoria no lineal a lo largo de la vida» y que «sirve para confirmar fehacientemente que a los 24 años de edad existe un punto de inflexión a partir del cual la composición de la mayoría de las subclases neuronales y gliales permanece estable».
Como explica el investigador, «esto significa que la maduración de la corteza cerebral se extiende más allá de la infancia y la adolescencia, finalizando a los 24 años, que es donde podríamos dar por acabada la juventud y comienza el estado adulto». Lerma enfatiza la trascendencia de este dato al señalar que «estos resultados ponen de manifiesto hasta cuándo un individuo se puede considerar inmaduro y delinean las repercusiones que sistemas educativos deficientes, el acceso a redes sociales u otros sistemas alienantes, como sectas, drogas o alcohol, pueden tener en el desarrollo del cerebro».
El experto destaca que el estudio permite identificar una trayectoria de resiliencia neuronal con un máximo alrededor de los 12-13 años, lo que sugiere que «las alteraciones inducidas antes de esta ventana crítica podrían tener repercusiones funcionales a largo plazo», mientras que los puntos de inflexión identificados «orientan el diseño de estrategias para preservar la salud cerebral y reducir el deterioro cognitivo asociado a la edad».
Tras el hito de los 24 años, la corteza prefrontal entra en una larga fase de estabilidad que se interrumpe al llegar a la vejez. Al estudiar cómo envejecemos, el atlas ha sacado a la luz un fenómeno sorprendente: en la tercera edad, las grandes transformaciones ya no ocurren principalmente en las neuronas, sino en las células que las sostienen, alimentan y protegen, como los astrocitos, los oligodendrocitos y la microglía.
En palabras de Marta Nieto, líder del grupo de investigación Desarrollo de la Corteza Cerebral en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), el gran valor de esta reconstrucción del tejido cerebral de 284 donantes reside en que «permite seguir por separado cómo cambia con la edad cada una de las principales poblaciones celulares del cerebro, descubriendo que los distintos tipos de células no envejecen de la misma manera ni al mismo tiempo».
Nieto explica a SMC que «durante la infancia y la adolescencia son las neuronas las que experimentan los mayores cambios mientras se forman los circuitos, seguido de una larga etapa de estabilidad, pero al alcanzar la vejez, el cerebro vuelve a transformarse y las protagonistas son los astrocitos, oligodendrocitos y la microglía, que modifican profundamente su actividad y aumentan programas relacionados con el estrés celular y la respuesta inmunitaria».
Además, la investigadora remarca otro dato llamativo: la pérdida de la fuerte sincronización del reloj circadiano de las neuronas después de los 60 años, mientras algunas células gliales adquieren nuevos ritmos relacionados con el estrés. Para Nieto, «el trabajo cambia el foco desde el que contemplamos el envejecimiento cerebral: para entender por qué las neuronas se vuelven vulnerables con la edad quizás no debamos mirar únicamente a ellas, sino a cómo envejecen las células que las alimentan y acompañan».
La investigadora valora el atlas como «un recurso de referencia excepcional de enorme potencia técnica que servirá como punto de partida para generar nuevas hipótesis», si bien recuerda que, al basarse en tejido humano post mórtem, «los resultados son descriptivos y señalan asociaciones que deberán probarse funcionalmente».
Este descomunal archivo de perfiles genéticos se enmarca dentro de las grandes iniciativas internacionales destinadas a cartografiar el órgano más complejo del cuerpo humano. Rafael Yuste, profesor de Ciencias Biológicas, director del Centro de NeuroTecnología de la Universidad de Columbia y presidente de la Fundación NeuroRights, sitúa este trabajo como «otro resultado de la iniciativa Brain que empezó Obama en el 2013 y que sigue su rumbo, independientemente de los cambios políticos».
Yuste califica la investigación como «de alta calidad», destacando que «aplica métodos de transcriptómica de células individuales siguiendo la estela del Instituto Allen de Seattle». Según el neurobiólogo, «mapear todos los tipos celulares del cerebro era el sueño de Cajal, y hacerlo en la corteza prefrontal humana es particularmente importante, ya que es la parte de nuestro cerebro donde se concentra el procesamiento de la información cognitiva y mental, resultando imprescindible para entender cómo funcionan los circuitos neuronales».
Importantes avances para comprender el alzhéimer y el párkinson
Pero el trabajo del consorcio liderado por la Escuela Ichan de Medicina del Monte Sinai de Nueva York va mucho más allá. En la colección de nueve artículos publicados en las revistas de la familia Nature se describen los mecanismos moleculares subyacentes a las enfermedades de Alzheimer, Parkinson, la esquizofrenia y otros trastornos cerebrales. «Al describir la arquitectura genética y celular de muchos trastornos cerebrales, hemos comenzado a construir un camino hacia nuevos objetivos de tratamiento y la próxima generación de terapias para estas enfermedades», explica Panos Roussos, profesor de Psiquiatría Traslacional en la Escuela de Medicina Icahn del Mount Sinai.
En el centro de la colección se encuentra otro estudio histórico publicado en Nature que generó un atlas unicelular a escala poblacional de la corteza prefrontal dorsolateral humana utilizando más de 6,3 millones de núcleos celulares de 1.494 donantes humanos que abarcan la enfermedad de Alzheimer, la de Parkinson, la enfermedad de cuerpos de Lewy, la demencia vascular, la esquizofrenia, el trastorno bipolar y controles neurotípicos. El estudio identificó programas moleculares tanto compartidos como específicos de la enfermedad en diferentes tipos de células neuronales, gliales, inmunitarias y vasculares, y definió trayectorias celulares asociadas con la progresión de la enfermedad y los síntomas neuropsiquiátricos.
«Al analizar millones de células de diversos trastornos cerebrales, descubrimos que muchas enfermedades comparten vías moleculares comunes, a la vez que presentan características celulares distintivas», afirmó Donghoon Lee, doctor en Psiquiatría, profesor adjunto de Genética y Ciencias Genómicas en la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí y primer autor y coautor del otrestudio publicado en Nature dentro de la misma serie. «Estos hallazgos proporcionan un marco para comprender por qué diferentes trastornos neurológicos y psiquiátricos convergen en procesos biológicos similares, manteniendo al mismo tiempo características específicas de cada enfermedad».
«Nuestro objetivo es que este recurso acelere el desarrollo de terapias dirigidas, ayudando a los investigadores a comprender mejor la complejidad molecular que subyace a los trastornos cerebrales», subraya Donghoon Lee, doctor en Psiquiatría, profesor adjunto de Genética y Ciencias Genómicas en la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí.