La noche en el campo de batalla

Tras una larga jornada de división en Ferraz, Adriana Lastra se despidió como miembro de la dirección, la delegación asturiana reunió votos contra Sánchez y Llamazares adviertió de las consecuencias de esta crisis en la política asturiana

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Redacción

Fue «un honor», así se despedía, agradeciendo el apoyo de los militantes la asturiana Adriana Lastra de la dirección federal del PSOE. Lo hacía a través de su cuenta de Twitter minutos después de que Pedro Sánchez perdiera la votación a mano alzada sobre la celebración de un congreso, como él había propuesto, en el mes de diciembre.

La renuncia de Sánchez abrió las puertas a la formación de una gestora para cuya dirección sonaba de forma insistente como máximo favorito el nombre del presidente asturiano Javier Fernández. Fue tras una larguísima jornada que arrancó a las nueve de la mañana y en la que las dos facciones en las que se dividió el PSOE lucharon por el control de cada milímetro y cada segundo de la día. Primero con la negativa a reconocer a Pedro Sánchez como secretario con mandato vigente, después sobre la convocatoria o no del comité de garantías que debía dilucidar si se formaba una gestora, por el formato de las votaciones. Se trató de votar una moción de censura, para cuyas firmas se contó con la mayor parte de la delegación asturiana, pero la mesa se negó a aceptarlas. Finalmente se aceptó votar el asentimiento al congreso y de nuevo volvió el debate por si debia hacerse a cara descubierta (como se ha hecho en votaciones anteriores) o mediante sufragio secreto, como pedían los afines a Sánchez que esperaban así lograr más apoyos entre los críticos. En medio del debate los sanchistas abrieron una urna y comenzó la votación ante el escándalo de los críticos. Sánchez perdió ahí el apoyo del responsable de Izquierda Socialista, Antonio Pérez Tapias, quien reclamó respeto a los «procedimientos» y también, según fuentes en Ferraz, de Josep Borrell quien aún prefiriendo la votación en una urna no encontró «garantías» en la forma en la que se había dispuesto.

La renuncia de Sánchez abre un periodo de expectativa en el que, junto a la organización del propio partido, el PSOE deberá dirimir qué decisión toma respecto a una posible investidura de Rajoy, si darle paso con una abstención, lo que permitiría formar gobierno, o lanzarse a unas terceras elecciones a las que los socialistas acudirían desangrados y sin candidato.

El hecho de que sonara el nombre de Javier Fernández, y también la posibilidad de que durante su dirección de la gestora, se cambiara la postura del PSOE a la abstención, llegó al portavoz parlamentario de IU en Asturias, Gaspar Llamazares, a advertir de las consecuencias que todas estas acciones tendrían en la política asturiana.

Fue en el debate con Llamazares el pasado viernes en la Junta General, cuando Fernández se extendió más en su visión de lo que podría acontecer en el Congreso de los Diputados. Mantuvo un veto ferreo a cualquier acuerdo de gobierno con partidos independentistas, habló de que su preferencia hubiera sido un acuerdo a tres bandas con Podemos, PSOE y Ciudadanos pero señaló a continuación que en política «cuando una cosa no es posible, es falsa». Dijo entonces que sólo quedaba la alternativa de unos terceros comicios o permitir el gobierno de «la lista más votada».

En varias ocasiones, Llamazares ha reclamado a Fernández que lidere la búsqueda de un diálogo en el parlamento asturiano con Podemos e IU que permita concretarse en una mayoría de la cámara, se ha intentado entorno a un acuerdo sobre materia fiscal y prespuestos pero nunca se ha logrado. La relación entre socialistas y morados en Asturias es muy tensa cuando no de franco enfrentamiento. Tampoco fueron buenas las relaciones al inicio de la legisltaura entre Podemos y el grupo parlamentario de IU, liderado por Llamazares, a quien acusan de ser una «muleta» del PSOE tras llegar a un acuerdo de investidura.

Pero Podemos e IU han participado ya de forma conjunta en las últimas elecciones generales, a pesar de que el acuerdo en Asturias estuvo lleno de problemas, y Llamazares ya ha advertido de que si no le logra un pacto a tres bandas para las cuentas regionales, su coalición no se sumará (como hizo el año pasado) al PSOE para presentar de forma conjunta el anteproyecto. Otro tipo de acuerdos, de alianzas, podrían estar también en el aire a partir de ahora.

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