Los premios derriban sus últimas fronteras

El crecimiento del impacto global de los galardones, confirmado por los estudios de auditoría, asegura la participación de instituciones de prestigio en la selección de las candidaturas

Mijail Gorbachov con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación internacional de 1994, ante Pedro de Silva y Antonio Masip.Mijail Gorbachov con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación internacional de 1994, ante Pedro de Silva y Antonio Masip
Mijail Gorbachov con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación internacional de 1994, ante Pedro de Silva y Antonio Masip

Oviedo

En el año 2010, cuando la Universidad Nacional Autónoma de México celebró su centenario, sus 300.000 alumnos y toda la población del mayor país de habla hispana en el mundo, que por entonces se aproximaba ya a los 120 millones de habitantes, pudieron ver una y otra vez, en los vídeos promocionales de la efeméride, a su rector en un acto del otoño anterior en Oviedo. Recogía el premio Príncipe de Asturias (aún no se había cambiado el nombre de la Fundación) de Comunicación y Humanidades que el jurado había otorgado a la prestigiosa institución académica para señalar el punto de partida de su año jubilar. Que el principal centro mundial de enseñanza superior en español, cuna académica de tres premios Nobel e incontables políticos, economistas, científicos y diplomáticos llegados a sus aulas desde todo el continente americano, eligiera ese momento como una de las imágenes que definen su prestigio en la escena internacional confirma la resonancia alcanzada por un proyecto nacido en el Principado y consolidado como un aval globalizado a la excelencia de personas y organizaciones.

No hubiera sido fácil predecir un vuelo de tan largo alcance en 1980, cuando se convocó la edición inaugural de los premios, entregados por primera vez al año siguiente. Sin embargo, a base de saltar barreras, los galardones han ido creciendo en ondas concéntricas: España e Iberoamérica en primer lugar, Europa después y, en los últimos año, un palmarés cada vez más internacional. El proceso, además, se alimenta a sí mismo. La Fundación cree haber entrado ya en un círculo virtuoso. Las instituciones o las figuras individuales de prestigio que reciben en el Campoamor su diploma y la estatuilla diseñada por Joan Miró acaban por implicarse y proponer a su vez a otros candidatos de altura que proceden ya de todos los rincones del mundo.

No es mera retórica ni presunción. Richard Ford, uno de los escritores estadounidenses vivos más respetados, ha ganado este año el premio de las Letras en una candidatura impulsada por otro antiguo ganador procedente de la literatura en inglés, John Banville. Nadie tuvo que informar a Ford sobre la convocatoria o sobre Asturias. Banville ya había hecho ese trabajo. La Fundación cree que esa forma de acceder a nuevos aspirantes ha entrado en un círculo virtuoso. Las instituciones internacionales ya premiadas y algunas de las principales universidades del mundo ya proponen a miembros de sus claustros o a algunos de sus contactos en un proceso cada vez más difícil de abarcar. Para esta edición, el personal de la Fundación ha revisado 230 candidaturas para las ocho categorías del premio y preparado dossieres sobre cada una de ellas para unos jurados que también están en pleno proceso de renovación para adaptarse al nuevo escenario.

800 periodistas acreditados

Medir el impacto global de los premios y del nombre de la Fundación puede ser difícil e inabarcable. Pero el interés existe, como atestiguan los más de 800 periodistas acreditados para seguir la semana en Oviedo. Y aún se recuerda el interés que despertaron más allá de las fronteras españolas las visitas de premiados ilustres que han dejado imágenes destacadas en el álbum de los premios: Isaac Rabin y Yasir Arafat, que recibieron conjuntamente el premio de la Concordia, Nelson Mandela y Luiz Inacio Lula Da Silva provocaron huracanes informativos en todo el mundo. Otros premiados acercan el nombre de los premios a sus países. La televisión pública japonesa, por ejemplo, cubrió de manera exhaustiva los actos protagonizados por los equipos de emergencias que se enfrentaron a los daños en la central nuclear de Fukushima tras el tsunami que la arrasó.

También hay pruebas concretas de la actividad económica que generan los premios y de su presencia en los medios de comunicación españoles. Un informe elaborado por la consultora Deloitte asegura que, en 2015, todo lo relacionado con la organización de la entrega generó un consumo superior a 6,4 millones de euros, de los que se quedaron en Asturias más de 5,1 o el equivalente a 104 empleos. En los últimos años han crecido las críticas de partidos y organizaciones sociales a una entrega de premios que consideran elitista, monárquica y accesible solo para una minoría, e incluso algún grupo político municipal ha lanzado propuestas para que el Ayuntamiento de Oviedo reduzca su aportación a la Fundación, aunque esta se defiende con otra observación de los especialistas de Deloitte: cada euro de dinero público que recibe se multiplica por siete como aportación al producto interior bruto nacional.

La actividad anual de la Fundación también genera un flujo de noticias que alcanza su pico en octubre, pero tiene otros puntos altos en las reuniones de los jurados y en el anuncio de los galardonados, que se concentran en la primavera, cuando se fallan siete de las ocho categorías. De esa manera, según las mediciones de Kantar Media, la edición de 2015 generó 7.854 noticias y 8.061 referencias en los principales medios de comunicación españoles. Sumadas las audiencias de todas esas informaciones de prensa, radio y televisión, el impacto publicitario para Oviedo y Asturias equivale al que se conseguiría con una campaña valorada en más de 50 millones de euros. En total, todas esas noticias sumaron más de 1.874 millones de lectores, oyentes y espectadores. Las redes sociales, cuya gestión recibe un refuerzo especial estos días, aportan a la Fundación más de 21.000 seguidores de su perfil en Twitter y 16.500 en Facebook. Las cifras van al alza. Las últimas fronteras de los premios están cayendo.

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