Una vuelta a África a golpe de pedales

Nicolás Merino se propuso recorrer los 10.000 kilómetros que separan Gijón de Kenia en bicicleta por una buena causa. Mes y medio después de iniciar la aventura, ya está en Senegal


Redacción

Recorrer en bicicleta los 10.000 km que separan Asturias de Tala, una pequeña aldea de Kenia. Ese fue el reto con el Nicolás Merino salió de Gijón el pasado 30 de octubre y que le ha hecho recorrer países como Marruecos, Sahara occidental o Mauritania. En el mes y medio que lleva pedaleando, este joven de 26 años ha podido conocer de primera mano culturas totalmente diferentes y vivir experiencias inigualables. Pero el sentido del viaje no es solo una experiencia inolvidable, sino que lleva tras de sí dos grandes razones: colaborar con la ONG Kubuka -pretende recaudar fondos para construir un orfanato- y dar a conocer la realidad que se vive día da día en el continente africano. Aún le quedan 6.000 km para llegar al final -espera llegar a Kenia el próximo marzo-, pero lo que no le sobran son ganas de seguir conociendo y disfrutando de una aventura como esta.

Su viaje comenzó a gestarse hace casi tres años, cuando decidió realizar uno totalmente diferente al resto. «Leyendo los blogs de viajeros me di cuenta de que la bicicleta es un medio que te permite viajar de una forma barata, rápida y con la velocidad perfecta para no perderte nada y disfrutar de las pequeñas cosas», afirma. El viaje que en un principio estaba pensado para comenzar en Europa se pospuso por otro muy distinto: ir a Kenia a colaborar con la ONG Kubuka. Fue esa experiencia tan inolvidable la que hizo a Nicolás replantearse volver y conocer más lugares de la geografía africana, pero esta vez montado en su bicicleta.

A pesar de lo difícil que pueda parecer este reto, para este gijonés lo necesario es «tener ganas, pasar el umbral de la puerta y querer continuar. Yo preparé el recorrido, pero tenía muchos miedos, como por ejemplo si no me aguantarían las piernas, que si no sabía ni arreglar una rueda, la soledad... se te quitan, el cuerpo humano es inteligente y poco a poco va cogiendo forma, todo el que quiera puede pedalear lo mismo que yo, no soy ningún portento físico, la cabeza lo es todo, las ganas de querer». Reconoce que aunque no viaja acompañado, en ningún momento ha sentido la soledad, ya que ha tenido la oportunidad de conocer a gente y hablar con ellos. Muchos le han abierto las puertas de sus casas para dormir y comer, ya sean ricos o pobres; otros le han permitido ver en primera persona diferentes ritos y fiestas religiosas propias del territorio. «Las culturas diferentes te hacen ver cosas que no imaginas día a día. Una vez me colé en un villa de pescadores ilegal. No era bien recibido, pero la experiencia de ver eso con mis ojos fue especial», apunta. Su viaje tampoco ha estado exento de pequeñas dificultades como el calor, la lluvia o el viento, pero como bien recuerda Nicolás «no todos los días son de color de rosa. Lo importante es no perder nunca la sonrisa, el próximo no tiene la culpa de que lo anterior te la haya quitado».

Después de un mes y medio, este gijonés ha conseguido llegar hasta Senegal. Las redes sociales se han convertido en su «cuaderno de bitácora» en el que nada más que internet se lo permite, comparte con sus seguidores todas sus experiencias e impresiones en este viaje. Para Nicolás, lo importante es que todos se lo estén pasando igual de bien que él y anima a los que aún no lo conocen a unirse «y que por lo menos le den una oportunidad y si les aparecen donen su granito de arena». Sobre sus proyectos futuros, asegura que aún es pronto para pensarlo, pero reconoce que ya tiene algo en mente.

¿Qué es Kubuka?

Fue en 2013 cuando un grupo de jóvenes españoles unieron sus fuerzas para constituir Más Por Ellos, una asociación dedicada a la cooperación para el desarrollo en comunidades vulnerables de Kenia. Un año después nacería Kubuka en Zambia y juntos comenzarían a trabajar por un futuro mejor en sus países. En la actualidad, su misión es apoyar económicamente a más de 500 niños para pagar las tasas académicas de primaria y secundaria, además de acoger a varios menores huérfanos o en situación de vulnerabilidad en dos centros en Kenia y Zambia. Su trabajo se centra también en el apoyo a los mayores, colaborando para buscar la autosostenibilidad con proyectos de reciclaje o culturales.

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