El espionaje americano no olvidaba al PCE

Años después del fin de la Guerra Civil española y de la guerra mundial, la Inteligencia de EEUU vigilaba a los comunistas españoles

Varios comunistas portando banderas por las calles.Varios comunistas portando banderas por las calles
Varios comunistas portando banderas por las calles

Oviedo

Otro de los documentos desclasificados por la agencia de inteligencia norteamericana, la CIA, hace un repaso por los partidos comunistas clandestinos en el mundo. Es un extenso informe de 100 páginas dedicadas bajo el epígrafe «Secret» -no el más alto secreto, pero un grado considerable, seguramente para proteger las fuentes- que habla en su primera parte de estructuras, recursos, organización y muchos otros detalles.

En la segunda parte desglosa información país por país y dedica a España un epígrafe de cinco páginas titulado «CP Spain Underground» -El partido comunista  de España en la clandestinidad-, donde se menciona además a las «numerosas bandas de guerrillas que llevan a cabo operaciones inconexas y muy descoordinadas en las montañas. Algunas de ellas están controladas por los partidos comunistas -se refiere aquí también a los partidos en Cataluña y País Vasco, con politburós separados hasta diciembre de 1948-, muchos son auxiliares de otros partidos ilegales, la mayoría de ellos aparentemente son sólo banditti.

La CIA sitúa el centro de operaciones del PCE en Touluse, aunque que en 1945, señala, fueron detenidos en Madrid algunos de sus miembros y les fueron confiscados «una prensa, 5.000 ejemplares de Mundo Obrero y dos radiotransmisores». Dolores Ibarruri, La Pasionaria, es mencionada ya en este documento como secretaria general, que «estuvo con Vicente Uribe en Praga durante algunos meses». También sabían los espías americanos de la existencia de Antonio Mijo y Uribe como secretarios, aunque «la administración por debajo de ese alto nivel es algo misteriosa», con la posible existencia de «no menos de 26 secciones separadas bajo el comité central» en Francia.

En España, la Agencia reconocía más problemas para recibir datos, con una información «todavía más nebulosa», y menciona juicios en los que se han revelado detalles en niveles más bajos: Niceto Carcamo como secretario de propaganda con un sueldo de 1.900 pesetas al mes, Francisco López García en la misma labor; Antonio Villaseñor Gallego, director de una radio, Luis «Ferranes o Fernández» Carrera como número tres en propaganda y radio, Antonio Ivias Peredas (sic) como número dos «(Organización? Asuntos políticos?)», Eusebio Cabanillas Alfaro o Jesús Monzón, gobernador de Alicante y Murcia durante la Guerra Civil. Una información muy escasa teniendo en cuenta que la CIA cifraba, en otro documento, en unos 100.000 militantes la organización.

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