Así fue la odisea extrema de Judith Obaya en el infierno sahariano

La aventurera asturiana culmina con éxito su travesía en bicicleta de 1.750 kilómetros para llamar la atención sobre la violencia machista

Judith Obaya
Judith Obaya

Oviedo

La aventurera asturiana Judith Obaya ha culminado con éxito la travesía Con2Ruedas, un recorrido en bicicleta de 1.750 kilómetros fuera de asfalto por el Sahara Occidental para llamar la atención sobre la violencia machista.

Obaya, la primera piloto que recorrió en moto los 21 mares de Europa, celebra que con la llegada al pequeño puerto pesquero de Lamhiriz, cerca de cabo Barbas, y de la frontera con Mauritania, la el proyecto Con2Ruedas finalizó «exitosamente».

«1.768 kilómetros de puro desierto me hacen disfrutar del título de ser la primera persona que atraviesa el Sahara Occidental en bicicleta fuera de carretera», señala la deportista tras afrontar 18 etapas «muy duras, marcadas especialmente por el terreno y las extremas condiciones climatológicas».

La aventura, que finalizó el pasado jueves, comenzó el 20 de febrero en la montaña Djebel Ouarkziz, en la frontera natural del Sahara, en una «fácil pista» que en los dos primeros días fue una «toma de contacto para lo que estaba por llegar».

Después, explica que al suelo ondulado producido por el paso rápido de vehículos, le seguirían las empinadas trialeras de grandes piedras sueltas, ríos de arena con profundas roderas, intransitables dormideros de camellos, terrenos blandos de depresiones con fondo salino y pistas militares tan frecuentadas por los camiones que las ruedas de su bicicleta se hundían en el asfixiante polvo.

Obaya también detalla que el calor fue tan en aumento como el «tostado» de sus piernas y brazos, que pasaron de ser blancos a tener el mismo color que «las latas de sardinas oxidadas abandonadas a pie de pista por nómadas y soldados».

Recuerda que las frías noches del norte sahariano se convirtieron a medida que avanzaba hacia el sur en un «terrible infierno por el que había que rodar a toda costa».

«Llegué a beber más de 5 litros de agua diarios, y mi ropa terminó tan almidonada por las sales que mi cuerpo expulsaba con el sudor que ya parecía un cartón», afirma.

Según la deportista: «No hay Sahara sin viento y los alisios me acompañaron desde el primer día de travesía. El zumbido constante en mis oídos y la arena que arrastraba hasta mi boca, me obligaron a protegerme al estilo local con un pañuelo».

En muy pocas ocasiones el viento sopló de forma favorable que le ayudase en las etapas, teniendo que modificar la ruta en dos ocasiones para evitar desfallecer, revela la aventurera, que en la décima etapa precisó colocase una máscara para poder ver por dónde iba, se bajó de la bicicleta y caminó tirando de ella durante 20 kilómetros.

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