Redacción

Son pequeñas casas rurales, no cuentan con grandes lujos y están situadas a muchos kilómetros de las grandes urbes. A pesar de no tener el renombre de otros prestigiosos alojamientos, estos refugios son los grandes tesoros de la hotelería del Principado. Todos ellos son negocios familiares que nacieron como una aventura empresarial. Han invertido muchas horas de su tiempo y dinero en reformar estas pequeñas casas, que en algunos casos son herencias familiares. Ahora disfrutan del éxito que les reporta ser los cuatro alojamientos mejor valorados por los clientes de booking en Asturias. Su ubicación, decoración y atención a los huéspedes han sido los detonantes para recibir la máxima nota en la región, un 9,9. Al contrario de la mayoría de los establecimientos de esta web, ninguno de ellos cuenta con comentarios negativos y su trabajo es empoderado por sus clientes.

Algunos no eran conscientes de este reconocimiento, mientras que otros son conocedores desde hace años y disfrutan de la notoriedad que les reportan las buenas críticas por parte de sus clientes, algo que todos ellos consideran esencial en el negocio hotelero. Gracias a su buena fama en la red, turistas de cualquier parte del mundo han hecho ya su reserva en una de estas casas. Reconocen que el secreto de su éxito se debe a hacer las cosas con mucho mimo y cuidar hasta el último detalle.

Un refugio en el Cares

«Estoy muy emocionada. Es algo inexplicable. No puedo más que estar agradecida a los huéspedes» dice Jhousy Rubio tras conocer por LA VOZ DE ASTURIAS que su bed and breakfast lidera el ranking de booking de mejores establecimientos. Esta avilesina residente en Alicante decidió embarcarse junto a su marido en esta aventura cuando buscaba una pequeña casa en la zona del Cares. Una vez la adquirieron en Camarmeña, decidieron transformarla en un alojamiento para los turistas que se acercaran a realizar la famosa ruta. Durante un año y medio estuvo viajando cada dos semanas desde Alicante para llevar a cabo esta reforma, hasta que en 2013 abrió por fin las puertas de Casa Maru.

Este pequeño refugio cuenta con tan solo dos habitaciones abiertas al público -su marido y ella viven en la parte superior-, una con un estilo rústico y otra más romántica. A través de esta página han conseguido el 75% de sus clientes, los cuales en su mayoría son extranjeros. «Este año hemos tenido muchas reservas de estadounidenses», afirma la propietaria. ¿Su secreto? Poner mucho mimo a lo que hace. «Estoy encantada de ser la anfitriona. Solemos contarnos nuestras historias cuando hacen la parada en la ruta y se toman una copa de vino con nosotros», comenta emociona. Por el momento, su objetivo es mantener esta nota «y si se puede superarlo».

Una casa entre pozos mineros

Ana Rosa Núñez y José Antuña saben que esta web es el mejor escaparate posible para publicitar su negocio. Hace casi cuatro años, este matrimonio decidió rehabilitar una casa familiar que habían heredado para convertirla en un alojamiento. «En ese momento no tenía trabajo, así que decidimos probar y hacer un negocio de ella», comenta Ana Rosa. Situada a 4 kilómetros de Tuilla, La Casa Rural Manuel de Pepa Xuaca está compuesta por dos viviendas de dos habitaciones cada una y cuenta con una vista privilegiada al valle minero. Tampoco le falta ningún detalle, como una bañera hidromasaje, solarium o un comedor al aire libre.

Desde hace dos años, este matrimonio disfruta de lo que supone ser uno de los mejores alojamientos asturianos. Gracias a su posición en booking pueden presumir de haber hospedado a personas de diferentes nacionalidades, entre ellos argentinos o australianos. «Las reservas de extranjeros están repuntando. Notamos una mayor afluencia en los meses de verano», comenta Ana Rosa. Reconoce que se sintieron muy orgullosos  por ver recompensado su trabajo cuando booking les informó de su puntuación. La razón de su éxito es haber dado «algo diferente». «El turismo rural está desvirtuados. Nuestra casa es un hotel sin serlo y al que no le falta nada», apunta José.

Un alojamiento con vistas a Peña Mea

También en el corazón de la cuenca del Nalón se encuentra La casona de Palu, un refugio rural en la localidad de Castañal, a tan solo 2 kilómetros de Pola de Laviana. La encargada de regentarlo es Patricia García, aunque cuenta también con la ayuda de su marido, Luis Enrique Fernández. Este matrimonio llegó al concejo hace un par de años, cuando Luis Enrique comenzó a trabajar como profesor en el IES David Vázquez Martínez. Durante un tiempo estuvieron buscando fincas por toda Laviana hasta que encontraron esta casa de dos plantas. Este alojamiento en mitad del monte cuenta con 3 habitaciones, 2 baños y un salón cocina. Además, dispone de aparcamiento propio, jardín y una zona de parrilla en el exterior. Pero si por algo destaca La casona de Palu es por sus vistas a las montañas de la zona, en concreto a Peña Mea.

Tanto Patricia como Luis Enrique están muy orgullosos del trabajo que hasta la fecha han realizado. La web es la que se encarga de informarles anualmente de las puntuaciones y valoraciones de sus clientes. Este año, la cosa ha ido un poco mejor y han pasado de un 9,8 a un 9,9. A pesar de esta nueva nota, el nivel de reservas es más o menos similar al de años anteriores, aunque si que tienen alguna anécdota curiosa. «Es verdad que muchos vienen por la puntuación. Nos ha llegado gente que se encontraba haciendo una ruta por Santander en moto y acabaron aquí. También tuvimos unos clientes coreanos», comenta Luis Enrique.

Un refugio a los pies de los Picos de Europa

Quién cierra el ranking es esta casa situada de Cangas de Onís. El llagar de Mestas de Con se ha convertido en uno de los refugios con más encanto de la zona. María Palacios ha sido la encargada de reformar esta casa que un día fue un bar y que en un principio era para sus padres. Durante años, María ha trabajado de cara al público en un restaurante de la zona, así que no fue difícil para ella reutilizar este espacio como un alojamiento rural. El llagar de Mestas de Con cuenta con dos habitaciones y todo tipo de comodidades, además de una barbacoa y unas bicicletas para los que quieran conocer la zona. A pesar de tener dos trisqueles y un 9,9 en booking, María comenta humildemente que su casa es «normalina» y que hay «casazas mejores en el pueblo».

Aún así, el encanto de este pequeño refugio a los pies de los Picos de Europa ha conseguido convertirse en uno de los mayores reclamos de la zona. Para María es muy difícil compaginar su trabajo en el restaurante con la gestión de su negocio, por lo que muchas veces «no puedo coger dos citas seguidas». Reconoce que el secreto de sus buenas críticas es la atención que les presta a sus clientes. «Lo esencial es tratar bien a la gente y tenerlo todo correctamente. Eso es todo lo que ofrezco. Por ejemplo, la casa es para cuatro personas, pero si no vienen todos les cobro menos».

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