Adrián Barbón no camina solo

El candidato sanchista protagonizó un mitin donde las emociones y el peso de una militancia que se siente «menospreciada» desbordó la Casa del Pueblo de Gijón

Adrián Barbón, en el centro de la imagen, rodeado de militantes en la Casa del Pueblo de Gijón
Adrián Barbón, en el centro de la imagen, rodeado de militantes en la Casa del Pueblo de Gijón

Gijón

Lo que se vio, oyó y sintió ayer tarde en la Casa del Pueblo gijonesa fue solo la parte intermedia del mitin de presentación de Adrián Barbón como candidato a la presidencia de la Federación Socialista Asturiana. El acto empezó en la calle y, sobre todo, acabó en ella. Hay simbolismos que parecen querer imponerse por sí solos. O puestas en escena muy elocuentes. Un tapón de militantes, muchos de ellos venidos a Gijón en buses desde las Cuencas o del Occidente, se fue formando ante la Casa del Pueblo que de dejó esta vez una buena parte del Pueblo fuera. El ambiente, de fiesta. Más aún cuando un coro de vítores y una salva de aplausos recibieron a Avelino, el militante felizmente repuesto de un ataque cardíaco en la última y tensa asamblea local. «¡Vivan los novios!», gritó algún vecino desde las ventanas de la calle de La Argandona.

Dentro no hubo exactamente una boda, pero sí tantas emociones como en una ceremonia nupcial. Quizá incluso más. El acto, fue de hecho, un hervidero de ellas. Las lágrimas de Adriana Lastra y sus largos abrazos con Barbón; los que el candidato dedicó a su «dique» en los tiempos malos, el presidente de la FSA, Pablo García; el entusiasmo de la militancia, puesta en pie varias veces, y el bis final en el que el candidato, ya a la salida de la Casa del Pueblo, pidió un micro y un pequeño altavoz y acabó el mitin ya en desbordamiento. Como los gijoneses Doctor Explosión cuando remataban sus directos fuera de la sala: éxtasis callejero, tráfico cortado, más vítores y una nueva advertencia -«no os confiéis»- ante de que Adrián Barbón se pusiera épico y llamara a «dar batalla» a sus huestes. «¡No camino solo, no camino solo!», fueron sus palabras finales.

El mensaje estuvo claro. Una puesta en práctica (escénica) de lo que había dicho en el atril: las cosas, y el partido, de otra manera; la candidatura de la militancia. Antes, en el interior, no sonó como bienvenida el himno de mitin del PSOE sino Color esperanza, de Diego Torres, y se cantó (y con ganas) La Internacional. En silencio y en primera fila, Lastra (Adriana), María Luisa Carcedo, la tríada de Blancos -Graciela, Francisco y Faustino- escuderos como Gimena Llamedo e Iván Fernández. Y Pedro Sánchez, in absentia. «Yo no os escondo para que no se os vea en la foto», deslizó Barbón, pensando en la última fila que ocuparon consejeros y diputados veinticuatro horas antes.

Sobre la tarima, la exedil y exdirectora del teatro Jovellanos Carmen Veiga, que invocó «las esencias» y el «motor utópico» y ofició como maestra de ceremonias para  hacer desfilar hasta ocho «picos de oro» venidos de distintas agrupaciones locales para argumentar las razones de su apoyo al alcalde de Laviana. Entre sus argumentos hay uno, implícito o explícito, que marcó definitivamente las distancias respecto a los ofrecimientos de diálogo de José María Pérez un día antes.

Nadie se negó a ello, pero quedó claro que hay un daño hecho; no al partido ni a sus mecanismos: a la misma militancia que tiene que hablar de nuevo en septiembre. Tere, militante de Parres, dio las gracias «a los que nos menospreciaron como militantes», recordó las reuniones «clandestinas» de los sanchistas tras el que ya parece acuñado como Octubre Fatídico y evocó un diálogo de años atrás con su difunta madre y los disgustos de la militancia: «¿Te merece la pena, hija?» «Hoy no, pero algún día sí. Y hoy sí merece la pena».

El resto del tiempo fue para Barbón, que ofrecía como prioridad el pacto con Podemos e IU al mismo tiempo que Podemos daba portazo a la oferta de diálogo de Javier Fernández. El candidato que repetirá ese ofrecimiento si gana concluyó invitando también a la militancia enfervorizada a evocar a los antepasados, a «cerrar los ojos y pensar en la persona que os acercó al socialismo». Para ser más exactos, lo dijo en el penúltimo acto del mitin. Porque Adrián Barbón acabó en la calle.

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