Cubriendo toda la salud en un mismo centro

La red de Atención Primaria de Asturias, reconocida con la Medalla de Plata, cumple 30 años y aspira a incorporar las pruebas y servicios que ahora prestan los especialistas

Centro de Salud Parque de Somió
Centro de Salud Parque de Somió

Redacción

La Atención Primaria, tal como la conocemos, ha experimentado muchos cambios desde sus inicios. Los más nostálgicos recordarán al médico de cabecera del pueblo que se desplazaba a cada domicilio vecino con su maletín en mano. Los profesionales de la salud no podrán olvidar las largas consultas y la sobrecarga de pacientes por facultativo del viejo modelo de los ambulatorios. Dos realidades que experimentaron su primera gran evolución con las recomendaciones resultantes de la Conferencia Internacional de la Atención Primaria de Salud, comisionada por la Organización Mundial de la Salud, celebrada en Alma-Ata (Kazajistán) en 1978. A partir de entonces, la Atención Primaria se puso una meta: «Salud para todos en el año 2000»; un lema que buscaba reconocer el derecho de la población a la protección de su salud, así como la obligación de los gobiernos de cuidar y garantizar la salud de sus sociedades.

Tras 30 años, la Atención Primaria se ha ganado el reconocimiento en Asturias, con la Medalla de Plata por «la implantación de un modelo de atención sanitaria altamente accesible, de muy buena calidad, con una notable eficacia global, integrado por profesionales altamente formados e históricamente bien valorado por los ciudadanos». Y no es solo valorada en Asturias sino que es la tercera mejor Primaria de los países de la OCDE. Gracias a las 3.000 personas que trabajan en el sistema: 762 especialistas de Atención Primaria, cerca de 637 médicos de familia y 125 pediatras, integrados en más de 80 equipos multidisciplinares, el paciente siente la confianza de un amigo, la seguridad de un técnico y la garantía de una salud duradera. En LA VOZ hablamos con algunos de estos profesionales para que cuenten en primera persona cómo han experimentado ese gran cambio en el modelo de trabajo y cómo ha de ser la próxima gran revolución para que la sanidad pública mantenga esa atención otros 30 años más.

Una medicina de familia involucrada en la comunidad

«Tenemos que consolidar lo que hemos conseguido», son las palabras del presidente de la Sociedad Asturiana de Medicina de Familia y Comunitaria (SamFYC), José María Fernández Rodríguez-Lacín o Chema Lacín para su equipo médico, a la hora de pensar en los retos que debe afrontar la Atención Primaria en Asturias en el futuro. «A lo largo de estos años hemos evolucionado de una asistencia ambulatoria y consultas de médicos de dos horas y media a una atención en equipo en centros de salud bien dotados y más especializados», comenta Lacín. Este es el principal avance que se deriva de la reforma. Una opinión compartida también por Iván Pidal, médico de familia en San Juan de la Arena con 15 años de experiencia, que afirma que la gran ventaja desde la reforma sanitaria ha sido «centrar la atención en la prevención y promoción de la salud y no tanto en la enfermedad aguda como se hacía antes». Gracias a ello, «cada vez hacemos más cosas y resolvemos más, dejando a los hospitales únicamente para lo más especializado. Además, los equipos se han aumentado. Ya no solo está el medico de familia, la enferma y el pediatra, sino que hemos pasado a trabajar también con psicólogos, odontólogos, trabajadores sociales, etc.», continúa Pidal.

Aun con avances, la medicina de familia se tiene que enfrentar a un gran reto de cara a los próximos 30 años: financiación. Lacín denomina a esta necesidad como «un reto político y social» cuyo objetivo es «dotar presupuestariamente bien a la Atención Primaria». A pesar de las trabas impuestas por parte de la administración, María Szechenyi, médico rural en Llanes desde hace cuatro años, considera que lo más importante es «no perder la ilusión y las ganas de seguir trabajando». Pues aunque no tengan sustituciones o los cupos estén sobredimensionados, «tenemos que intentar seguir haciendo grandes cosas».

Y entre esas cosas el relevo generacional ocupa el mayor espacio. Pidal afirma que esta cuestión es algo que «nos preocupa muchísimo», ya que «la media de edad de los profesionales es elevada y en los próximos años va a haber muchas jubilaciones. Cubrir todas las ausencias será complicado». Para ello es importante poner el foco en la formación de las nuevas generaciones de médicos y que en las facultades se de cabida a la atención primaria y a la medicina de familia porque, comenta Szechenyi: «Yo recibo estudiantes en mi consulta que desconocen lo que se realiza en Atención Primaria». El conocimiento de su labor es importante «para que lleguen a la medicina de familia por decisión propia y así mantengan la ilusión», sostiene.

Hoy en día el médico de familia no trabaja solo en su consulta, sino que ha de mezclarse con la comunidad para tener una visión integral del paciente. «Ahora ya no hay tanto enfermedades en sí sino consecuencias de la crisis, separaciones, problemas con los hijos...Es la parte emocional de la enfermedad y también afecta», cuenta Pidal. Siendo así, es importante «desarrollar la medicina comunitaria; tenemos que salir más de las consultas y mezclarnos más con la población», argumenta Szechenyi. Y dentro de esa tarea está luchar contra el autodiagnóstico del paciente para poder «orientar bien sus propias expectativas», continúa Szechenyi. Para cumplir este reto es imperativo «saber escuchar, explicar mucho las cosas y aportarles más posibilidades», comenta Pidal. De este modo «el paciente es el que elige al final qué hacer con su salud a través de una decisión consensuada, no impuesta por el médico como antiguamente», sostiene.

«El futuro puede ser prometedor», afirma el presidente de SamFYC, y para que así sea «hay que transmitir a los jóvenes lo importante que fue la reforma para que, de su mano, todo salga adelante. El reto está en ellos», matiza Lacín.

La matrona como consejera

La partera de los pueblos ha quedado atrás para dar paso a la matrona, una figura que ya está implantada en los centros de salud y cada vez es más solicitada. Salomé Álvarez, presidenta de la Asociación Profesional de Matronas de Asturias (APROMAP) valora estos años de evolución de manera más que positiva porque «cada vez las mujeres van demandando más los servicios de la matrona y están más presentes en los centros de salud», gracias a lo cual «se está haciendo un mejor seguimiento del embarazo de bajo riesgo y se están empezando a atender otras áreas que deben estar atendidas por nosotras». Esa asunción del embarazo de bajo riesgo en Primaria, tarea que antes se llevaba en Especializada, permite mantener un seguimiento más personal de la evolución del estado de gestación «de tal modo que si la mujer tiene un problema sabe que puede acudir directamente a la matrona para cualquier duda», cuenta Paloma Esparza, matrona de Atención Primaria en el centro de salud de Parque de Somió.

Con el paso del tiempo, y gracias a la reforma del 84, la matrona ha ido abandonando esa asociación plena con el paritorio para dedicarse «al cuidado de la mujer al completo», afirma Esparza, «trabajamos en la promoción de la lactancia materna y también hacemos talleres de educación maternal y paternal, entre otras cosas». Y en esa ampliación de su abanico de trabajo se encuentran las oportunidades de su futuro.

En los próximos 30 años las matronas se han de involucrar en «áreas como las consultas anticoncepción y la planificación familiar en general, las consultas de mujeres menopáusicas, la dedicada a los jóvenes para el asesoramiento, hacer el control de cáncer de cérvix... todos estos campos deberían estar atendidos por matronas porque tienen formación para ello», cuenta Álvarez. Pero para la consecución de este ambicioso objetivo es necesario que se incorporen nuevos profesionales ya que en la actualidad no se cubren tales campos «por la escasez de personal», continúa.

Las matronas son enfermeras especializadas en obstetricia y ginecología, aptas para tratar todos los temas relativos a la formación y prevención mediante la anticoncepción hormonal y oral. Partiendo de esta premisa, «el gran reto está en visibilizarnos», afirma Esparza porque la matrona se ha transformado en una consejera, en una compañera. Aún así, sigue habiendo muchas mujeres que no saben lo que abarcan. Por eso deben saber que tienen acceso directo a este profesional sanitario para «que nos conozcan y sepan cuál es nuestra labor en primaria», sostiene.

El empoderamiento del paciente desde pediatría

Después del 84 la pediatría en Atención Primaria amplió sus competencias: se expandió el horario de consultas, se introdujeron en las mismas los exámenes de salud infantil y la cartera de servicios pasó de centrarse en la atención aguda para contemplar actividades preventivas y de educación sanitarias.

José Ignacio Pérez Candás, presidente de la Asociación Asturiana de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP) y pediatra desde hace «treintaitantos» años no deja de lado su principal objetivo: conseguir el empoderamiento del ciudadano sea protagonista de su salud. Para lo cual es de excelsa importancia «educar, aconsejar y curar», comenta.

Como parte de la nueva estrategia de la Organización Mundial de la Salud para el período de 2016-2030 se ha de adecuar la asistencia sanitaria pediátrica a las actividades preventivas a las que hacer frente en aquellos aspectos claves para mantener una salud óptima, aun no siendo estrictamente sanitarios. Estos aspectos son «aquellos que dependen de nuestra forma de vida: lo que comemos en cantidad y calidad, nuestra actividad física, donde vivimos y trabajamos o nuestra situación económico-social», explica Pérez.

Y todo ello se está empezando a asumir ya con fuerza en los motores de las consultas. «Ha habido una mejora en la atención de salud de los niños gracias al Plan Personal Jerárquico; también hay un avance en cuanto a la conexión con los hospitales de referencia: hay más reuniones, intercambio de ideas, protocolos en común, etc.; y cada vez se está trabajando más en la comunidad, tanto en colegios como en institutos, con el objetivo de fomentar la educación para la salud», cuenta Elena Taborda, pediatra en el centro de salud de Posada de Llanera.

Pero para el futuro hay que dar un pasó más allá. «Es necesario que la atención primaria pediátrica se convierta en el eje del sistema», afirma el presidente de AEPAP en Asturias, para lo cual «se necesitan pediatras muy ilusionados que a través de la información y educación sanitarias permitan al ciudadano tomar las riendas de su salud; y recursos tecnológicos con los que poder hacer frente a las nuevas necesidades», argumenta.

La repartición equitativa de los recursos, humanos y financieros, también se torna esencial en el ámbito pediátrico. En relación a ello Pérez considera que estos son imprescindibles «para garantizar el relevo generacional e implantar medidas como la prolongación voluntaria de la edad de jubilación, así como para las nuevas ofertas de empleo público o los concursos de traslados, entre otras cosas».

Al convertirse en un profesional que no mira solo a la enfermedad aguda, el pediatra ya contempla riesgos actuales como el consumo de alcohol en los jóvenes y la obesidad, así como determinantes sociales que afectan a la salud como la contaminación medioambiental, la pobreza o el estrés derivado del ritmo de vida actual. Sin abordar todos estos campos «no podremos avanzar» comenta Pérez. Por esta razón «el reto siempre ha sido educar, y en ello estamos. Somos consejeros y hemos de integrarnos en la comunidad para que la última decisión esté en el ciudadano», sostiene.

En esta línea, en el centro de salud de Sabugo han incorporado, en el área de pediatría, un programa novedoso para evaluar el seguimiento del niño: el riesgo psicosocial. Beatriz Fernández, enfermera pediátrica, cuenta que, además de la evaluación del niño sano, «recogemos información de todos aquellos aspectos que pueden influir en el futuro del niño como los divorcios, conflictos familiares, problemas de adaptación, rebeldía o ansiedad y, a raíz de ahí, actuamos e iniciamos un seguimiento». El análisis de este punto de vista de la salud en la infancia tan solo lleva cuatro años. «Es un proyecto pendiente de respuestas», cuenta Fernández, «cuyo objetivo es que, con el paso del tiempo, se traslade a otros centros de salud para evitar posibles trastornos severos en el niño».

Asimismo, «es importante acabar con la idea de que los niños son adultos pequeños. Cada edad tiene unas necesidades especiales y estas deben ser atendidas por profesionales», cuenta Taborda. Otro reto al que apunta la pediatra es «elevar el nivel de formación a nivel universitario para que se de a conocer la labor del pediatra en Atención Primaria».

Y no se pueden olvidar otros aspectos básicos como el «fomento del trabajo en equipo con la enfermería especialista en pediatría», y, como no, «aumentar la oferta pública de empleo», argumenta Taborda. Porque la salud es mucho más que prestaciones sanitarias y «para hacerlo bien necesitamos formación, ilusión y recursos», finaliza el presidente de AEPAP en Asturias.

La confianza: la base de la enfermería

«Desde la creación de los centros de salud ha habido una gran mejora de la sanidad pública. Este hito trajo consigo la incorporación de muchos y nuevos profesionales, más cercanos a toda la población», cuenta Marta Villamil, presidenta de la Sociedad de Enfermería de Atención Primaria de Asturias (SEAPA) y enfermera en Cudillero desde el 98. A partir de entonces se empezaron a encontrar centros de salud en todos los pueblos y barrios con un equipo multidisciplinar. «Comenzamos a trabajar muy cerca de la comunidad, con los ayuntamientos y la administración», afirma Villamil.

La enfermería de Atención Primaria se posa sobre una base sólida: la confianza. Villamil, enfermera en un entorno rural, conoce a sus pacientes como a un amigo de la infancia. «He tratado con pacientes que atendí de bebés y ahora casi estoy atendiendo a sus hijos», cuenta. Esa cercanía se debe a que en los centros de salud «no ves al paciente solo como un individuo que tiene una enfermedad sino como una persona vinculada a su entorno; y a raíz de esta consideración adecúas sus recomendaciones porque conoces cómo es el paciente y cuáles sus limitaciones personales», argumenta Villamil.

Y los cambios se hacen palpables también a la hora de prescribir medicamentos. Ahora hay otra forma de alcanzar una salud óptima. Cuenta Villamil que en los centros de salud «ayudamos a las personas a cuidarse de manera autónoma empleando los recursos que tienen más cerca. Es una nueva forma de prescripción. Así, puedes recetar al paciente acudir a un grupo de paseos saludables o una alimentación diferente. Y, en ocasiones, eso es más aconsejable que un ansiolítico, por ejemplo».

De cara a los próximos 30 años, Villamil cree que es importante que la categoría de enfermero especialista se reconozca dentro del sistema universitario. «Actualmente la especialización que se realiza a través del EIR solo se reconoce a nivel universitario», comenta. En relación a este reconocimiento de la especialidad, Raquel Pérez Otero, enfermera de la primera promoción de especialistas en familiar y comunitaria vía EIR (2011), cree que «está influyendo notablemente el hecho de que desde el Ministerio de Sanidad no se haya podido resolver aún el examen de acceso por vía excepcional a la especialidad, que tiene bloqueado el acceso vía examen (no vía residencia-EIR) de aquellas enfermeras que llevan años trabajando en Atención Primaria».

Por otro lado, Villamil plantea la necesidad de que con la nueva ley de sanidad en Asturias se contemple, junto a la libre elección de médico, la libre elección de enfermera. «Nosotras, que cuidamos tan de cerca a la población, necesitamos la confianza del paciente y, si eso falla, este tiene que tener la posibilidad de elegir otro profesional», asegura.

Al igual que otros compañeros de profesión, Villamil siente que este reconocimiento «nos da visibilidad y valor» porque, como comenta su compañera Pérez, «debe desaparecer esa visión arcaica que puede tener una parte de la sociedad de la enfermera como Asistente Sanitario. Somos una profesión en continuo crecimiento y cada vez tenemos más y mejores cosas que aportar». Por ello, Villamil confía en que esta medalla no quede solo en el premio sino «que se acompañe de políticas de mejora, de personal sobre todo, porque los recursos que están asignados en sanidad (tecnología y grandes máquinas) se los llevan en su mayoría los hospitales». Por eso hay que cuidar la Atención Primaria, porque, como sostiene Villamil «es fundamental para la sostenibilidad del sistema sanitario público».

Efectividad, rapidez y conexión

Hace menos años de lo que pueda parecer el papel lo era todo. Los libros de historias clínicas ocupaban mucho espacio, se traspapelaban y hacían muy complicada la efectividad pues «si tenías que ver cómo tenía la tensión un paciente hace tres años la tardanza estaba garantizada», cuenta Ana Rosa Ruisánchez, administrativa en el centro de salud de Llanes desde el 89. En cambio ahora, gracias a los avances tecnológicos «el trabajo se ha vuelto muy cómodo y es mucho más efectivo, ya que permite que haya una conexión total entre los sanitarios a través del ordenador».

¿Y para el futuro? Expandir la conexión del personal médico a nivel nacional. Ahí está la gran oportunidad de la administración de la Atención Primaria según Ruisánchez, quien considera que «en Llanes, por ejemplo, hay muchos desplazados por lo que si vienen con una receta electrónica de fuera de Asturias no se les pueden dispensar los medicamentos». Implantando tal avance tecnológico el beneficio se vería en el principal involucrado: el paciente.

La salud de lo social

El aspecto social es inseparable de la salud. Las enfermedades ya no se solventan de una manera tan automática como en el pasado. Ahora se precisa apoyo y orientación; y para eso está el trabajo social. Sus pacientes son «personas dependientes, crónicos, personas enfermas, pacientes en tratamiento paliativo, mujeres que sufren violencia, ancianos frágiles, menores en situación de riesgo social, inmigrantes con dificultades de adaptación... colectivos que requieren nuestro apoyo en el ámbito socio sanitario», explican las trabajadoras sociales sanitarias del área III del centro de salud de Sabugo (Avilés).

Estas profesionales se vuelcan en ayudar al paciente a «enfrentarse a ellos mismos y a encontrar el equilibrio entre sus hábitos de vida y la nueva situación». Dentro de la Atención Primaria, el trabajo social se encarga de «escuchar y estudiar el problema o conjunto de problemas relacionados con la enfermedad del paciente y cómo influyen en su día a día», cuentan. Es un trabajo en equipo conectado con el resto de profesionales sanitarios, que derivarán al trabajador social para completar el diagnóstico y futura recuperación de la persona.

«Nuestro trabajo se centra también en la prevención y el fomento de la salud a través de programas preventivos, aplicando la estrategia de detección de riesgo e identificando a las personas en riesgo social para cada programa, como por ejemplo: Programas de Atención a la Dependencia, trabajando en la comunidad con colectivos vulnerables, Programa de Trastorno Mental Severo, Apoyo Psico-social, etc.», sostienen las trabajadoras sociales de Sabugo.

Para los años venideros creen relevante que su figura profesional «esté debidamente representada en los órganos de gestión, planificación, organización y evaluación del sistema sanitario». Asimismo, «la creación del puesto de Técnico en Trabajo Social Sanitario en las jefaturas sería un referente que homogenizaría y visibilizaría nuestro trabajo». 

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