Las casas y apartamentos de La Riba ofrecen un retorno a los orígenes para evadirse del mundo
18 sep 2017 . Actualizado a las 17:42 h.
Tras quince años en México, Sara Nava y su familia decidieron volver a casa, a Asturias. Corría el año 96 e, instalados en Oviedo, se pusieron a pensar qué podían hacer ahora que habían regresado al paraíso natural. «Entonces el turismo rural estaba en los inicios en Asturias pero avanzaba con fortaleza», cuenta Nava, «y después de mucho buscar apareció una finca y decidimos empezar a construir estos apartamentos y casas rurales».
Así nació La Riba, un conjunto de cuatro apartamentos y dos casas rurales en el concejo de Amieva, cerca de Cangas de Onís. Tanto unos como otros permiten obtener diferentes combinaciones de ocupación, logrando un total de 16 plazas con la mejor calidad del turismo rural en Asturias.
La decisión de optar por la idea de los apartamentos responde a una necesidad compartida: la libertad. «Nos pareció buena idea construir apartamentos y casas individuales porque nos daba más libertad. La gente también se siente con esa libertad en la casa y a nosotros nos permite hacer más cosas», sostiene Nava.
Con un terreno ajardinado privado en su entorno, La Riba facilita evadirse del mundo exterior para integrarse en un mundo aparte lleno de encanto. Un encanto favorecido por una estructura de madera, que mantiene el frescor en verano y el calor en invierno, y por una decoración tradicional que «fascina a los niños, que llegan y les parece todo de cuento», afirma Nava.
Después de los primeros años, el pequeño pueblo de Amieva cerró su bar y la familia Nava decidió tomarlo para dar un servicio más a los clientes porque «con el tiempo te acabas dando cuenta de que, desgraciadamente, los pueblos que no tienen bar, sobre todo en esta zona, no tienen turismo».
El lugar donde están las casas es especial. «Están en una finca inclinada con las vistas al valle, y no te lo esperas», comenta Nava. Una sorpresa que ha hecho que haya clientes que lleven hasta 11 años repitiendo la experiencia de La Riba. ¿Y qué les lleva a volver? Según sostiene Nava, «intentamos dar más confort que lujo, manteniendo la forma de las casas tradicionales. Antes incluso estábamos sin televisión para dar esa sensación de casa tradicional. Además, todas las casas tienen chimenea y les damos la leña para que se sientan más acogidos durante los inviernos».
Otro punto fuerte es el pueblo. «Es poco turístico, no hay una invasión y eso es uno de los encantos», cuenta Nava. «Es un pueblo que no está transformado. Convives, charlas con la gente… y eso gusta mucho».
Al final es una suma de factores. Ir a la Riba es sentir un retorno a los orígenes, disfrutar de la buena gente del pueblo y del gran trato que la familia Nava ofrece a sus huéspedes para que «se sientan lo mejor posible».