El Caserío San Pedro es un lugar donde el cuidado y la naturaleza aseguran la tranquilidad y el regocijo de cada huésped
02 oct 2017 . Actualizado a las 18:18 h.
Hace 22 años abrió el Caserío San Pedro. Por aquel entonces Mari Paz Cueto formaba parte de una familia de agricultores dedicados al ganado de la leche. En esos años, el Principado quería potenciar el turismo rural y Cueto decidió acudir a unos cursos para aprender del negocio.
Con el objetivo de dar vida a sus actividades, rehabilitaron la casa que tenían para la matanza del cerdo y la convirtieron en un hogar para ellos y para el turismo rural en Caldueño (Llanes). Tras un año de obras abrieron sus puertas con una pregunta en la mente: «¿quién va a venir aquí ahora?», cuenta Cueto. Los primeros clientes fueron todos de Asturias, luego vascos y madrileños y, a día de hoy, llegan ingleses, alemanes estadounidenses, canadienses... la lista es tan larga como satisfactoria porque, como asegura Cueto, «la experiencia con la gente es muy buena».
El Caserío San Pedro forma parte de una quintana de labor de 40 hectáreas con praderías, manzanos, perales y cerezos, entre otros frutales. La casa, construida en el siglo XVIII, es de estilo popular tradicional asturiano, cuenta con dos hórreos y una capilla rural dedicada a San Pedro.
Puede que Llanes peque de ser una zona masificada; sin embargo, en este alojamiento rural «estamos solos y tenemos el bosque al lado, por lo que a veces el cliente se va con un libro a leer», cuenta Cueto. Un remanso de tranquilidad y naturaleza que engancha. Por eso hay huéspedes que «empezaron a venir siendo novios y ahora ya vienen sus hijos». Cueto cuida con esmero a sus clientes siendo guía, consejera y amiga: «Les llevamos a la ruta del cares, a las playas que no encuentran, a comprar quesos, les enseñamos la senda costera de Llanes, hacemos rutas con ellos...».
Cueto siempre está ahí para mimar a sus huéspedes. Su bizcocho casero en el desayuno tiene la esencia de la cocina casera y «aunque solo servimos desayunos, si por la noche hago tortilla de patatas y me sobra, les doy; si hago arroz con leche, les doy. Y, al llegar, les obsequio con el bizcocho casero, mermelada y una docena de huevos de aquí». Grandes detalles que demuestran lo mucho que le gusta la gente, tanto como la gente gusta de estar en el Caserío San Pedro.