La Boriza combina el buen trato con las cualidades del entorno para que sus huéspedes descansen y disfruten de Asturias
30 dic 2017 . Actualizado a las 18:27 h.
La familia de Belén Bustillo puso en pie La Boriza hace ya 25 años. Medio siglo lleno de esfuerzo, dedicación y mucho mimo, como la propia Bustillo asegura. «Esta familia siempre tuvo mucha perspectiva de futuro y un carácter muy emprendedor. Por eso pensaron que sería buena idea hacer un hotel rural aquí, en Andrín», afirma. Inauguraron con éxito en 1992 y esa idea que tenían de que un hotel rural podría ser un buen negocio, es hoy una certeza.
Para que cada detalle supusiera un punto a su favor, decidieron construir una casa tipo indiana, «que llevara mucha madera y decoración típica de la zona de Llanes», cuenta Bustillo. Poco a poco, levantaron una casa con carácter indiano a nivel arquitectónico y decorativo, y lo consiguieron hasta en el jardín de la entrada, donde hay plantada una palmera, un toque muy propio de este tipo de casas.
Una vez en marcha, se fue creando una tendencia afín a sus principios fundacionales: el espíritu familiar. «El lema que siempre tuvo la familia fue tratar al cliente como si fuera un invitado en nuestra casa», sostiene Bustillo. Esta es la principal razón que ha llevado a La Boriza a tener una buena parte de su clientela fidelizada. Tanto que a Bustillo le llama la atención que en determinadas fechas del año el hotel esté ocupado por familias que incluso se conocen desde hace muchos años. «La segunda quincena de julio se juntan ocho familias que coinciden unos días, se saludan y comparten porque han hecho amistad entre ellos», explica.
Pero si hubiera que elegir una cualidad sobre todas las demás, la tranquilidad se llevaría el primer puesto. «Se respira mucha tranquilidad», comenta la dueña. «La mayoría de los huéspedes suelen ser parejas de una mediana edad a quienes les gusta la tranquilidad, se acuestan pronto, madrugan». Ello da lugar a un tipo de turismo muy tranquilo, esencial para desconectar del ajetreo del día a día propio de la ciudad. A esa tranquilidad se le suma el aliciente de la calidad del desayuno, hecho en su mayoría por productos de elaboración casera. «Los mimamos mucho», asegura Bustillo. «Hacemos bizcochos, tartas, corbatas, quesadas, un poco de todo y con mucho cariño».
La Boriza se ve beneficiada por las características del entorno. Situada en Llanes, tiene la playa de Andín a 400 metros, «una playa muy salvaje», comenta Bustillo. «También tenemos la de Ballota al lado y el campo de golf a un kilómetro». Sumándose a ese turismo de tranquilidad está la opción de tomar una de las diversas sendas para caminar y andar en bicicleta que se encuentran alrededor del hotel. «Tenemos muchas cosas orientadas a un tipo de clientela concreta, que es la que nosotros queremos», afirma.
Rodeada por un paisaje que refleja la naturaleza propia del Principado, con la Sierra del Cuera enfrente «que cuando está despejada es una maravilla», y la accesibilidad a los principales puntos de interés, convierten a La Boriza en un lugar al que acudir para disfrutar, respirar y sentir una experiencia en la que no faltará nada. Y para eso estará Belén Bustillo 25 años más, para seguir funcionando al son de la calidad y el buen servicio, porque como dice ella,«teniendo eso lo demás viene rodado».