¿Se aprobará la cooficialidad del asturiano en 2018?

Xuan Bello, Humberto Gonzali y Xuan Xosé Sánchez Vicente muestran opiniones discordantes sobre si cabe ser optimistas o pesimistas con respecto a la oficialidad de la llingua

Manifestación en defensa de la oficialidad de la llingua asturiana
Manifestación en defensa de la oficialidad de la llingua asturiana

Redaccion

«En 1996 va consiguise la cooficialidá»: quien así hablaba en enero de aquel año era un ufano Xosé Lluis García Arias, a la sazón presidente de la Academia de la Llingua. Corrían buenos tiempos para la causa de la cooficialidad de la lengua asturiana, impulsada entonces por un Pautu pol Autogobiernu y la Oficialidá que el 25 de noviembre anterior había logrado reunir en el centro de Oviedo una manifestación de diez mil personas encabezada por una espectacular centuria de cien gaiteros, 42 tamboriteros y un violinista. Existía por entonces un consenso bastante amplio y transversal en torno a la cooficialidad e incluso algunas personalidades y sectores del PP y del PSOE, tradicionalmente reticentes a la causa de la llingua, mostraban su simpatía hacia la posibilidad de oficializarla. Era el caso del expresidente socialista Antonio Trevín, que se declaraba favorable a una reforma del Estatuto que culminase con la oficialidad; del también socialista José Luis Iglesias Riopedre, que reclamaba a su partido que escuchara «a su militancia, porque somos muchos los que apoyamos la llingua, y no plantear posturas cerradas».

La oficialidad, sin embargo, no llegó a aprobarse aquel año. Tampoco el siguiente, ni el siguiente, ni el siguiente. La burbuja asturianista fue deshinchándose por diversos motivos tanto internos (las divisiones y desencuentros que fueron resquebrajando el Pautu) como externos. Entre estos últimos destacó la fortísima presión que un lobby de profesores universitarios antiasturianistas encabezado por Gustavo Bueno y que se hacía llamar Amigos de los Bables (nombre equívoco que camuflaba mal el desprecio que sus miembros sentían hacia la llingua, que ellos decían múltiple para no decir inexistente) ejerció sobre los sucesivos gobiernos para evitar que declararan la cooficialidad. El triunfo arrollador, con un 46 % de los votos, del muy poco favorable Vicente Álvarez Areces como candidato socialista a las elecciones autonómicas de 1999, que supusieron también la salida del Partíu Asturianista de Xuan Xosé Sánchez Vicente del parlamento regional y una merma importante del apoyo a Izquierda Unida, el otro partido más claramente posicionado a favor de la cooficialidad, tampoco vino en ayuda de los defensores de la cooficialidad; y casi veinte años después, el asturiano sigue sin ver equiparado su reconocimiento legal con el de las otras lenguas españolas.

Todo el mundo concordaba, hasta este año, en suponer que lo que no se había conseguido en los noventa ya no se iba a conseguir nunca. Sin embargo, 2017 ha sido el año en que los laureles del asturianismo cultural han reverdecido y hoy la cooficialidad vuelve a parecer tan a la vuelta de la esquina como en 1996. El detonante del cambio ha sido el relevo producido en la cúpula del PSOE asturiano, donde la marea sanchista cobró la forma de acceso a la secretaría general del alcalde de Laviana, Adrián Barbón, y de la asunción del poder en el partido por parte un equipo mucho más proclive a la cooficialidad de lo que lo es el entorno del presidente Javier Fernández, secretario general de la FSA desde 2000. En lo que respecta al asturiano, esa nueva sensibilidad se tradujo en octubre en el compromiso de la FSA --aprobado en su 32.º Congreso-- de impulsar la oficialidad cuando se aborde la reforma del Estatuto de Autonomía y con un modelo de aplicación progresiva acorde a las circunstancias sociolingüísticas y a las necesidades culturales de Asturias. Rápidamente, Izquierda Unida y Podemos conminaron a la FSA a llevar a efecto esa nueva postura aprobando la cooficialidad; pero el partido socialista opta por templar las expectativas: la Ejecutiva de Barbón sigue afirmando su compromiso con la llingua, pero liga la oficialidad a un proceso amplio y sin plazos de cambios normativos profundos: el de la Constitución y el del Estatuto de Autonomía.

Opiniones dispares

Sobre si se aprobará, esta vez sí, la cooficialidad o esa vieja aspiración volverá a frustrarse como en los años noventa existe disparidad de opiniones. Xuan Bello, uno de los escritores más laureados en lengua asturiana, se cuenta entre quienes están seguros de que esta vez sí. Él liga su seguridad a la próxima reforma de la Constitución, y se muestra convencido de que la oficialidad del asturiano saldrá adelante incluso si esa reforma camina en un sentido recentralizador, como desea la derecha. «El problema del asturiano», dice, «no es de centralización o descentralización: el Estado, se centralice o se descentralice, tendrá que seguir respondiendo de igual manera a las diferentes hablas del Estado». Considera el escritor que la gran diferencia entre el momento actual y los años noventa es que existe una generación de asturianistas menos maximalista y más hábil y paciente que la de entonces. Advierte, con todo, acerca del peligro de creer en una «oficialidad tótem»: debemos entender, dice, «que no por tener el tótem levantado existe Dios y que la oficialidad no va a garantizar nada y que el proceso seguirá necesitando un montón de apoyos, de reflexión y de aplicaciones y que estamos ante una batalla que estamos perdiendo no ya en Asturias, sino ante el mundo. El proceso no ya de dignificar el asturiano, sino de construir una cúpula de palabras y libros en la que resuene la voz culta de Europa, es una batalla que estamos perdiendo en todo Occidente; que están perdiendo las humanidades».

El escritor y empresario Humberto Gonzali, exmilitante del PP significado durante años como la voz más descollante de cuantas en su partido sí eran favorables al asturiano, es de la misma opinión que Bello. Coincide en celebrar la mucha mayor templanza que, a su juicio, caracteriza al asturianismo cultural con respecto al de los noventa, así como el progresivo relevo al frente del PSOE de una generación muy jacobina por otra menos ideologizada en ese sentido, y además señala otro factor que él entiende que coadyuva a acercar la oficialidad: «De Gustavo Bueno o Emilio Alarcos podía decirse lo que se quisiera, pero nadie podía negar que eran grandes intelectuales, ni que sus pensamientos y opiniones no eran irrelevantes. El antiasturianismo actual no tiene ni de lejos esa talla y por lo tanto es un enemigo de mucha menos entidad de lo que era Amigos de los Bables».

Xuan Xosé Sánchez Vicente, fundador y líder del Partíu Asturianista, única formación asturianista que ha conseguido representación en la Junta General del Principado en los cuarenta años transcurridos desde la recuperación de la autonomía, se muestra menos optimista. A su juicio, por mucho que la postura del PSOE asturiano haya cambiado, caben «muchas dudas de que lo permitan en Madrid. En el Estado, unos y otros tienen la idea de que no quieren más complicaciones y de que no están dispuestos a abrir más el melón; y si desde Madrid dicen que no se abre, el PSOE de aquí se cuadrará y no lo abrirá».

Sea como sea, los distintos colectivos asturianistas trabajan con tesón por facilitar la declaración de cooficialidad. La Xunta Pola Defensa de la Llingua Asturiana considera que podría lograrse ya en este mismo 2018 y ha lanzado para reivindicarla el Proyectu 2018, resultante de un año de conversaciones con partidos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos, entidades académicas, etcétera. La aspiración de la asociación es que en 2018 se lance en la Junta General una propuesta de modificación del Estatuto de Autonomía a petición de un grupo de diputados amplio y plural que se centre exclusivamente en el artículo 4, el que regula el estatus de la lengua autóctona. «Agora ye’l momentu», dicen. El tiempo dirá si esa convicción era acertada.

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