Los conflictos locales agrietan la unidad del PP asturiano

Las disensiones sobre la candidatura en Oviedo y el enfrentamiento abierto en Avilés complican la precampaña

Mercedes Fernández interviene en el Comité Ejecutivo Regional del PP de Asturias.Mercedes Fernández interviene en el Comité Ejecutivo Regional del PP de Asturias
Mercedes Fernández interviene en el Comité Ejecutivo Regional del PP de Asturias

Redaccion

El 18 de marzo de 2017, en uno de los salones del Hotel de la Reconquista, se cerraba el congreso regional del PP asturiano con una abrumadora victoria de Mercedes Fernández que revalidaba su mandato con 689 votos favorables de los 751 votos emitidos, el resto fueron en blanco (26) o nulos (6) pero ninguno en contra. Fernández había barrido a su única oponente, Carmen Maniega, y el horizonte político le era más que favorable: no sólo se encontraba ante un PSOE abierto en canal en una profundísima crisis que se arrastró hasta las primarias, las estatales y las autonómicas; también había logrado colgarse la medalla de dos victorias consecutivas cosechadas en la comunidad en las elecciones generales con una alianza en coalición con Foro que hacía pensar que las heridas abiertas en el seno del centro derecha regional comenzaban a restañarse. Casi un año después el panorama no es tan plácido, el procés soberanista y las elecciones catalanes terminaron por impulsar a un rival como Ciudadanos en las encuestas nacionales, el balance de la coalición con Foro no termina de ser satisfactorio a la hora de intentar extrapolarlo a los próximos comicios autonómicos y, sobre todo, la unidad del partido que había parecido consolidarse en el último congreso comienza a agrietarse y asomar las costuras en las agrupaciones locales, y en las de las principales urbes de la comunidad.

En muy poco tiempo, apenas con una semana de distancia, los conflictos han salido a relucir en Avilés y en Oviedo. El más reciente en la capital asturiana, allí amaneció el viernes con el exalcalde Agustín Iglesias Caunedo auto postulándose para repetir como candidato en las municipales y Mercedes Fernández ahogando ese entusiasmo. Caunedo, que está imputado desde el año 2015 en la trama del agua, una de las ramificaciones del Caso Pokemon, se mostró dispuesto a repetir a la cabeza de la lista de los populares ovetenses. Pero cuando se pidió una valoración a la presidenta sobre esta posibilidad. Fernández fue si no tajante bastante clara. «Yo en el PP de Asturias le puedo asegurar que no hay ningún candidato en ningún municipio de Asturias, en ninguno y desde luego mi condición de presidenta del partido me exige y yo me lo auto exijo que acertemos en la elección de los mejores candidatos, dicho lo cual la situación de Agustín Iglesias Caunedo es muy complicada a nivel personal».

Mucho tiempo atrás, cuando la juez anunció la imputación de Caunedo, Mercedes Fernández compareció en la sede del PP regional lamentado que había pasado días enteros tratando de ponerse en contacto teléfónico con el edil ovetense y por cómo había tenido que dar la cara en solitario ante el escándalo creciente. Ahí se abrió una herida que pudo cerrarse parcialmente con el tiempo pero que nunca curó del todo. Este viernes, Caunedo insistía en que «por el momento no toca hablar de candidatos hasta que así lo decida la dirección nacional del partido, cuando lo decida hablaremos, pero eso no es incompatible para que yo diga que me veo muy bien». Distintas fuentes señalan que, en todo caso, quizá los populares pudieran optar por presentar a la alcaldía de la capital a una candidata sin tanta mácula. La diputada nacional Susana López Ares tiene un perfil económico y ligado a la Universidad que podría resultar mucho menos problemático que el va aparejado al heredero del gabinismo.

Pero lo que en Oviedo pudieran ser tiranteces en Avilés se agranda hasta una guerra abierta. Con la agrupación local intervenida y gobernada por una gestora enfrentada a algunos de los concejales en el consistorio, los desencuentros estallaron a mediados de enero hasta el enfrentamiento personal y las acusaciones públicas de acoso. En su episodio más reciente, el edil Alfonso Araujo --candidato a presidir la agrupación y opuesto al presidente de la gestora, el diputado autonómico Pedro Rueda-- terminó con un expediente abierto en la comisión de garantías tras su crítica a la postura del partido de no negociar los presupuestos locales. Además otro concejal crítico fue también expedientado por supuestamente amenazar a otra concejala con «hacerla llorar» en una reunión, algo que él niega.

Aún este viernes, Araujo acusó a la gestora de «fracturar el partido y el grupo municipal» y de «desconectarlo de los intereses de la ciudad y de los vecinos»; también de prolongar excesivamente el mandato de la gestora para postergar el congreso local. «El congreso se tenía que haber celebrado el pasado mes de septiembre, que era cuando correspondía, y desgraciadamente se ha retrasado estos seis meses, que es un tiempo valiosísimo para preparar las próximas elecciones municipales», declaró a la agencia Efe.

Araujo afirmó además que creía que tuvo que intervenir la dirección nacional del PP para forzar la convocatoria del congreso, dado que hace unos días, ha recordado, «se decía que la gestora local se iba a prolongar indefinidamente e incluso se decía que podría llegar hasta las elecciones de 2019».

La mayor ciudad de Asturias, Gijón, lleva ya dos mandatos gobernada por Foro con un PP menguado que aún no ha terminado de digerir sus rupturas, unas que se saldaron con sentencias judiciales en las que se señaló que en el congreso local se habían sumado al censo militantes ya fallecidos. Y en el cuarto concejo más poblado de Asturias, en Siero, los populares tienen dos concejales de los tres obtenidos en los últimos comicios --en un consistorio de 25 ediles-- después de que Javier Seoane pasará al grupo de no adscritos entre críticas a la dirección.

Si Mercedes Fernández se ofreció en el pasado a buscar una fórmula con Foro para repetir alianza en las elecciones locales ya no lo ve tan claro. La coalición de las generales fue singularmente rentable para los casquistas --que lograron un senador y un diputado más que valioso ante un gobierno en minoría que precisa rebañar cada escaño para buscar acuerdos-- pero quizá sin acuerdo el resultado hubiera sido igual de favorable para un PP en solitario. Lo cierto es que la legislatura asturiana, después del fracaso de la última negociación presupuestaria ha se da por finiquitada entre todos los grupos y cada cual se ha puesto en modo precampaña pensando en 2019. Queda un año por delante para que cada cual trate de atar los cabos que le queden pendientes. 

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