De Asturias a Turquía en busca de pelo

La conjunción de precios reducidos, turismo y técnica convierte al país euroasiático en la «pasión turca» de los injertos capilares

Cirujano realizando trasplante capilar
Cirujano realizando trasplante capilar

Redacción

Se quiera o no admitir, la imagen personal y proyectada influye de manera directa en la autoestima. Cuando se sufre algún tipo de variación estética influida por la genética, como la alopecia, parece inevitable sentir cierta nostalgia por ese cabello perdido. Si bien, cada vez son más los hombres (y algunas mujeres) que deciden ponerle solución, en Turquía. El país euroasiático se ha convertido en la cuna del trasplante capilar, su método es referente a nivel mundial y Estambul, su ciudad más poblada, el epicentro. Dada la cantidad de clínicas existentes, las dudas proliferan, pero se disipan desde Asturias.

«La confianza es esencial», asegura Sofía Álvarez, de Turquestética, empresa gijonesa que desde enero gestiona y asesora a los pacientes que se plantean la opción. «Conocemos el tratamiento en primera persona y trabajamos con un equipo muy profesional, liderados por el doctor Ahmet Genç, de la Clínica Esteroria, especialista en trasplante capilar», explica. A pesar de llevar apenas unos meses abiertos, ya son 20 los pacientes que se han animado ha realizar el viaje con ellos.

Una de las medidas del Gobierno de Erdogan para favorecer el turismo sanitario es subvencionar este tipo de tratamientos, razón por la cual la principal diferencia entre someterse a la intervención en Turquía o en España radica en el precio. Mientras que aquí la operación puede superar los 10.000 euros, allí oscila entre los 2.500 y 3.000 euros. Además de la rapidez. Cuenta Álvarez que ha tenido clientes que «han tenido que estar en lista de espera en España. Pero allí, en cuanto se deciden, es inmediato.

Esa conjunción de tiempo y precio convierte a Turquía en irresistible para muchos. Lo confirma José Garrote, que a sus 45 años decidió que «quería sentirme mejor». El zamorano sostiene, tras informarse debidamente, que «el precio de España es desorbitado y el procedimiento turco está a años luz». En un primer momento Garrote pensó en «contactar directamente con alguna clínica, pero no me fiaba porque también hay mucho engaño». Así acabó en Gijón bajo el asesoramiento de Álvarez, quien le explicó «en qué consistía todo y me presentó al cirujano Ahmet, que es uno de los mejores». Su experiencia la califica de «extraordinaria». Tanto que, aunque tuvo lugar el pasado mes de febrero, «ya me está creciendo muy bien y se nota. Incluso hay gente que me mira y me ve cambiado, hasta más joven». En diciembre, afirma, repetirá el proceso.

Antes y después de un trasplante capilar
Antes y después de un trasplante capilar

El perfil de las personas que se someten a la intervención es de varón, entre 30 y 60 años, con un nivel socioeconómico medio-alto. Sus motivaciones son variadas y entre ellas se encuentra la de Carlos Rodríguez, de 53 años. «Soy peluquero y no tener pelo me fastidiaba», comenta. «Todo viene por el oficio, ya que me gusta hacerme cortes y cosas diferentes». Tras conocer los precios de España, se enteró de lo que se hacía en Turquía por un amigo y, después de verle tras los primeros siete meses, «me animé y ha sido una experiencia increíble». Rodríguez, también de Zamora, acudió a Gijón para realizar las gestiones. Asegura que la parte mala es que, «cuando está cicatrizando pica un poco pero después de quitar las costras ya queda toda la cabeza limpia».

Al igual que Garrote, Rodríguez tiene claro que en España le era imposible asumir los costes y que «así aproveché e hice turismo». Cuatro meses después de la intervención afirma que le están «saliendo los pelos nuevos». Tras su experiencia no duda en recomendar a la gente «que vaya sin miedo porque todo es seguro». 

También es peluquero el gijonés de 37 años Ignacio González, que después de estar un año informándose sobre la opción turca se animó al ver los resultados de un amigo cercano. «Allí fue todo muy bien, mucho mejor de lo que esperaba», explica. «Conocía relatos de gente a la que igual no le había ido muy bien pero nos sentimos muy cómodos y gracias a que hay un intérprete no me sentí solo». Actualmente se encuentra en la fase de seguimiento. «Tomamos complejos vitamínicos y vamos poco a poco, es un proceso largo», asegura.

¿En qué consiste?

Antes de realizar el viaje el paciente se ha de someter a una serie de exámenes médicos y capilares para comprobar que es un candidato óptimo. «Nosotros le pasamos todos los datos al doctor y él decide quién puede o no, porque el objetivo es garantizar el éxito», mantiene Álvarez. Para lo cual es necesario, en primer lugar, que el grado de alopecia no sea extremo, ya que si no hay folículos o estos son muy débiles no es posible la intervención. Asimismo, el interesado no puede padecer ninguna enfermedad en la piel u otras como hepatitis, VIH o diabetes.

Antes y después de un trasplante capilar
Antes y después de un trasplante capilar

Si todo es correcto, llega el momento de volar. Cinco días y cuatro noches en un hotel de cuatro o cinco estrellas, traslados incluidos en el precio anteriormente mencionado, y hasta tiempo para realizar turismo. Casi parece que se tratase más de unas vacaciones que de una operación. «Intentamos acompañar a todos los pacientes para que no sientan desconfianza. Además, conocemos bien la zona por lo que les enseñamos un poco todo», cuenta Álvarez.

En la clínica cuentan con un intérprete para que el paciente pueda preguntar y aclarar sus dudas. La intervención dura entre cuatro y seis horas (con pausas) y requiere de anestesia local. El cirujano extrae los folículos de la parte de atrás, en la nuca, que son los que nunca se caen, y después los coloca en las zonas afectadas siguiendo la dirección del pelo de cada paciente. Los folículos extraídos están programados genética­mente para aguantar toda la vida por lo que, seguirán cre­ciendo igual en la nueva zona donde se implantan con el ciclo normal de un cabello.

Y llega el momento esencial, el postoperatorio: prohibido rascarse, cortarse el pelo durante los primeros meses, hacer ejercicio físico o llevar gorra durante los primeros 30 días. Sean bienvenidos los champús sin parabenos ni siliconas y nada de piscinas con cloro ni sol hasta pasados seis meses. Los 12 primeros días son clave, ya que si el paciente se frota el folículo el esfuerzo será en vano. Tras los primeros meses los folículos injertados caen, queda perenne la raíz y empieza el proceso de crecimiento del nuevo cabello. Siempre y cuando se sigan a rajatabla todas las pautas recomendadas, al cabo de un año el cambio será completo.

 Los detractores

Como en todo, existe el lado negativo. El apoyo financiero del Gobierno a las clínicas de bajo coste en Turquía también lleva a que existan casos en los que no se cumplen todas las condiciones, ni salariales para de los trabajadores -cuyo sueldo suele ser bajo de acuerdo con la política implantada para las ayudas- ni profesionales para los clientes, en algunos casos. El motivo es la cantidad. Cuantas más clínicas existen mayor es la probabilidad de toparse con una en la que el timo se haga realidad. Así, son muchas las historias que circulan acerca de clínicas clandestinas, comerciales que solo se enfocan en vender sin asegurar resultados o falsos casos de éxito para captar adeptos. Informarse debidamente y contar con testimonios cercanos será clave para no caer en el agujero del engaño.

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