Doscientos padres asturianos dejan sin vacunar a sus hijos

La tasa de cobertura en el Principado es una de las más altas del país, aunque baja a medida que crece el menor

E.Á.
Redacción

Asturias presenta unas cifras excelentes en cobertura de vacunación infantil. La inmensa mayoría de los padres de la región cumplen el calendario oficial, aunque en el último año del que existen datos oficiales casi dos centenares de menores no se vacunaron. La tasa de cobertura es una de las más altas de todo el país y en ninguna de las enfermedades en inferior al 98% en el primer año, aunque baja a medida que crece el niño.

La estadística de 2016 del Ministerio de Sanidad constata que la cobertura en Asturias durante el primer año de vida del menor osciló entre el 98,7 y el 99,9 %, es decir, unos 200 niños de los más de 6.300 que tenían esa edad en 2016. De ellos, según las cifras oficiales, 83 no se han vacunado de poliomielitis; 108 de hepatitis B y solo 6 de meningitis C. De 1 a 2 años, las cifras van empeorando, aunque siguen siendo elevadas, ya que todas superan el 93%. 

No obstante los antivacunas no han calado en España como sí lo han hecho en países como Italia o Francia. En esta última se vive una situación preocupante con los casos de sarampión, ya que se han registrado 1.875 en lo que va de año. Pero aquí las coberturas infantiles son elevadísimas en todas las comunidades, y no hay ninguna que destaque por no cumplir con estos porcentajes. Las estadísticas del Ministerio de Sanidad reflejan que, en las vacunas del primer año de vida, Navarra, Madrid y sobre todo Valencia presentan las tasas más altas, y las más bajas son, con diferencia, las de Baleares y Cataluña, que no llegan al 95% de media. 

Un calendario que se mantiene

Y el calendario actual, ¿sufrirá modificaciones? No, al menos a corto plazo. En enero del 2017 se redujo el número de pinchazos para los niños, y se cambiaron las edades de algunas dosis, por lo que no está previsto que haya más cambios. Pero los grupos de trabajo del Ministerio de Sanidad sí están elaborando el calendario de adultos para revisar los grupos de riesgo que deben protegerse de ciertas enfermedades. Este calendario es una guía para que los adultos sepan qué vacunas deben ponerse en función de la edad o de su pertenencia a determinados colectivos. 

A mayor edad del menor, menos cobertura de vacunación. De ahí las bajas tasas de la vacuna del virus del papiloma humano entre niñas, que también se explican por las críticas infundadas que se vertieron cuando se introdujo en el calendario. En el 2016 se quedó en Asturias en el 78,4%. Tras las recomendaciones de los expertos, esta vacuna se adelantó de los 14 a los 12 años.

El calendario infantil evita unas 900 muertes al año en España

Cuando se habla de las muertes que evitan las vacunas, la primera cifra que surge es la que habitualmente da la Organización Mundial de la Salud (OMS). Según esta entidad, cada año se evitan entre uno y tres millones de muertes en el mundo, la mayor parte de niños. Pero la OMS centra la mayoría de los beneficios en los países en vías de desarrollo, por lo que no es posible extrapolar los datos a Asturias. Y apenas hay estudios epidemiológicos en los que se haga una aproximación de cómo ha reducido la mortalidad el hecho de introducir un calendario de vacunación infantil en España. Uno de ellos, del Ministerio de Sanidad, que analiza su impacto en la salud, compara el número de muertes que causaron las enfermedades para las que existe vacuna el año anterior a que se implantara con la situación actual. Se analizan datos de las primeras vacunas: tosferina, tétanos, difteria, poliomielitis, sarampión, rubeola y parotiditis (paperas). La de las cuatro primeras se implantó en 1960 y la de las tres últimas entre los años 1975 y 1980. Antes de llegar, estas patologías causaban más de 900 muertes anuales, mientras que en el año del análisis fueron nueve: siete de tosferina (todas de bebés de menos de dos meses de edad), una de tétanos (un mayor de 65) y otra de paperas.

A medida que la población se va inmunizando, la incidencia global de estas enfermedades cae. Otro parámetro compara el número de casos de la patología del año de mayor incidencia con el más reciente, en este caso el 2015. En 1959 hubo 2.132 casos de polio; en el 2015 ninguno. De difteria solo uno, frente a los más de 27.000 de 1940.

En otros casos no desaparece la enfermedad, pero cae de forma espectacular. En 1983, año de máxima incidencia del sarampión, se registraron en España 301.319 casos. En el 2015 fueron 302, un 99,9 % menos. Lo mismo ocurrió con las paperas, la rubeola y la tosferina. El tétanos es la patología que menos descendió desde el año de mayor incidencia: pasó de 90 casos en 1983 a 11 en el 2015. También la enfermedad meningocócica invasora C ha caído de forma drástica con la vacunación, de más de 2.000 casos en el 96 a los 200 del 2013-2014.

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