¿Qué haríamos nosotros si nos viéramos obligados a abandonar nuestros hogares por motivos económicos o políticos? La pregunta resonó en un repleto salón Europa de la Junta General del Principado, un espacio con un nombre muy propio para celebrar el Día Mundial del Refugiado. Nadie respondió. La pregunta retórica la pronunció el presidente de la Junta, Pedro Sanjurjo. La inmensa mayoría de los presentes no necesitaban hacer ningún ejercicio de imaginación. Eran migrantes forzosos acogidos en Asturias que tratan de empezar una nueva vida, en una sociedad extraña -en ciertos casos hostil-, con un idioma desconocido que aprenden a marchas forzadas y que solo buscan una nueva oportunidad. Eso es exactamente lo que reclama Fátima Aljawish, una mujer siria de 31 años, que cruzó el continente con sus tres hijos, que está haciendo prácticas de cocina y que busca un trabajo. Fátima tomó aire ante de leer un manifiesto, en un inseguro español, en el que reivindicó sus derechos y unas políticas comunitarias solidarias con vías seguras que acaben con las mafias. 

La historia de Fátima es la de las 94 personas procedentes de Siria, Irak, Eritrea y República Centroafricana que han llegado a Asturias desde que en marzo de 2016 se pusiera en marcha el protocolo para la acogida de refugiados de la Unión Europea en la que participa España. Solo en el año 2017, Accem -la organización que junto con Cruz Roja trabaja con el colectivo- atendió a un total de 406 personas beneficiarias o solicitantes de protección internacional, de los que 247 eran hombres y 159 mujeres. La inmensa mayoría (204) tienen entre 18 y 34 años pero también 74 eran menores de edad. Por países, la gran mayoría de los asistidos son de Venezuela, debido a la situación que atraviesa este país latinoamericano, con 149 ciudadanos. El segundo lugar aparece Ucrania (57) y en tercer lugar, Colombia (25). Siria es el cuarto país con 22. Del total, 375 han solicitado protección internacional, 25 son beneficiarios de una protección subsidiaria y tan solo 5 han conseguido el estatus de refugiado. 

Este es el perfil general de las personas que como Fátima tratan de reinventarse en Asturias. Reside en la zona de Avilés y está haciendo prácticas en el hospital de San Agustín. Habla con orgullo de su jefe y, aunque quiere citarlo para agradecerle su ayuda, los nervios le juegan una mala pasada y se olvida su nombre. Sus tres hijos tienen 12, 11 y 4 años. Tras un arduo viaje del que apenas da pinceladas, reconoce que los niños estaban atemorizados. Pero pudo escolarizarlos y eso supuso un revulsivo. Esta mujer solo tiene palabras de agradecimiento para los profesores, para los psicólogos, para el personal de Accem. «Son todos muy buenos con nosotros», insiste. Gracias a la ONG comenzó a hablar el español en el que pudo leer el manifiesto. Quiere quedarse en Asturias pero, sobre todo, desea otras dos cosas más: un trabajo y poder traerse a sus padres, con los que está en contacto.

La clave es Europa

El Aquarius o las imágenes de niños migrantes separados de sus familias y durmiendo en jaulas en México han devuelto a la actualidad mediática una realidad que afecta a millones de personas en el mundo. Pedro Sanjurjo aseguró en su discurso que, según los últimos datos de Acnur, el desplazamiento forzado de millones personas debido a la guerra, la violencia o la persecución alcanzó sus mayores cifras desde las dos grandes guerras del siglo XX, con alrededor de 68 millones de personas, un volumen equivalente a la población de Francia. Los números ayudan a visibilizar el problema pero la clave está en que detrás de «estas enormes cifras se ocultan historias personales de sufrimiento, separaciones y pérdidas», relató el presidente de la Junta General, que reconoce que es «desgarrador» ver cómo se cierran fronteras y cómo las personas mueren en tránsito. También considera imprescindible diferenciar  entre migrantes y refugiados.

Todas las miradas estuvieron puestas en Europa. Todas las intervenciones aludieron a la UE. El propio Sanjuro se refirió a este «desastre humanitario inmenso» que requiere de acuerdos y medidas, «ante una situación que divide a los países miembros y que está poniendo en riesgo es misma idea que dio origen a la Europa unida sobre los cimientos de la solidaridad y el entendimiento». Lo considera «uno de los desafíos más urgentes» a superar.

El manifiesto leído por Fátima Aljawish profundiza en esta idea desde su mismo título: «Acoger, cuestión de humanidad y de derechos. Un paso hacia otra política europea». El comunicado, redactado por Accem, felicita al Gobierno de España por haber acogido el Aquarius, «una decisión en la buena dirección, la que pone en primer a las personas y la salvaguarda de los derechos humanos sobre cualquier interés político y económico». Los propios refugiados reclaman tanto a España como a la UE «que se habiliten vías seguras y legales para las personas refugiadas y migrantes». Esta medida no persigue solo salvaguardar su integridad sino también acabar con las mafias, que es el argumento xenófobo que muchos utilizan para rechazar las política solidarias, el temor a alimentar y engordar esas organizaciones ilegales. Lo único que hay que hacer, explica esta ONG, es cumplir con los mecanismos legales ya habilitados: la directiva de protección temporal en caso de afluencia masiva, las solicitudes de protección internacional, la reagrupación familiar, el reasentamiento,... Al mismo tiempo solicita eliminar los visados de tránsito.

Qué recordar el 20 de junio

El responsable de Accem en Asturias, Javier Mahía, cree que es importante celebrar jornadas como la del 20 de junio, el Día Mundial del Refugiado, porque ayuda a visibilizar el apoyo que se está prestando y también todo lo que queda por hacer. Mahía cree que el parlamento asturiano era el espacio más adecuados porque ahí está representada toda la población del Principado y es donde se marca la agenda ciudadana.

No obstante, Mahía puso tareas. Solicitó a todos los presentes que ejerciten su memoria cada día del año y recuerden cinco aspectos diferentes. Millones de personas se ven obligadas a abandonar su país porque son víctimas de la guerra, la desigualdad o la pobreza. El Gobierno de la UE debería desarrollar ya políticas comunes de asilo y refugio. Es igual de urgente poner en marcha vías de entrada seguras para evitar muertes y para acoger a las personas de una manera digna. Hay que trabajar día a día para combatir los discursos de corte racista y xenófobo que están proliferando. Por último, el responsable de Accem reclama que se recuerde que hay que trabajar por la  dignidad de las personas y por sus derechos.

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¿Qué haríamos si tuviéramos que abandonar nuestro hogar por motivos económicos o políticos?