Bueyes de arrastre: un maltrato consentido

Un informe de veterinarios muestra el grave sufrimiento que se causa a los animales en este tipo de competiciones, muy populares en Asturias

Imágenes de heridas en bueyes de arrastre que forman parte del informe de los veterinarios contra la abolición del maltrato animal
Imágenes de heridas en bueyes de arrastre que forman parte del informe de los veterinarios contra la abolición del maltrato animal

Redacción

Castración, estrés, maltrato físico... El listado de agravios a los que son sometidos los bueyes que participan en competiciones de arrastre son interminables. Un informe veterinario de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y el Maltrato animal denuncia el sufrimiento al que se se somete a los animales que participan en pruebas de tiro y de arrastre de piedra. El documento describe todo el proceso que tienen que atravesar y muestra fotografías de gran dureza en la que se pueden contemplar las heridas con las que concluyen. ¿Dónde se siguen organizando este tipo de competiciones? El Principado es una de las comunidades con más arraigo. La región con más pruebas es, con diferencia, País Vasco. Por detrás aparecen Asturias, Navarra, Cantabria y Canarias. De manera más esporádica, también se pueden encontrar algunas en Castilla y León y en Madrid.

Las competiciones con bueyes de arrastre en Asturias están más vinculadas a los certámenes y concursos ganaderos que al deporte tradicional asturiano, donde no suelen emplearse animales. De hecho, las competiciones oficiales incluyen tiro al palu, carrera de lecheres, lanzamiento de barra, corta de troncos y tiro de cuerda en diferentes categorías. Sin embargo, cuando hay ganado de por medio, el arrastre gana adeptos. En los últimos años ha habido algunos con mucho tirón, que incluso trajeron equipos de otras comunidades. El verano pasado se organizó una competición interautonómica con tres grupos váscos y tres asturianos en la 43 edición del concurso de ganado de Llanera. Los animales tenían que desplazae 1.800 kilos. También fueron bastante mediáticos los de Piedeloro, en Carreño; y el de Tineo, que se celebró por primera vez en el mes de septiembre. Solo hace falta rastrear un poco en la red para encontrar vídeos de más fiestas, en Villaviciosa, Avilés o Las Regueras.

La pretensión de esta investigación es acabar con estas pruebas, ya que se considera que son un claro ejemplo de maltrato animal. «El objetivo del presente informe es visibilizar y evidenciar el maltrato físico y psicológico que padecen los bueyes utilizados en competiciones de arrastre de piedra. Nos hemos basado en testimonios, noticias de prensa, fotos y grabaciones de vídeo de pruebas de tiro y arrastre por bueyes en diferentes localidades», precisan los autores.

¿En qué consiste?

La prueba, detalla el informe, consiste en que un buey o pareja de bueyes -raramente es un trío- arrastren el mayor número de veces una piedra que puede llegar a pesar entre 1.500 y 4500 kilos, aunque han encontrado localidades en los que les ponen hasta 5.250 kilos. La superficie puede ser cantos rodados o adoquín, donde los animales resbalan y avanzan con cierta dificultad por el tremendo peso que tienen que arrastrar. También se pueden hacer en prados de hierba, sobre arena o incluso asfalto. El recorrido se denomina clavo y suele medir entre 22 y 28 metros y gana el que más clavos complete en un tiempo determinado.

Junto con los animales participan varios arreadores, unos estimulan a los bueyes con el palo y otros les ayudan a dar la vuelta a la puedra cuando llegan al extremo de la pista. Eel reglamento especifica que no se puede tocar a los animales pero la mayoría de las veces el jurado suele ser permisivo.

Años de sufrimiento

Los veterinarios que han realizado la investigación explican que el sufrimiento no se ciñe al momento de la prueba sino que comienza años antes. Explica, por ejemplo, que son castrados al año y que les entrenan durante seis o siete años antes de poder comenzar a competir. Muchos de los ganaderos que compiten en pruebas de arrastre los adquieren cuando han sido inutilizados para la reproducción. Así la media de edad a la que comienzan a arrastrar es a los ocho años y siguen haciéndolo, habitualmente, hasta los 15. «En este largo período de tiempo se les obliga a caminar diariamente cinco kilómetros o más, tanto en verano con sol y calor, como en invierno con lluvia y frío. La frecuencia de este tipo de entrenamientos depende de la edad de los animales. Se les entrena con ruedas de tractor, o con sacos, o con troncos de madera, para que vayan acostumbrándose a la pesada carga, para más tarde pasar a entrenar con la piedra y así probar la velocidad máxima del paso del buey en arrastre», precisan. Sobre esos entrenamientos, insisten, no existe ningún tipo de control: «Son golpeados y castigados sin compasión con el consiguiente sufrimiento para el animal.

También hay que tener en cuenta el estrés que padecen. «Están sometidos a intensos cambios y estímulos negativos en el momento en que abandonan su lugar de origen e incluso antes, desde que comienza su preparación, que obligan al animal a enfrentarse a ellos y dan lugar a la aparición del estrés», describe el informe. Entre las causas capaces de provocar estas alteraciones se encuentran las ambientales, como el transporte d euna población a otra, el frío, el calor, la humedad, la privación de alimentos, los ruidos por la música o los cohetes. 

Cómo compiten

Durante las pruebas, los agresiones son físicas. Los arreadores golpean a los bueyes con un palo que está reglamentado y que puede ser de dos maneras, por si es una exhibición o una competición. Si es una competición puede estar terminado en punta metálica o pincho de once milímetros y solo está permitido pinchar en las nalgas. No obstante, los veterinarios «que esto no se cumple jamás». Si es un amistoso entonces se usan varas. Pero el informe vuelve a precisar que en la mayoría no hay jueces y, por tanto, ningún control, así que es posible que afilen las varas.

Las heridas que encontraron concuerda con lo que pensabab. La descripción es descarnada: «Observamos cómo los bueyes son pinchados con el palo en zonas de gran inervación como hocico, rótulas, pezuñas y también en nalgas y lomos, causando heridas punzantes o perforantes, por la penetración del pincho metálico. Son heridas muy dolorosas, de hemorragia escasa y con gran peligro de infección. También observamos heridas laceradas, por los reiterados pinchazos en las mismas zonas, con desgarramiento de tejidos y rotura de vasos sanguíneos. Al aplicar un estímulo doloroso sobre una zona recientemente lesionada, el dolor será aún más intenso.... En algunos bueyes observamos que la altura de los talones es alta, lo que nos indica falta de apoyo por dolor en la parte posterior de la pezuña».

Hasta dopaje han encontrado. Saben de la administración ilícita de fármacos o de otras sustancias en animales de competición con la intención de alterar su rendimiento. También saben de estrategias más caseras. «En las pruebas de arrastre era habitual y conocido estimular a los bueyes con coñac, whisky o pacharán junto con aspirinas pero actualmente los fármacos usados son de lo más variado».

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