El asturiano que salta al vacío y vuela como un pájaro

«No es tan peligroso como parece si se tiene la experiencia y la habilidad necesarias», dice Nel Ánxel Martínez, escalador y paracaidista que empezó en 2012 a practicar salto base, que consiste en lanzarse desde un acantilado con un traje de alas

Salto base con traje de alas en el Picu Urriellu Nel Ánxel Martínez Cernuda en un de sus saltos

Nel Ánxel Martínez se ha tirado cientos de veces al vacío para volar como un pájaro. «El sueño de volar es inherente al hombre. Lo tenemos desde niños y hoy en día, gracias a la tecnología, se puede», dice este bombero de profesión que, hasta el año pasado, era el único asturiano que practicaba salto base, un deporte extremo que consiste efectivamente en lanzarse al vacío desde un sitio fijo a gran altura con paracaídas o con un traje de alas. Ayer mostraba su traje de alas, que es el que comenzó a utilizar justo después de saltar desde el Picu Urriellu en 2013, en la charla que ofreció en Gijón sobre este deporte y que estuvo organizada por la Agrupación de Veteranos Paracaidistas de Asturias.  

Martínez practica escalada desde 2001 y, a los pocos años, descubrió el salto base, que está muy relacionado con la montaña porque los saltos se realizan fundamentalmente desde acantilados. Base en realidad es un acrónimo que, en inglés, responde a las iniciales de edificios, antenas, puentes y tierra, por acantilados. Los cuatro lugares desde los que se realizan estos saltos al vacío, aunque desde los tres primeros suele estar prohibidísimo. «Descubrí el salto base en 2007 por internet, cuando el escalador Carlos Suárez saltó desde el Urriellu y me cautivó el proyecto. Esto es lo mío y quiero hacerlo», se dijo entonces. En 2011, empezó a practicar paracaidismo y dio su primer salto al vacío con alas un año después. 

Medio millar de saltos de paracaidismo y 200 desde acantilados

Ahora lleva acumulados medio millar de saltos de paracaidismo y unos 200 con traje de alas. La diferencia entre unos y otros, aparte de que los primeros se realizan desde cualquier aeronave y los segundos desde un lugar fijo, es el riesgo. De hecho, el salto base lo practican muy pocas personas en el mundo: «En España es un deporte bastante nuevo. Los primeros saltadores empezaron a principios de la década del 2000. Cuando empecé, había unas 50 personas que lo practicaban, ahora no creo que lleguemos a 100 y, en el mundo, habrá un puñado de miles». 

Visto desde fuera, este deporte puede parecer una auténtica locura y más si se tienen en cuenta los casos en los que el vuelo ha terminado en tragedia. Pero como en el vuelo de Ícaro, esos casos suelen deberse a arriesgar demasiado porque, según Martínez, «aunque suene muy loco, no es tan peligroso teniendo la experiencia y la habilidad necesarias». De hecho, explica que, pese a que «saltar de una pared con un paracaídas a la espalda o con un traje de alas puede resultar bastante agresivo para el ciudadano convencional, no es ahí donde están los accidentes. Sí hay cierto riesgo pero no es generalmente por lo que se mata la gente, sino por arriesgar demasiado, por poner mucha carne en el asador y acercarse demasiado a las paredes. A veces también por errores, siempre puede haber un accidente, pero saltar de una pared con un paracaídas no añade ningún riesgo extra», insiste. 

Martinez, que practica este deporte por «pasión y diversión, no por otra cosa», lleva una temporada sin saltar. «Las montañas van a estar ahí siempre», dice, recordando que los saltos más complicados que ha hecho son el del Picu Urriellu y Teverga. En todo caso, posiblemente no tarde demasiado en volver a saltar. En Asturias, además, ya no es el único que practica salto base. «El año pasado se estrenaron tres más y ahora somos cuatro y alguno más que está formándose en paracaidismo para empezar probablemente el año que viene». Todos ellos, añade, tienen ganas de hacer saltos por Asturias, aunque en principio los que les interesan «están prohibidos», están mirando si es posible en el pico Tiatordos, entre los concejos de Caso y Ponga.

Saltos sin estrenar en los Picos de Europa

«En Asturias hay sitios que están regulados por la presencia de fauna y hay que respetar, y en los que se puede saltar solo unos meses al año. En el parque nacional de Picos de Europea hay muchos saltos, aunque la mayoría aún están sin saltar», indica, explicando también que los saltadores españoles suelen irse al extranjero, en donde hay más tolerancia que en España.

«Aparte de que tres de los cuatro sitios desde los que se puede saltar están prohibidos, en España especialmente también lo están muchos acantilados», explica al respecto. Las mecas mundiales de salto base son, principalmente, el valle del Lauterbrunnen en Suiza, con teleféricos que suben a la parte alta de los acantilados y en donde «se hacen cientos y cientos de saltos todos los días en verano», y los fiordos de Noruega. «Hay otros lugares como Brento en Italia y, en Estados Unidos, lo tienen más complicado y, aunque ahora están empezando a abrir saltos legales, hasta hace muy poco las únicas paredes de las que se podían saltar estaban en el desierto de Moab y en el Cañón de Colorado y en Yosemite». 

La aparición del traje de alas ha motivado que se estén abriendo nuevos lugares. «El traje de alas aporta la capacidad de volar. Es la única manera que tiene el hombre de volar sin una aeronave. Es un trozo de tela que te da el poder de volar con tu cuerpo y es algo excepcional», dice Martínez.

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