El turismo regatea al mal tiempo en Asturias

El sector admite algunos recortes en estancias ya reservadas pero mantiene la calma porque las plazas vuelven a ocuparse pronto. Los visitantes llegados del sur de España aprecian la lluvia y las temperaturas frescas

Una calle de Oviedo bajo la lluvia
Una calle de Oviedo bajo la lluvia

Redacción

Es lunes, el sol pega con fuerza y las temperaturas se acercan a los 30 grados. Es también un breve espejismo. La semana que empezó ayer, según las predicciones meteorológicas, será similar a las anteriores. Tal vez menos fría, pero igualmente caracterizada por los cielos grises y por un orbayu tenaz que asomará todos los días. Han pasado ya 33 días del verano, según el calendario, pero Asturias ha visto muy poco que recuerde a la estación de las vacaciones, la playa, los baños y las tardes largas al aire libre. A pesar de todo, los empresarios del turismo no se quejan demasiado. La temporada podría ser mejor, pero está lejos de ser un desastre. Las cifras de ocupación son similares a las del año pasado y, aunque el mal tiempo ha llevado a algunos clientes a recortar las estancias que habían reservado, en conjunto esas decisiones no perjudican al sector porque el hueco que dejan quienes se van queda cubierto de inmediato por nuevos turistas. Existe un optimismo moderado que apuesta por una mejora paulatina del tiempo y por un cierre del ejercicio con unas cifras de negocio respetables.

Desde el punto de vista del turismo, por lo tanto, la situación es menos acuciante de lo que parece en principio. Los veteranos del sector señalan una disonancia entre el tiempo que los turistas esperan encontrar cuando planean sus viajes a Asturias y el que los propios asturianos desean en verano. A quienes están de vacaciones en la comunidad, la bruma, la lluvia y el fresco no les importan. Incluso los buscan activamente. «Este fin de semana ha tenido aquí sevillanos. Ellos respiraban mientras los del pueblo se quejaban de no ver el sol», explica desde su casa rural en Villar de Vildas, en Somiedo, Adriano Berdasco, presidente de la Federación Asturiana de Turismo Rural (Fastur). Es una experiencia que se repite cada año con otros visitantes llegados también de Andalucía  o de Madrid. O de países europeos: los paisajes de Asturias tienen cartel en el Reino Unido, Alemania o Francia. Ese tipo de viajeros no viene a la región a buscar días de playa.

Está de acuerdo con esa observación Jaime García Martínez, presidente de la Asociación Regional de Casas de Aldea (Arca), cuyos clientes actuales también son andaluces. El grupo de almerienses que se aloja en su establecimiento estuvo más a gusto con la lluvia del fin de semana que con el sol del lunes. «Dicen que eso es más parecido a lo que ya tienen en su casa», señala. Como Berdasco, García Martínez recuerda que la lluvia es un ingrediente imprescindible del verdor que tanto atrae a los visitantes de Asturias. Aunque por su conversaciones con otros empresarios del sector, no solo propietarios de casas de aldea, sino gerentes de todo tipo de establecimientos, ve la temporada del 2018 un poco floja, por detrás de la del año pasado, no espera ninguna catástrofe cuando se haga el balance definitivo en septiembre. «Algunos clientes se van pronto, antes de lo esperado, y desde luego eso es por el mal tiempo. Pero las plazas no se quedan vacías. Si alguien se marcha, otro ocupa su lugar de inmediato», aduce.

Berdasco, que lleva muchos años de contacto con clientes a los que transmite la idea de Asturias como un espacio singular con independencia de que haga menos sol que en otras partes de España, admite que, hasta ahora, el verano del 2018 permite un solo veredicto: «mal tiempo». Pero solo hace unas semanas que se reunió con la principal asociación francesa de cicloturistas y sus miembros no repararon en el sol o en la lluvia. Lo que les fascinaba de la comunidad autónoma era la combinación del mar y la montaña, la posibilidad de pasar de los 1.700 metros de altitud al nivel del mar en solo una hora. «La gente nos visita por los paisajes. Y también por las playas, pero para ver la costa espectacular que tenemos. No importa si no puede tomar el sol. Incluso en el mejor de los días, el agua va a estar fría para quienes están acostumbrados a otros mares. No tenemos la necesidad de convencer a nadie de que somos un destino de arena. Tenemos los montes, los ríos, el agua y la vegetación», añade. Otra cosa es que quienes viven habitualmente en Asturias se lleven una desilusión cada fin de semana que no pueden pasar un día de playa.

Otro dato que no debe pasarse por alto es la ocupación de los alojamientos urbanos. No solo en el mundo rural las cifras son alentadoras. El Ayuntamiento de Gijón destacó ayer que, según los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la ciudad ha batido en el 2018 su récord de viajeros para un mes de junio. El tiempo, con mucha lluvia y frecuentes tormentas, también fue malo el mes pasado y, sin embargo, Gijón llegó a 43.336 personas alojadas en esos 30 días, un 11,7% más que en el 2017. Por primera vez, la ciudad también ha superado los 200.000 turistas en los seis primeros meses del año. La duración de la estancia media también ha crecido y se sitúa ya en 2,1 noches por persona. La lluvia ya no es un freno.

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