Once años de espera por una adopción

Las crecientes dificultades de muchos países a los procesos internacionales dificultan y alargan los plazos para dar un hogar en Asturias a menores extranjeros

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Redacción

La vía internacional de acceso a la adopción está casi cegada. Y cuando, a pesar de todos los obstáculos, las familias con intención de prohijar a un menor encuentran un camino hacia delante, los plazos se dilatan tanto que los procedimientos pueden durar más de una década. China, que a diferencia de otros países no ha cerrado por completo la posibilidad de entregar niños a padres extranjeros, alarga tanto los trámites que entre la entrada en el sistema y el momento en el que un nuevo miembro llega a un hogar español pasa ya más de una década. El gigante asiático aún está resolviendo ahora expedientes abiertos en el 2007, hace once años. El panorama es desalentador para las parejas que exploran esa forma de acceder a la paternidad. Muchas se retraen, como demuestra una consulta a la última memoria anual del Instituto Asturiano para la Atención Integral a la Infancia, dependiente de la Consejería de Servicios y Derechos Sociales. En todo el año 2017, solo llegaron a la comunidad autónoma tres menores tras la culminación de procesos de adopción en otros países: uno de Hungría, otro de Vietnam y un tercero de la República Dominicana.

Muchos países han cerrado por completo las puertas a los adoptantes internacionales y se centran en mejorar sus sistemas domésticos de atención y protección a la infancia. En algunos casos, aunque a veces no es así, la mejora del nivel de vida en esas sociedades realmente significa que los menores están mejor cuidados. En otros, hay una voluntad política tras el gesto que expresa resistencias a ser emisores de niños. Sea como sea, Etiopía y Burundi ya no permiten ese tipo de procesos. Ucrania, otro país al que las parejas españolas acudían mucho, los acotan a candidatos cuyos hermanos ya hayan sido dados en adopción. China, con el fin de la política del hijo único, ha dejado de generar abandonos y en sus orfanatos hay muchos menos pequeños que a principios del siglo. El resultado, según resume el directivo de la Asociación Asturiana de Adoptantes (Asturadop) Joaquín García, es que las posibilidades se han reducido mucho. «En el 2004 y el 2005, los procesos internacionales tocaron techo en España. Se cerraron más de 5.000 en cada uno de esos años. Ahora apenas se llega a 500. Por el camino se ha quedado el 90% de los que llegó a haber», explica.

Abordar un proceso de adopción en el extranjero nunca ha sido rápido ni sencillo. «Yo empecé en el 2004 y tardé seis años en completarlo», señala García aludiendo a su experiencia personal. «Si alguien va a empezar ahora los trámites para dar un hogar a un niño extranjero, tiene que saber que se adentra en un camino muy largo y que habrá contratiempos y decepciones. Siempre se ha necesitado mucha paciencia para llegar al final de los trámites», alerta. Solo en los casos de menores con necesidades especiales, un eufemismo para referirse a enfermedades o discapacidades, o de niños que ya no sean muy pequeños los expedientes avanzaban y siguen avanzando con mayor celeridad.

Desequilibrio con las adopciones nacionales

En aquellos años centrales de la década pasada, España llegó a ser el segundo país del mundo al que llegaban más niños en adopción. El primero, por su tamaño, era Estados Unidos y, a continuación, aparecía una terna de países del sur de Europa con problemas de natalidad: Italia, Francia y España. Según las cifras de Asturadop, que agrupa a más de un centenar de familias asturianas, cuatro países (China, Rusia, Ucrania y Etiopía) copaban entonces hasta el 95% de las solicitudes. Curiosamente, ninguno de ellos es el origen de los tres menores que llegaron a Asturias el año pasado. Hubo momentos en que casi se alcanzó la paridad entre procesos nacionales e internacionales. En el 2017, sin embargo, las cosas han cambiado tanto que se formalizaron 38 adopciones de menores nacidos en España frente a las tres de nacidos en el extranjero.

Como consecuencia, los organismos acreditados para la mediación en las adopciones internacionales (OAII), los únicos mediadores cuya intervención es legal en ese tipo de operaciones, han reducido al mínimo su actividad en Asturias. En el 2017, solo tramitaron seis solicitudes, dirigidas todas a dos países de Asia: cuatro a Vietnam y dos a India. Las secuelas de la crisis económica, que ha reducido la capacidad de muchas familias para hacer frente a los costes de esos procesos, es otro factor que ayuda a explicar la falta de actividad, según fuentes de la Consejería.

«Lo que pasa en Asturias es un reflejo de lo que sucede en todo el mundo. Quienes no pueden tener hijos aún se interesan por la adopción. Lo demuestra que haya un número estable de adopciones nacionales todos los años. Las internacionales no van a volver a despegar a corto plazo. Hay países remisos a entregar a sus niños. Lo que veo en China es que también empieza a tener problemas demográficos. Le faltan niños y quiere conservar a los que nacen. Y todo eso explica también el debate sobre la gestación subrogada. Quienes no consiguen adoptar acaban por volver los ojos a esa vía», resume Joaquín García.

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