El premio al Pueblo Ejemplar hace que en Moal vuelva a ser fiesta

«Es el justo reconocimiento a un modo de entender el desarrollo rural», asegura el alcalde cangués, Víctor Rodríguez, que elogia la iniciativa de su «fuerte tejido asociativo» y la implicación de los vecinos


Moal ha esquivado el lunes más lunes del año. Y lo ha hecho a lo grande. San Juliano y San Julianín dejaron un día de tregua, y la fiesta volvió al pequeño pueblo en el corazón del Suroccidente asturiano. Con el rescoldo aún caliente de los festejos parroquiales del pasado fin de semana resonando en el encajonado valle del río Muniellos, los vecinos se han echado este mediodía de nuevo a la calle aún con más ganas de celebrar. Como los chiringuitos de la romería ya habían sido desmontados y en Moal no hay bar -todo un resumen del carácter profundamente rural del Pueblo Ejemplar de Asturias 2018- la escuela se ha convertido en el lugar de encuentro y de celebración para los vecinos. Enfundados en las camisetas que defendieron la candidatura, empezaron a salir de sus casas después de que el boca a oreja, pero también el eco de las redes sociales, empezase a repicar la buena noticia. Una alegría que se ha propagado por todo Moal, por toda Cangas del Narcea -concejo del que forma parte y que por primera vez recibe este reconocimiento- y también por una comarca suroccidental que vuelve a sentirse iluminada por el intenso foco del galardón. La «explosión de alegría» de la que «toda Cangas e incluso toda la comarca se siente partícipe» es, según el alcalde cangués, el socialista Víctor Rodríguez, «el justo reconocimiento al modo en el que Moal entiende el desarrollo rural».

En esencia, el mérito al que alude el regidor es el de una pequeña comunidad humana en la periferia de la periferia que está siendo capaz de sobreponerse al envejecimiento de sus vecinos, a la disminución de su censo y a la honda larga resaca de la desaparición de sus actividades tradicionales: la explotación maderera y la minería. Moal está esquivando el fantasma de la depresión o el definitivo desarraigo de quienes se han visto forzados a marchar base de estrechar la malla de sus relaciones humanas, tanto de los vecinos que aún siguen como de los que se mantienen vinculados, y mucho, a su terruño, y de poner a funcionar ese sistema nervioso y motor colectivo. A través de él ha canalizado una envidiable iniciativa para hacer cosas. El modo en el que han apostado por un premio que les ha llegado a la segunda es el mejor ejemplo de ese empuje. Las asociaciones que han ido cuajando en el pueblo desde hace 16 años se conjuraron para presentar la candidatura el pasado año, con la Asociación Cultural al frente. Y lo han conseguido. Como han conseguido muchas otras cosas.

«Es impresionante ver cómo un pueblo con apenas 90 habitantes desarrolla un tejido asociativo tan fuerte, es capaz de organizar, al menos, un acto al mes y de llenar la plaza. Trajeron a Jaime Izquierdo para hablar de algo tan complicado como el desarrollo rural y la plaza se llenó. Se propusieron reunir a todos los maestros que enseñaron en el pueblo durante cincuenta años y lo consiguieron, y también que estuvieran los alumnos. Eso es Moal», resume Víctor Rodríguez, que además considera «un logro que quizá aún no somos capaces de calibrar» el hecho de que se ponga el foco en «un paraje protegido natural».

La punta de lanza de todo este empuje ha sido la Asociación Cultural, y de entre sus 11 miembros, Jose Lago ha llevado sobre todo el peso de la campaña que en las últimas semanas se había dejado sentir por todo el concejo, recabando el apoyo de todos los sectores de Cangas del Narcea. Tiene 36 años, reside desde hace 16 en Burgos, es guardia civil y como muchos de sus vecinos mantiene intactos todos los lazos con el pueblo que le vio nacer. Después de pasar sus vacaciones en Moal y de vivir con intensidad las fiestas locales, se había pedido un par de días extra de vacaciones para esperar «por si pasaba algo al final». Y ha pasado, saltando por encima de los augurios de los cenizos «que más de una vez» -recuerda Lago- «nos dijeron '¡pero dónde vais con todo esto!».

«Para nosotros es ante todo el reconocimiento a un esfuerzo que no solo es el de estos dos años, sino que viene de muy atrás y en el que se ha implicado todo el pueblo, los que quedan aquí y los que estamos fuera», asegura, encantado de haber conseguido junto al resto de sus vecinos «que vengan los Reyes para un acto que pone al pueblo en el mapa del país... y puede que un poco más allá». Todo empezó con la primera asociación formada en Moal, la de mujeres, en 2002. Luego, en 2009, vino la de cultura, inicialmente encargada de las fiestas patronales, pero que pronto extendió su actividad: charlas, jornadas de iniciación al reciclaje, un ciclo de actividades sobre seguridad en la montaña e incendios forestales... Y finalmente, la deportiva, que congrega a más de 200 socios y que surgió en 2012 a raíz de la más exitosa convocatoria ideada y organizada desde Moal: la Carrera de Montaña que se celebra cada primer fin de semana de abril. Para Jose Lago, son muestras de la revitalización de un Moal que no se resigna a ser una comunidad olvidada y envejecida como tantas otras del campo asturiano, y que encuentran también un vector económico en «un turismo rural que empieza a crecer».

Moal está convencida de que su flamante premio servirá como reclamo para esos turistas. Pero sobre todo festeja a esta hora con todo lo que los vecinos han ido sacando de casa -una vez más: en Moal no hay bar- el gran lunes de su fe bien recompensada. Por San Juliano, San Julianín y el jurado de la Fundación Princesa de Asturias.

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