El sexismo y los micromachismos sientan cátedra en la Universidad

Los comentarios sexistas se diseminan en las aulas. «Hay muchas mujeres en esta clase, con lo difíciles que son las ingenierias». Paz de Andrés:  «Hay que luchar contra esta actitud generalizada que consiste en restarle importancia al comportamiento machista»


Redaccion

El proceso sancionador abierto a un catedrático de la facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo tras varias denuncias de alumnas por comentarios y comportamientos sexistas está abriendo una brecha en la institución académica por la cual se espera que empiece a salir el pus que sane las heridas de unas actitudes que, de tanto repetirse, casi se han convertido en la norma. Los comentarios sexistas y los micromachismos aparecen desde que una alumna empieza sus estudios hasta cuando esta -si así lo decide- emprende una carrera investigadora. Cuestionarse su valía y las decisiones que toma en relación a su vida personal y profesional es habitual, mientras que hacia sus compañeros varones prima el respeto.

En absoluto se trata de actitudes generalizadas entre todo el profesorado y personal universitario. Si bien, cada año, en alguna clase de alguna facultad en la que se imparten estudios con una fuerte presencia masculina, las alumnas tienen que escuchar comentarios como «hay muchas mujeres en esta clase, con lo difíciles que son las ingenierías» y guardar silencio por miedo a represalias. Así lo explica una de las portavoces del Frente Feminista de la Universidad de Oviedo, organización que se ha convertido en punto de apoyo para muchas alumnas. 

«Como muchas acaban de empezar o siguen estudiando, temen que se les relacione con el tema», sostiene la portavoz. Comentarios, que, buscando ser «graciosos», acaban por crear un ambiente enrarecido entre alumna y profesor y menosprecian el potencial de las estudiantes cuando estas escuchan frases que se acaban por convertir en leyendas entre los pasillos. Así sucede en la facultad de Ingenierías Químicas, donde se dice con seguridad que «se ponen los exámenes más fáciles porque es la ingeniería en la que hay más mujeres» o que «las mujeres no valen para las ingenierías». Palabras que, además de crear malestar, añaden presión a las afectadas, que triplican sus esfuerzos para desmentir tales ofensas.

La Defensora de los Estudiantes de la Universidad de Oviedo, Paz de Andrés, sostiene que este tipo de actitudes «desgraciadamente siguen siendo frecuentes en la sociedad» y, por ende, también acaban por aparecer en el ámbito universitario. «Los micromachismos están todavía muy presentes en la vida cotidiana y hay que eliminarlos», para lo cual, insta a dar la consideración debida a quienes los fomentan. «¿Cuántas veces hemos oído frases como ‘sí, dice cosas inadecuadas pero él es así’?», sostiene, «hay que luchar contra esa actitud bastante generalizada que consiste en restarle importancia al comportamiento machista».

En un espacio como la universidad, en el que la educación y el respeto mutuo deben primar para que la relación entre el alumnado y el profesorado sea fructífera, tal que el estudiante pueda adquirir los conocimientos necesarios para desenvolverse profesionalmente en su sector, ¿qué aportan comentarios como «el valor de la última prostituta del mundo sería incalculable», escuchado en la facultad de Economía y Derecho? En este sentido, los protocolos de actuación y las unidades de igualdad, ya presentes en la mayoría de las universidades, son de utilidad a la hora de asesorar a las alumnas y conducirlas hacia los procedimientos adecuados en caso de que se decidan por denunciar. Según De Andrés, el caso del profesor de Psicología pone de relieve que «es necesario que la Universidad de Oviedo complete y refuerce sus mecanismos de respuesta ante las situaciones de acoso machista para prevenir, asesorar, proteger a las víctimas y actuar con firmeza contra el agresor».

Tras la carrera, el mundo de la investigación

En el ámbito de la investigación la situación se alivia en cuanto a que ya no existe una relación de poder tan marcada entre profesor y alumna, pero los micromachismos están asentados con firmeza. Noelia Fernández, una de las representantes de AFIA (Asamblea Futuro Investigación Asturies), explica que, aunque no se encuentren en áreas que tradicionalmente se puedan considerar masculinas, «son varios los casos en los que hemos tenido que escuchar comentarios que a nuestros compañeros no les hacen». Entre ellos: juzgar si visten más o menos femeninas, preguntarles si tienen o no pareja «porque en caso de no tenerla parece que la necesitamos y así solucionar la soltería», matiza Fernández. Y si se niegan a contestar o se molestan -siempre con educación- porque nada tiene que ver con su trabajo, todavía han de escuchar: «No se os puede decir nada. Ahora todo es machismo». 

Pero no acaba ahí. A lo largo de su vida profesional, las investigadoras se encuentran con más obstáculos que sus compañeros varones para la promoción científica. Afirma Fernández que, sin un entorno feminista en el que apoyarse, «no se entiende que una mujer investigadora tenga que ausentarse de su entorno familiar por su trabajo pero que un hombre lo haga, sí». Son presiones que inciden en la percepción tradicional de la mujer al cuidado del hogar por encima de su profesión y que acaba desembocando en que sea más difícil encontrarse con presencia femenina en los niveles superiores del ámbito universitario. 

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Natasha Martín
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