¿Por qué se quema el monte en Asturias?

A través de debates en los que participaron vecinos y diferentes colectivos del medio rural, un informe ahonda en las causas y aporta propuestas concretas para la prevención de incendios forestales

Un trabajador de la Brif contempla el frente de llamas del incendio forestal de Ibias.Un trabajador de la Brif contempla el frente de llamas del incendio forestal de Ibias
Un trabajador de la Brif contempla el frente de llamas del incendio forestal de Ibias

Redacción

«Los incendios, en la última década, son un síntoma de una enfermedad en la que todos estamos de acuerdo: el abandono del mundo rural». Así se expresa uno de los participantes en los debates, celebrados a finales del año pasado, que constituyen la base del estudio con el que el centro de desarrollo rural de El Prial, en Infiesto, pretendía aportar propuestas para la prevención de incendios forestales en el oriente de Asturias

El informe se presentaba hace unos meses y, sin duda, es un interesante y exhaustivo diagnóstico sobre una realidad que arrasa cada año con miles de hectáreas de terreno forestal en Asturias. El año pasado, octubre resultó un mes fatídico y ardían unas 13.000 hectáreas. En solo un mes. Este año, el verano ha sido muy húmedo pero se espera un otoño más cálido de lo habitual…

Mientras tanto, las conclusiones de este informe, elaboradas a través de esos debates en los que participaron vecinos, ganaderos, ecologistas, técnicos o personal de la Administración, ayudan a entender en cierto modo por qué Asturias, cuando llega el otoño, a veces arde.

¿Cuál es el problema de fondo?

Para ello, el estudio aprovecha la técnica del árbol de problemas, en la que hay que definir cuál es el problema de fondo. Y, en este sentido, en los grupos de discusión queda patente que no existe un consenso sobre cuál es. «Según quienes sean los actores, el problema se centra en los incendios forestales y la destrucción del suelo y valores ambientales, o en la falta de funcionalidad del monte como productor de pastos y otros recursos». De ahí que el problema de fondo, en aras de dar cabida a las diferentes visiones de quienes participaron en los debates, se acabe definiendo como el deterioro de los sistemas silvopastorales de montaña. 

Un deterioro que causa una cadena de problemas, desde los incendios a la matorralización, la falta de pastos o la desaparición de ecosistemas y agroecosistemas. El estudio establece, en este sentido, una relación directa entre los incendios forestales y el hundimiento de los sistemas silvopastorales de montaña, que a su vez está vinculado con la desaparición de la cabaña ganadera de cabras y ovejas y con la dificultad para recuperar los manejos tradicionales, así como el derrumbe de los precios de los productos agrícolas, las bajas rentas en el campo y la enajenación de los montes de las comunidades locales.

Todos son problemas que están relacionados y, como indica el estudio, «no siempre las acciones que podrían atajar algunos de ellos son válidas para el problema en su conjunto. El paradigma de este tipo de solución sería la quema no controlada para la regeneración de pastos, que algunas veces evoluciona hasta generar un incendio forestal».

La situación del monte, un problema a resolver

En este diagnóstico sí queda meridianamente claro que la situación de los montes del oriente de Asturias es un problema a resolver. Y que, de hecho, el estado de algunos montes de utilidad pública conduce, entre otras cosas, a los grandes incendios. O a la escasez de pastos. Y que ambas consecuencias «parecen tener su origen en el abandono de los tradicionales sistemas sillvopastorales de montaña en las últimas décadas». 

El resto de problemas van encadenados: mantener el monte en buen estado cuesta mucho esfuerzo, las rentas y los precios de los productos del campo asturiano son bajos y el abandono ha ido imponiéndose en los territorios. Es es entonces cuando surge la matorralización, que según los ganaderos participantes en los debates es un grave problema porque resta pasto, y que también lo es de cara a los incendios forestales porque elimina barreras que funcionan como cortafuegos en la estructura de los montes. 

Tierra de nadie

Otro problema añadido que se puso de manifiesto en estos debates participativos fue cómo, en las últimas décadas, los montes han sufrido un proceso de enajenación de las comunidades que los conformaron estructuralmente con su quehacer histórico. El informe indica, al respecto, que «a día de hoy los montes no son propiedad, en la mayoría de los casos, de la gente de los pueblos ni tampoco se gestionan ni se conocen como se conocieron y no ocupan en absoluto el papel central que tuvieron en la reproducción de las comunidades campesinas. En algunos casos, los montes y sus recursos, por ejemplo la venta de madera, pueden revertir en el pueblo, pero en la mayoría de las ocasiones esto no sucede». Y, como surge en uno de los debates, en ocasiones algunas personas le prenden fuego al monte. 

El peligroso escenario del cambio climático

Hasta el punto de que, también en ocasiones, los incendios son una emergencia civil al afectar más a infraestructuras y viviendas. Hasta el punto también de que, en esos debates, se le da vueltas a la idea de que la extinción de los incendios parece haber tocado techo y, por ello, las medidas de prevención deberían cobrar mucho más protagonismo del actual. 

Por supuesto, no se pasa por alto que la causa principal de los incendios en Asturias está asociada a la regeneración de pastos y, por ello, en los debates queda claro que deben proponerse medidas que minimicen el uso del fuego en un nuevo y peligroso escenario, el del cambio climático, que consigue que los incendios sean cada vez más y más virulentos.

Con respecto al papel que tiene que tener la población rural en la prevención de los incendios, se apunta a la necesidad de recuperar la cabaña ganadera de pequeño o medio porte (reciella), que se considera fundamental para controlar el matorral y en la creación de cortafuegos. Y, por supuesto, darles más protagonismo a quienes viven en el medio rural, en el sentido de contar con ellos a la hora de hacer planes sobre los territorios en los que viven. De hecho, el informe hace hincapié en que la reivindicación de poder local para resolver los problemas del monte es muy clara.

Los síntomas del deterioro de los sistemas silvopastorales 

Con todos estos y muchos más mimbres, el árbol de problemas que se elabora en este diagnóstico para la generación de propuestas en la prevención de incendios forestales, a través de los participantes en los debates, señala como causas profundas del problema de fondo (el deterioro de los sistemas silvopastorales de montaña) el despoblamiento y el envejecimiento rural, las políticas desvinculadas del territorio, el abandono del medio rural o las bajas rentas del campo.

Y, como causas inmediatas, el desconocimiento de la ruralidad, la falta de participación local en políticas forestales, la falta de educación ambiental, la escasa organización entre ganaderos, la falta de inversión en labores de prevención, las quemas para la regeneración de pastos, el cambio de estilos de vida de los ganaderos y los intereses económicos enfrentados.

Causas que tienen como síntomas pistas y caminos obstruidos, el conflicto entre ganadería y fauna silvestre, la desaparición del ganado menor, la excesiva burocratización, medidas punitivas más que preventivas, el recurso fácil a que la culpa es del otro, la matorralización, la pérdida de conocimientos sobre manejos forestales, las quemas controladas descoordinadas y poco planificadas y, claro, los incendios, la erosión del suelo y la perdida de hábitats y recursos.

¿Cuáles son las propuestas concretas para la prevención de incendios forestales?

Las propuestas lanzadas en los debates giran en torno a cuatro bloques: la participación, la prevención, la ordenación del territorio y el aprovechamiento y la gestión del monte. Así, en el primer bloque, se parte de la premisa de que la participación de todos no solo es importante sino que debe ser incentivada y ser enfocada a la elaboración de planes de prevención y aprovechamiento a largo plazo, diseñados a nivel local -«no como una imposición construida de arriba hacia abajo»- por los vecinos junto con las administraciones, a las que se les pide que al menos se comprometan a ejecutar un 50% de lo que se plantee en esos planes «para generar confianza».

En cuanto a la prevención, aparecen propuestas como la realización de cursos de sensibilización medioambiental contra los incendios tanto para adultos como para ser impartidos en centros escolares, pero se considera como prioritaria la coordinación de las quemas controladas entre vecinos, ganaderos y técnicos, planteándose incluso crear grupos locales de quema, además de otras propuestas como cursos para saber hacer quemas controladas, informes previos de la situación de los montes que señalen dónde está el peligro en caso de incendio, grupos vecinales de vigilancia que den la voz de alarma ante zonas llenas de maleza que supongan un riesgo o el acotamiento de las zonas quemadas.

En la ordenación del territorio, fundamental a la hora de construir propuestas de prevención, los participantes abogan por elaborar planes locales en los que participe la población local y, sobre el aprovechamiento, algunas propuestas son la recuperación de sestaferias y trabajos colectivos en los pueblos, favorecer las cooperativas, fomentar la generación de beneficios del monte o buscar experiencias que impliquen nuevas formas de gestión alejadas de la actual sensación de que «todo está prohibido».

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